2012-04-17 07:04 FC Barcelona Por: Administrador

¿A quién agredirá Mourinho tras el Barça-Madrid?



Por supuesto, si el Real Madrid no gana la Liga será por culpa de los árbitros, la Federación, los calendarios, el césped, los recogepelotas, los aficionados del Bernabéu, la prensa y, seguramente, de la Santísima Trinidad. Cualquiera tendrá la culpa menos él. No es nuevo. Eso, sacarse las pulgas de encima, ya lo hizo en Inglaterra, en Italia y el año pasado en España. La palabra autocrítica no existe en su diccionario, porque lo que a él le va es jugar al ataque y ser ofensivo, sobre todo ofensivo. Ofender, ofender y ofender. Cuanto más pueda ofender al prójimo mejor. Y si sus jugadores o sus directivos no le quieren seguir el juego, para eso tiene a sus fieles mindundis Karanka y Paramés, siempre dispuestos a lanzar mierda a quien haga falta por un puñado de euros.

Es el estilo Mourinho. El del dedo en el ojo, el que aplaude y alienta las entradas salvajes y pisotones de sus jugadores, el que llama locos a los rivales, riñe a los suyos por ser deportivos y celebra sus goles con un corte de mangas. Toda esa educación  nos ha venido a enseñar a España este tipo que por no ganar no se gana ni el sustento, escondiéndose de sus obligaciones y delegando sus funciones en mindundis de perfil bajo. Si al menos ganara... pero no gana. Y si no gana se pone de los nervios y pasa en un santiamén del "¿por qué?" a la agresión física cobarde y por la espalda. Y como en Madrid se lo consienten todo y nadie le llama al orden, él sigue encerrado en su paranoia convencido de que su dedo guiará al mundo a su salvación.



El sábado, ante el Sporting, volvió a montar un numerito zafio, barriobajero, arrabalero, ordinario y soez provocando una tangana al dirigirse al banquillo rival a increpar a sus inquilinos saltándose ese reglamento que para él es uno y para los demás otro. A base de protestas y más protestas, ha conseguido que el fútbol en España le tome por un tipo "especial" y le consienta lo que no se le consiente a los demás. Por eso, cuando algún árbitro despistado ejecuta el reglamento literalmente, el portugués se siente perseguido. No está acostumbrado a someterse al mísmo código que los demás. Él necesita trato de favor, así ha cimentado su glorioso palmarés, disfrutando de trato de favor. Y después de saltarse el reglamento sin ser sancionado al abandonar su área técnica para meterse en la del Sporting, volvió a su sitio insultando públicamente a los sportinguistas haciendo girar el dedo en la sien. ¿Quién se habrá creído que es Mourinho para llamar locos a los demás? ¿Einstein quizá? Pero es Mourinho y tiene licencia para hacer lo que le venga en gana. Desde meter el dedo en el ojo a quien quiera hasta llamar "sinvergüenza" a un árbitro agazapado en un parking o "locos" a los inqulinos del banquillo rival. Es su estilo, es el nuevo estilo del Real Madrid. Es la antideportividad llevada a su máximo extremo. Es la interpretación moderna del concepto de "señorío" que ahora se lleva en la Casa Blanca.

Florentino apuesta contra el Barça por las malas

No contento con eso, Mourinho se enfadó en el mismo partido con su jugador Sergio Ramos por apiadarse de Sangoy, un rival caído después de una salvaje entrada del de siempre, Pepe. El gesto no gustó nada Mourinho, que parece ser alérgico a cualquier gesto de deportividad que pueda producirse en un terreno de juego. Finalmente, cuando marcó el Madrid su tercer gol, lo celebró con un corte de mangas. Así es el tipo. Así es este tipo a quien el madridismo ha vendido su alma, su vergüenza y su dignidad. Es tanto el miedo que produce el Barça, tanta la impotencia que genera en sus rivales que en la Casa Blanca han apostado todo a Mourinho. Si no han podido hasta ahora por las buenas, que sea por las malas. Por eso, porque quien le contrató ya sabía lo que contrataba, nada en sus zafios métodos disgusta a nadie. De hecho es lo que se esperaba de él, que intente asustar al Barça. Si no puede en el campo, que sea con improperios, insultos, amenazas y agresiones. Lo que sea con tal de acabar con el maldito ciclo blaugrana.



Nacho Cases, centrocampista del Sporting, explicaba ayer que el ínclito Mourinho y su ayudante especialista y doctorado en las artes de la intimidación, Rui Faria, el reincidente, se acercaron al banquillo asturiano para increpar a sus inquilinos hasta el punto de ser incluso agredidos. Nada nuevo en el historial de Mourinho. Eso, agredir a un miembro del banquillo rival, no es nuevo en su comportamiento, como tampoco es novedoso que no se le sancione por ello. "Mourinho me dio en la cara, pero da igual, cada uno tiene la educación que tiene", afirmó el centrocampista asturiano.

 Comentan ahora los medios afines al contubernio blanco que en el seno del Real Madrid existe el convencimiento de que los árbitros favorecen al Barcelona. El mismo convencimiento que existe en el Camp Nou respecto al Real Madrid, el equipo de los 11 penaltis a favor y 1 en contra. La diferencia, sin embargo, está en la manera de expresar su disgusto. Unos recurren a la ironía educada ("la liga está imposible") y otros a los gestos, insultos, descalificaciones, agresiones... o a esconderse. Por eso en el Barça se espera de Mourinho cualquier barbaridad si el sábado no sentencia el Real Madrid la Liga a su favor. La rabieta será tan grande que se espera del showman portugués en las instalaciones del Camp Nou una actuación inolvidable. Es tan imprevisible que cualquier cosa puede pasar. "The Special One", conocido en Barcelona como "The Special Five", tiene que hacer algo para superar lo del dedo en el ojo. El listón está muy alto, pero él puede lograrlo. La agresión es su especialidad. Hace falta comprobar si será física, de acuerdo con la lógica de su espíritu matón, o se conformará con la verbal.

Después del 5-0 del año pasado, no existe ninguna certeza de que el Real Madrid sea capaz de dar la talla de gran equipo en el Camp Nou. Lo que sí es seguro es que Mourinho alcanzará el sobresaliente en su faceta de bufón. La diversión está garantizada. Y la emoción...¿Con qué nos sorprendera? Es un secreto.


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