2012-03-02 18:03 FC Barcelona Por: Administrador

Alejandro Echevarría, el cuñadísimo (I)



Socio del FC Barcelona desde el año 2000, Alejandro Echevarría Arévalo se abrazó a la fe blaugrana mucho después de darse de alta en la Fundación Nacional Francisco Franco. La fecha tardía de su incorporación al barcelonismo de pago da pie a pensar que sólo se atrevió a dar el paso cuando tuvo plena conciencia de que su cuñado podía realmente llegar a ser presidente del club. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Autónoma de Barcelona, fundó el despacho profesional Echevarria Asociados, especializado en asesoramiento jurídico y económico de instituciones públicas y privadas. Es hijo de Juan Echevarría Puig, expresidente de FECSA y Nissan Motor Ibérica, de conocido pasado franquista como jefe del Sindicato Español Universitario de Cataluña y Baleares y fundador en 1989 del partido Solidaridad Catalana, próximo a Alianza Popular y precursor del actual Partido Popular en Catalunya. Como empresario tuvo que hacer frente a huelgas y despidos polémicos, como el de Marcelino Camacho. Gusta de presumir de muy buenos contactos en CIU, especialmente de sus buenas relaciones con Jordi Pujol. El propio Alejandro fue padrino de boda de Josep Pujol, hijo del ex presidente de la Generalitat, y quienes le conocen bien dicen que siempre mantuvo buenas relaciones con Josep Lluís Núñez Navarro.

Tapado en las elecciones
Joan Laporta rehuyó la compañía de su cuñado durante las elecciones de 2003. Sabía que relacionarle con su candidatura sólo podía restarle votos y ofrecer argumentos contundentes y definitivos a sus rivales. Por eso le mantuvo escondido. Era evidente que el mensaje catalanista de su campaña chocaba frontalmente con las convicciones franquistas de su familia política. Este detalle, durante las elecciones, hubiera sido de difícil justificación, pero luego, ya instalado en el poder, Laporta confió en que su innata habilidad para manipular a la opinión pública le permitiera encajar la pieza franquista en el puzzle de su Barça catalanista como si tal cosa. Y así fue.
Laporta ganó las elecciones de 2003. Y su cuñado, que participó en la financiación de la campaña, no apareció en ningún momento en el primer plano del proceso electoral. Posteriormente confesaría que sí trabajó para la candidatura en la sombra. Su incorporación se produjo poco después, como consecuencia de una calculada operación de acoplamiento. El propio Echevarría lo reconocía así en una entrevista concedida a Mundo Deportivo el 27 de febrero de 2004: “Había tres pilares en el programa de Joan Laporta: economía, catalanidad y seguridad. Yo estoy en el tercero”. Más claro, el agua. No podía entrar por la vía de la gestión. Tampoco por la de la catalanidad. Pues...¡Viva la seguridad! Suponía una novedad y no dejaba de sorprender que la seguridad fuera uno de los pilares del programa de Laporta, pero así lo confirmaba Echevarría, que precisaba de razones consistentes para justificar su irrupción y la importancia de su función en la entidad. Y los argumentos acabarían llegando. Ahora que su cuñado ya mandaba, Echevarría empezó a dejarse ver por el club en calidad de colaborador. Y aunque lo suyo fuera la seguridad, era capaz de participar en la toma de decisiones de cualquier aspecto de la vida del FC Barcelona.

Así se hizo socio
En la citada entrevista de Mundo Deportivo se le preguntaba: ¿Desde cuándo es usted socio?  Respuesta: “Desde el año 2000. No he sido nunca futbolero pero me fui aficionando al Barça por amistades de hace años como las de Godall, Vicens, Moix, Faus... todos muy culés”. Curioso. Un gran barcelonista de toda la vida como Laporta no logró convencer a su cuñado para que se hiciera socio del club. Lo consiguieron, entre otros, el luego apestado Jordi Moix y otros dimisionarios, Xavier Faus y Albert Vicens, “todos muy culés”.  Quizá por eso, por ser muy culés, no encontraron cabida en el nuevo orden del Barça, en donde sólo tenían acomodo los que demostraban su barcelonismo haciendo sonar las palmas cuando el presidente así lo exigía para lograr la aprobación “unánime” de cualquiera de sus propuestas.



Al fin directivo
Le preguntaba Joan Josep Pallás a Echevarría: ¿Quién decide dar el primer paso para ser directivo, usted o el presidente Laporta?
Respuesta: “Varios miembros de la Junta me dijeron que sería bueno que entrara. Yo era reacio al principio, pero vi que prácticamente todos me insistían. Entonces el presidente me lo propuso y yo, después de pensármelo y reflexionar, finalmente di el sí”. Queda claro que él no quería, pero se sintió obligado al observar el amor “unánime” que le profesaban directivos tan “comprensivos” con el régimen franquista como Rovira, Cubells, Cambra o Ferrer. Rosell y los otros dimisionarios, una vez fuera, se encargaron de marcar con él las distancias que otros no supieron hacer públicas. Estaban en juego el palco, el puro, los canapés, el parking, las entradas, la influencia y la notoriedad. No era cuestión de arriesgarlo todo por un asunto tan trivial como el apoyo al cuñado del presidente.

Unanimidad
Y añadía un incrédulo Joan Josep Pallás: ¿De verdad ningún miembro de la Junta puso objeción alguna en el momento de su nombramiento definitivo?
Respuesta: “No que yo sepa, porque yo no estaba presente. Pero sé que fue por unanimidad porque, en caso contrario, no hubiera aceptado. De hecho, con sólo un voto en contra ya no hubiera aceptado”.
Volvía a aparecer la obsesiva fijación por la unanimidad. Con el tiempo se supo que de unanimidad, nada. Pero así se vestían las decisiones de la junta de puertas afuera. Durante las elecciones se vendió la idea de la fuerza de un equipo cohesionado. Por tanto, todas las resoluciones debían aprobarse con entusiasmo y por unanimidad. Finalmente acabó trascendiendo que lo del entusiasmo era un camelo y que las determinaciones se acordaban con el voto favorable de los 13 “palmeros” de siempre y el contrario de los 4 “sectarios” habituales. Con la perspectiva del tiempo podemos poner en duda la veracidad de las palabras de Echevarría cuando aseguraba que “con un sólo voto en contra yo no hubiera aceptado”. Aunque hubiera habido cuatro votos contrarios, su tema se hubiera resuelto favorablemente y por unanimidad, como todo.

Avales
Preguntaba el periodista de Mundo Deportivo: ¿Avala económicamente usted como todos?
Respuesta: “A partes iguales como estipula la ley. Es un tema legal. Además, yo ya colaboré en este tema durante la campaña electoral”. No intervino en las elecciones como integrante de la lista de Laporta –interpretaba el papel de “tapado”-, pero sí financió la campaña anónimamente aportando lo mismo que los demás. ¿Desinteresadamente? Su posterior nombramiento demuestra lo contrario. Por otra parte, si financió la campaña, ¿por qué no dio la cara y se presentó a las elecciones como aspirante a directivo en la junta de su cuñado, igual que los demás? ¿Tenía algo que esconder que le impedía mostrarse públicamente? ¿Le avergonzaba a su cuñado, tan aficionado a los retratos, salir junto a él en la foto? ¿Su inclusión posterior en la junta respondió al pago de su apoyo económico durante la campaña?



Seguridad
Más preguntas de Mundo Deportivo: ¿Cuál será exactamente su labor en el club a partir de ahora?
Respuesta: “Continuar como hasta ahora, centrado en el tema de seguridad”. Evidentemente, no había necesitado el refrendo de la asamblea para empezar a ejercer de directivo como si tal cosa. Cuando lo consiguiera, seguiría trabajando “como hasta ahora”. Se daba por supuesto que su nombramiento en la junta de compromisarios no dejaría de ser un simple trámite, aunque luego se vería que el socio tenía serias dudas.
-¿Qué experiencia posee en este ámbito?
-Por razones familiares conozco el tema
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-¿Puede dar más detalles?
-Me llevaron temas familiares. Por las labores de mi padre, un empresario importante, teníamos que controlarlo todo. Desde pequeños hemos estado rodeados de ciertas medidas de control. Todos sabemos los problemas que existen y lo que significa eso. Hablo por ejemplo de que a mi hermana pequeña hace años la intentaron secuestrar. Yo conozco el tema, por tanto, porque he tratado con empresas especializadas por cuestiones particulares
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Tanto Núñez como Gaspart fueron objeto de amenazas constantes que jamás salieron a la luz pública. Se tomaron las medidas oportunas para garantizar su seguridad y aquí se acabó el tema. El caso de Laporta era diferente. Tenía la obligación moral de colocar a su cuñado en la junta y unas pintadas en su domicilio unidas a una serie de amenazas hacia su persona le permitieron justificar su incorporación al equipo de gobierno del club. Parecía que la integridad de Laporta y los suyos no podía garantizarse sin la presencia de Echevarría en la junta. Y así fue como el cuñado entró a formar parte de la directiva catalanista de Laporta después de haber financiado su campaña electoral. Luego se supo que, incluso después de abandonar la junta, no se tomaba en el club una decisión sin su visto bueno hasta que los cuñados rompieron relaciones.

Atención al jugador
Para acabar de legitimar su entrada en la directiva, se le adjudicó un trabajo bombón y, por lo visto, reservado para el especialista en seguridad: ocuparse de que a los futbolistas del primer equipo no les faltara de nada y estuvieran bien atendidos con entradas preferentes para espectáculos, búsqueda de viviendas, gestiones para el colegio de los niños, operarios para solucionar problemas domésticos, asesoramiento fiscal... En poco tiempo Alejandro Echevarría, el “todopoderoso” con presupuesto ilimitado, se convirtió en el directivo más estimado por el colectivo de futbolistas. Se trataba de adornar su presencia con más contenido que el propio de la seguridad, que al parecer daba poco de sí. Fue una idea genial para darle sentido a la función de un directivo que entró en la junta con calzador, con la reticencia de muchos y sin el refrendo de las urnas.
Muy pronto su presencia empezó a ser habitual en desplazamientos y reuniones que poco o nada tenían que ver con la seguridad o la atención de los futbolistas. Echevarría se estaba convirtiendo en el número dos para desespero de Rosell y Soriano. El gobierno del club se convertía en un mano a mano entre los cuñados.

Franquismo
Le preguntaba el periodista de Mundo Deportivo por su filiación franquista.
Respuesta: “La ideología franquista no existe, existe interés por cualquier etapa histórica. El Barça es un club de fútbol y a partir de ahí toda ideología es respetable. Todos y cada uno de los socios tienen la suya y yo no me atrevería a decir qué ideología mayoritaria tiene el socio del Barça. Yo actúo desde la tolerancia. La grandeza de esta época en la que vivimos, gracias a Dios, es que en Catalunya no nos estamos matando por ideales”. No contestaba, y tampoco se atrevía a apuntar cuál era la ideología mayoritaria de los socios. Podía habérselo preguntado a su cuñado, el presidente, que lo tenía clarísimo y que gobernaba en clave nacionalista, incluso independentista, sin valorar que un sector de la masa social, mayoritario o minoritario pero real, sintonizara con otras opciones políticas diferentes sin dejar por ello de profesar la fe barcelonista.
-¿Pero usted es franquista?, insistía el periodista.
-Repito que la ideología franquista no existe. Además, ¿qué quiere decir ser franquista a los 38 años? Se puede ser franquista a los 75 años, si has estado en aquel gobierno y desempeñaste algún cargo, si no, no. Yo respeto toda la historia. También la monarquía de Alfonso XIII o la República, por ejemplo.

-Entonces, ¿cuál es su ideología política?
-Liberal conservador. No sé... Es tan difícil definirse exactamente. Yo me considero una persona extraña políticamente.

Y tan extraña. Cuesta creer que un liberal conservador de hoy en día pueda figurar en la relación de patrones de la Fundación Francisco Franco tantos años después de su muerte y del fin de su Régimen.
-En una comida familiar con Joan Laporta, ¿se habla de política? insistía Pallás.
-Siempre ha habido pluralidad en mi casa. Mi madre sin ir más lejos nació en el exilio, en Francia, porque mi abuelo era republicano y tuvo que marcharse de España. Luego vivió en Barcelona porque a Málaga ya no podía volver.

O sea, que nos quedamos sin saber si los cuñados hablaban de política en la comida de Navidad y si, como parecía evidente, el presidente del Barcelona sabía cómo respiraba su directivo responsable de seguridad en cuestiones políticas. Aunque quizá mejor no saberlo. Tanta transparencia no podía ser buena.

Ratificado en la asamblea de 2004
La cuestión es que Joan Laporta cumplió con su compromiso familiar, logró unanimidad en una junta catalanista para aceptar a su cuñado como directivo del FC Barcelona y luego, después de meses ejerciendo como responsable de seguridad y de la oficina de atención al futbolista, le coló en la asamblea de compromisarios de 2004. Intentó liquidar el asunto a su manera, por real decreto y la vía rápida, pero un asambleista debió recordarle el procedimiento a seguir de acuerdo con la normativa recogida por los estatutos. Tuvo que repetirse la votación y logró su aceptación como directivo en un segundo recuento que arrojó un resultado de 249 votos a favor, 51 en contra y 58 abstenciones. No se recuerda en la historia del club una votación con tanta oposición en la aceptación de un nuevo directivo. El 25 de agosto de 2004 fue, pues, refrendado por la asamblea como dirigente del club, aunque ya ejerciera como tal desde el 24 de febrero. La prueba de su desapego por el Barça la proporcionaba con meridiana claridad su altísimo número de socio el día de su nombramiento: 93.025, cuando por esas fechas la masa social del club era de 130.000 asociados.
Así lo explicaba La Vanguardia: “Llegó el turno de la ratificación de Alejandro Echevarría, al que se le ha relacionado en el pasado con la órbita de la Fundación Francisco Franco. La votación se hizo a la inversa. Quien se oponga que se manifieste. Y sólo tres personas hicieron explícito su deseo de que Echevarría se quedara sin plaza en la junta. Pero el turno de ruegos y preguntas lió la madeja. “Yo votaré a favor, pero creo que no es transparente que no se vote adecuadamente, con opciones a favor, en contra y en blanco” espetó un socio. Acto seguido otro socio planteó sus dudas sobre el pasado político de Echevarría. Laporta salió al quite, negó que su cuñado hubiera estado en el pasado en la FFF y, por supuesto, dejó claro que tampoco lo está en la actualidad”. La versión de El País: “Echevarría presenció una de las votaciones mas severas vividas por un directivo de la actual junta al recibir un voto de castigo próximo al 40% de los 365 compromisarios presentes en aquel momento en la asamblea”.

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

Alejandro Echevarría, el cuñadísimo (II)

El presidente Sunyol estaría de acuerdo / Sin seguridad en el parking / Viaje con el equipo de balonmano / Rovira y el franquismo / Alirón en el Cirque du Soleil / Plenipotenciario / Poco futbolero / Consumado golfista / Pelotazo en Endesa / Chico para todo / Respetamos al franquismo, pero no al nuñismo / Trabajo honorífico y gratuito / Por unanimidad / La Fundación Francisco Franco / Embajador en Sevilla / Majó denuncia / Mascaró responde / Murtra hace méritos a costa de Echevarría


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