2016-03-31 18:03 Opinión Por: Administrador

El comodín del árbitro amenaza el clásico



Carlos Muñiz De penalti en penalti. De expulsión en expulsión. De gol ilegal en gol ilegal. Así se escribe la historia del Barça de los récords de esta temporada. Batiendo todos los registros históricos de penaltis a favor habidos y por haber. Y cuando la cosa se complica, ahí aparece el jugador número doce, el comodín del árbitro, para solucionar cualquier problema y devolver la autoestima a los jugadores culés. Los medios de comunicación culés, tantos años llorando por los éxitos ajenos,  ahora permanecen calladitos, disfrutando de los favores que, curiosamente, llegan desde Madrid, en donde está la sede de la organización arbitral. El Barça tiene un gran equipo y muy buenos jugadores. Tanto, que no necesita jugar con doce y contra diez, como suele suceder habitualmente. Y ahora llega el clásico y se sabe que en el vestuario del Real Madrid existe verdadero pavor por el árbitro. No preocupa Messi, ni Neymar ni Iniesta. Lo que verdaderamente produce pánico es tocar a un delantero del Barça en el área porque será penalti y expulsión. Que una cosa lleva a la otra. Es normal que el madridismo observe con distancia y preocupación lo que pueda suceder en el Camp Nou. Los valors del Barça dan para quedarse el Premio Nobel de la simulación en propiedad. Y lo peor vendrá luego, cuando el inefable Piqué aproveche cualquier circunstancia para mostrar su mala educación faltándole el respeto a la institución más gloriosa de la historia del fútbol. Por todo eso Zidane y sus chicos están obligados a ofrecer un plus en su juego y en su imagen. Contra todo eso hay que luchar. ¿Existe mejor motivación para quienes salten al césped del Camp Nou vestidos de blanco que cerrarles la boca a todos? A los árbitros, a los rivales y, especialmente, a Piqué. Pues eso, que el concepto de  injusticia en el que está instalado el fútbol español sirva a los jugadores blancos de aliciente para tapar la boca al antimadridismo que se respira en el entorno culé.

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