2017-02-20 20:02 Leo Messi Por: Administrador

La última lección de madurez de Messi a Cristiano Ronaldo



Fede Peris En Madrid les ha sorprendido mucho que Leo Messi no se pusiera a dar botes de alegría por los dos goles que anotó ante el Leganés que le suponen encaramarse a la primera plaza de la lista del Pichichi en España y de la Bota de Oro en Europa. En Madrid esperaban eso de Messi porque a eso les ha acostumbrado Cristiano Ronaldo, a vibrar con sus éxitos individuales y a olvidarse de los colectivos (una Liga sobre siete, pero muchos pichichis, Botas de Oro y Balones de Oro). Pero Messi no es así. No celebró como un poseso sus goles ante el Leganés porque el partido que hizo el Barça no lo mereció. No saltó de alegría. No señaló su nombre impreso en la camiseta. No grito eso de "shiuuuu" y tampoco le dijo al público, su público: "fodan-se" (jodeos) por los pitos como suele suceder en el Bernabéu. Y eso que el ambiente no estaba para celebraciones. Leo Messi es otra cosa, también en eso. Está a otro nivel. Es incapaz de celebrar un 8-0 como hace Cristiano Ronaldo porque a él le han educado de otra manera. Es incapaz de señalarse el nombre en la camiseta o mostrar orgulloso un trozo de muslo o insultar al público que le paga. Todo eso forma parte de un marketing con el que no juega Messi, pero sí Cristiano Ronaldo, el que dice de sí mismo que es el mejor, el más guapo y el más rico, porque lo necesita para hacerse notar. Messi celebra lo que tiene que celebrar. Y si el partido no da para festejos, no celebra nada, aunque haya marcado un doblete. Seguro que Cristiano Ronaldo, en las mismas circunstancias, hubiera reaccionado de otra manera, expresando su júbilo salvaje porque a él lo único que le preocupa es él. Es Cristiano Ronaldo, otra cosa.  Ni ha llegado ni llegará al nivel de comprender que marcarle cinco goles al Espanyol sirve de bien poco si no te da  LaLiga. Algún día lo entenderá, dejará de hacer payasadas y se comportará como un adulto. Aunque para eso hace falta que los babosos  se pongan un babero y dejen de reírle las gracias, porque lo están malcriando.

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