2013-02-14 00:02 FC Barcelona Por: Administrador

Al árbitro le asustó que pudiera marcar el Manchester al final



Este es el árbitro que le complicó la vida al Barcelona el pasado año en Stamford Bridge, en el partido de ida que perdió el Barça en Chelsea con gran influencia arbitral.

En el Bernabéu ha dado hoy un concierto de pito muy sibilino. En los primeros compases del partido le ha enseñado tarjeta amarilla a Van Persie por entender que había golpeado en la cara de Ramos con la mano. Lo justo hubiera sido enseñarle la tarjeta al madridista por hacer teatro. Ocho minutos después se repetía la jugada al revés, pero en esta ocasión Ramos le clavaba el codo en el cráneo a Evra. Ni falta.



En cada balón que colgaba el Manchester United sobre el área blanca, en corner o falta indirecta, se producían cuatro o cinco penaltis simultaneamente. Cada jugador del Real Madrid agarraba por la camiseta a sus contrarios ante la pasividad arbitral. Como nunca pitan los árbitros, los jugadores del Real Madrid se han acostumbrado a poner en práctica esta acción defensiva en todos los partidos. Brych, por supuesto, no se enteró de nada.

En los primeros compases de la segunda parte perdonó el árbitro la expulsión directa de Varane cuando derribó a Evra en un contragolpe que iba a dejarlo solo ante Diego López. Ni falta. Poco después Ramos golpeaba sin balón a Welbeck. Tampoco llegó a ver ni falta. Poco después es Coentrao quien repite cortando descaradamente por la fuerza un contragolpe del Manchester United. Herr Brych estaba dispuesto a colaborar con la causa blanca. Porque le faltó tiempo para enseñarle la tarjeta a Valencia por entender que había golpeado a Ramos. Y el final del partido, patético,  abortando el último corner del Manchester, como afectado por el pánico ante la posibilidad de que el Madrid pudiera encajar un gol. Ahí se le vio el plumero.

Tres tarjetas para el Manchester United, ninguna para el Real Madrid. Arbitraje perfecto. Cuando a Mourinho le vuelva a dar otro ataque y empiece a preguntar por qué, Herr Brych puede estar tranquilo. Su nombre no aparecerá. También pueden respirar tranquilo Platini y la UEFA. esta vez no hay motivos para hablar de ellos.




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