2015-02-17 15:02 FC Barcelona Por: Administrador

Abidal: Mejor no vuelvas



Eric Abidal es un jugador como tantos que han llegado al Barça en busca de fortuna, de dinero y de gloria deportiva. Como futbolista, correcto. Sin estridencias. Como muchos otros. Nada excepcional. Pero Abidal cayó enfermo. Y su sufrimiento nos llenó a todos de solidaridad. Y le dimos nuestro cariño. Y rezamos por él. Y el ser superior -que no es Florentino Pérez- nos escuchó y Abidal se recuperó. Y el barcelonismo vivió uno de los momentos más emotivos de su historia cuando el gran capitán Puyol le cedió en Wembley el brazalete a Abidal, al ya suplente Abidal, para que levantara La Cuarta como si fuera el capitán. Y Abidal, agradecido, levantó el trofeo de la Champions League haciéndose pasar por Carles Puyol sin serlo.

Mientras estuvo enfermo, Abidal recibió un trato excepcional de todos. Y todos es todos. De sus amigos y también de los enemigos de sus amigos. De todos. Y todos nos alegramos de que lograra superar su enfermedad. Entonces, cuando dejó de ser un enfermo para volver a ser un futbolista más, la edad y su estado físico aconsejaron a los profesionales del tema que era mejor apostar por el fichaje de Jordi Alba, de 21 años, que por él, un enfermo que salía de una situación médica muy grave con 34 años. Y el club le dijo que como futbolista ya no le servía, pero que tenía las puertas abiertas del Camp Nou y que si se retiraba -la edad ya lo aconsejaba- podía empezar a trabajar en el Barça al día siguiente. Pero que si quería seguir jugando a fútbol en otro lado, le esperarían para que en el momento de su retirada no le faltara una ocupación digna y bien remunerada en el Barça, el club que se suponía era el club de Abidal.



El tiempo dio la razón a los técnicos que decidieron que Abidal, con 34 años y recién salido de una grave enfermedad, ya no estaba para jugar en el Barça. Ni en el Barça, ni en el Mónaco ni en el Olympiakos. Se llevó un buen chasco cuando el seleccionador francés, Didier Deschamps, no le seleccionó para el Mundial después de su discreta temporada con el Mónaco. Pero en Francia no le hicieron mucho caso. No tanto como en Barcelona, en donde Abidal ha encontrado un coro mediático afín a su causa dispuesto a defenderle contra la maligna acción de las fuerzas del mal.

Abidal quiso seguir cobrando del Barça sin jugar -porque los técnicos le dijeron que no iba a jugar-. Y se fue llorando porque no le dejaban seguir, a pesar de que estaba avisado de que ya no tenía nivel Barça. Y se fue a Mónaco a engañar a otro que picó. Y luego, cuando ya no servía para la Liga francesa, se fue a Grecia. Pero apenas duró unos meses en el Olympiakos porque la edad pasa factura a todos. A él también. Y decidió incumplir su palabra de jugar hasta final de temporada y dejó colgado a su equipo para retirarse. Y entonces llamó a la puerta del Barça para saber cómo estaba lo suyo. Y le dijeron que muy bien, gracias, que podía empezar cuando quisiera. Incluso le dieron a elegir: enlace de jugadores y presidente (así pasarás mucho tiempo con tus ex compañeros) o director/ embajador de las escuelas deportivas.

Es evidente que ninguno de los dos cargos precisaba de oposiciones para acceder a él. Abidal estaba designado a dedo por el cariño que su enfermedad generó entre el personal. Y si no era él, nadie. Eran dos trabajos ficticios para saldar un deuda absurda con quien desde el principio no ha ocultado su nula predisposición al agradecimiento. Más que trabajo era un detalle con alguien que caló hondo en el barcelonismo. Y Abidal vino a Barcelona, movió la cola por todos los medios de comunicación repitiendo las historias de siempre, se dejó aconsejar por sus amigos y decidió, como si no hubiera padecido un cáncer, como si no se le hubiera transplantado el hígado, como si Catalunya entera no hubiera sufrido por él, como si Puyol nunca le hubiera dejado levantar La Cuarta... decidió, cual mercenario profesional del mercadeo, que la oferta del Barcelona no le interesaba y prefería otra que le había hecho el Olympiakos. Y a Grecia se va. Donde no le han operado de nada, donde nadie ha sufrido con él, donde nadie ha llorado de alegría por su recuperación, donde nadie se ha emocionado viéndole levantar una Champions League que en realidad no era suya. Allí se va. De todo lo otro ya no se acuerda. Al menos es lo que parece.



Es la mejor manera que ha encontrado para ajustar cuentas con quien no le dio el capricho de seguir jugando en el Barça cuando ya no daba la talla para hacerlo. No le ha perdonado a Bartomeu y ahora le pasa factura. Le han dicho sus amigos consejeros del entorno culé que no se precipite, que no se case con Bartomeu, que es un perdedor en potencia en las próximas elecciones, y que espere a junio para subirse a un carro mejor con el nuevo presidente que salga de las urnas. Ese tendrá una fecha de caducidad de largo plazo. Y el Abidal más interesado les ha hecho caso y se espera a junio para encontrar a una novia más guapa en el sillón presidencial.

Y Abidal ha optado por rechazar al Barça afirmando con cinismo que deja la puerta abierta y que a lo mejor dentro de unos meses sí que le interesa trabajar en el Camp Nou. A lo mejor. ¡Hay que tener morro! Ahora no, porque tendría que viajar y eso le restaría tiempo para atender los negocios de su fundación. Además, el Olympiakos no le obliga a vivir en Atenas. Con que pase cuatro días al mes tienen bastante -¡menudo trabajo ese!-. El Barça, en cambio, le exigía el sacrificio de volver a residir en la ciudad condal. Y aceptar eso era muy duro para Abidal, el mismo que en la buena época engañaba al personal diciéndole que viviría en Barcelona cuando se retirara. Otro embuste más.  Mucho mejor pasar unas horas a la semana en Atenas y cobrar. Sobre todo eso, cobrar.

Los titulares de prensa expresaban hace unos días un sibilino: "Abidal no le cierra la puerta al Barça". Pues es hora de que el Barça se la cierre a él. Ya está bien de aguantar ingratitudes. Que le vaya bonito por Atenas, que trabaje poco, viaje menos y cobre mucho. Y si es posible, no vuelva por Barcelona. No parece que le haya quedado un buen recuerdo.

Lo peor es que cuando haya nuevo presidente, sea quien que sea, Abidal entonces sí volverá a llamar a esa puerta del Barça que dice que no ha cerrado. Y se la abrirán. Porque aquí somos así.



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