2012-03-04 16:03 FC Barcelona Por: Administrador

Alejandro Echevarría, el cuñadísimo (IV)



“Van a por mí”
Resultaba cómico comprobar que quien había dedicado seis años de su vida a urdir campañas se escondiera ahora tras la demagógica proclama de que “van a por mí”. Esa táctica sería una constante en Joan Laporta a lo largo de su mandato cada vez que le sorprendían en un renuncio. De cualquier forma, la cuestión no era que hubiera gente que quisiera mal a Laporta –con eso ya contaba cuando llegó a la presidencia-, sino los constantes argumentos que ofrecía la junta a los que, supuestamente, pretendían desgastar su imagen. Aquí ya no se trataba de “puntuar” ante el socio llamando “fascista”, “Hitler” o “Pinochet” al presidente del Barça y... calumnia, que algo queda, tal y como acostumbraba hacer el Elefant Blau y su entorno. El problema en este caso era que el presidente había mentido a los socios compromisarios conscientemente y había intentado colar en su junta catalanista a un franquista, una de las paradojas más espectaculares de la historia del Barça. La oposición, si es que realmente existía, no se había inventado el argumento de tan estrambótico vodevil. El origen del escándalo estaba en el propio Laporta y en esa prepotencia que le llevaba a convencerse de que todo era posible, hasta lo imposible, para imponer su voluntad. Era tal la seguridad y confianza que tenía en sus propias fuerzas que hasta creía que fuera del club el mundo entero le iba a aplaudir con el mismo entusiasmo que los directivos que él había sentado a su lado a dedo, esos que le jaleaban con vítores a todas horas por imperativo legal. Allí, en la sala de juntas, es posible que no le supusiera ningún esfuerzo obtener la unanimidad para cualquiera de sus caprichos, pero calculó mal sus fuerzas cuando supuso que fuera de su entorno de aduladores iba a encontrar la misma comprensión.

No hay mentira
Mundo Deportivo informaba que “respecto al hecho de que Laporta dijera en la Asamblea de 2005 que Echevarría “no es ni ha sido ni será” miembro de dicha Fundación, se entiende que no hay mentira porque desde que es directivo no lo ha sido”. Era la teoría de la justificación llevada al límite ´más surrealista. ¿Hubiera costado mucho, en aras a la transparencia tantas veces prometida, admitir el pasado franquista del cuñado y presentarlo ante la asamblea con la verdad por delante con un borrón y cuenta nueva? ¿Alguien puede creer que los socios compromisarios hubieran rechazado su nominación como directivo? ¿Qué necesidad había de engañarles con turbias mentiras? ¿Costaba tanto reconocer el error o quizá el exceso de soberbia estaba tan arraigado que impedía admitirlo? ¿Querían seguir engañando con eso de que “el presidente no ha mentido”? El Barça será especial, “más que un club”, pero su masa social ni está aborregada ni es idiota y sabe cuándo la están embaucando. Además, la mentira iba en aumento porque en esas fechas Alejandro Echevarría no se había dado de baja en la Fundación Francisco Franco.

Apoyo de los cracks
La calle empezaba a incomodarse con el tema. Ni siquiera la desesperada utilización en defensa de la causa del entrenador Frank Rijkaard y de diversos jugadores, como Puyol, Xavi o Eto´o, todos ellos renovados recientemente, sirvió para apaciguar los ánimos. A Laporta no le importó meter en el fregado a los deportistas en una guerra que no era la suya.



Rueda de prensa de Echevarría
El 11 de octubre de 2005 Alejandro Echevarría se veía obligado a dar la cara y ofrecer una explicación a la opinión pública a través de una convocatoria de prensa convertida en un monólogo en el que curiosamente no aceptó ni una sola pregunta -¿era esa la mejor manera de poner luz sobre el asunto?- ni proporcionó a los medios de comunicación copia alguna de los documentos mostrados desde la distancia que pudieran exculparle -¿así se exhibía la transparencia prometida por su cuñado?-. Ni siquiera mostró ese papel con el que articuló su pobre y confusa defensa: “Obra en mi poder un certificado que acredita que no soy miembro de esa fundación”.
Merece una atención especial la manera con la que el portavoz del club, Xavier Cambra, presentó ante los informadores a Alejandro Echevarría en su primera y última comparecencia pública y mediática: “Paso palabra al señor Echevarría, que expondrá su parecer sobre las cuestiones que se han producido en los últimos días. Insistir nuevamente que es su opinión personal sobre la cual la junta directiva no hará ninguna valoración”. ¡Ni Gaspart lo hubiera hecho mejor! A diferencia de Oleguer, a quien Laporta reprochó haber utilizado las instalaciones del club para exponer sus ideas ”personales”, Echevarría tenía la venia de todos para hacer uso de las dependencias del club, su casa, y hablar de asuntos que nada tenían que ver con el día a día de la vida de la entidad en su nombre y nunca en el de la junta directiva que, dicho sea de paso, le dejó solo ante el peligro.

Las explicaciones de Echevarría
El cuñado del presidente zanjó el tema en apenas un par de minutos leyendo el siguiente comunicado en catalán ante los medios de comunicación, solo y en las instalaciones del club: “Hola, buenas noches a todos. Ya sabéis que no estoy acostumbrado a salir en ruedas de prensa ni delante de la prensa. Es un tema que no he querido nunca. Pero ante la situación que todos conocéis os quiero decir lo siguiente: el presidente no ha mentido. El presidente me preguntó, previamente a mi nombramiento como directivo, si yo era miembro de la Fundación Nacional Francisco Franco y le dije que no. Entiendo que no tengo que dar ninguna explicación sobre mi vida privada, pero debido a la trascendencia de esta cuestión y a la intencionalidad por parte de algunos de utilizarla para erosionar al presidente y al proyecto que estamos llevando a cabo con toda la ilusión y dedicación, os comunico que obra en mi poder un certificado que acredita que no soy miembro de esta fundación y que dice literalmente: ‘Fundación Nacional Francisco Franco, Madrid 8 de junio de 2003, Félix Morales Pérez, con DNI 35936810-T, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Nacional Francisco Franco, certifico que Don Alejandro Echevarría Arévalo no es miembro de la Fundación ni de su patronato. Firmado: Félix Morales Pérez, vicepresidente ejecutivo, Fundación Nacional Francisco Franco’.
También os comunico que estoy a disposición de todos los barcelonistas y he aceptado siempre y aceptaré todas las críticas y comentarios sobre las responsabilidades y tareas en el FC Barcelona, que como bien sabéis hacen referencia a la seguridad y a la atención de los jugadores. Estas tareas las continuaré realizando como he hecho hasta ahora, con toda la ilusión y dedicación y con el apoyo de la junta directiva.
Finalmente, deciros que espero que estas explicaciones sirvan para aclarar de forma definitiva este tema. Durante estos dos años he disfrutado de buenos momentos, pero al mismo tiempo también, como todos vosotros sabéis, he sufrido un intento de encarnizamiento de mi persona por mi forma de pensar. Yo he respetado y respetaré siempre el pensamiento de todos y desearía que se me juzgara por mi tarea y responsabilidades como directivo del FC Barcelona. Muchas gracias y buenas noches”
.

Documento fechado en domingo
“El presidente me preguntó, previamente a mi nombramiento como directivo, si yo era miembro de la Fundación Nacional Francisco Franco”. Teniendo en cuenta que “ni ha sido, ni es ni será”, la cuestión resultaba cuando menos sospechosamente sorprendente. Pero la versión del propio Echevarría ya daba a entender que la pregunta estaba plenamente justificada. La base de su defensa giraba en torno a un misterioso certificado fechado en domingo por alguien, un amigo se supone, que certificaba que “no es”, aunque no decía nada de “no ha sido”, tal y como juraba Laporta. Daba la sensación de que Echevarría pensaba que lo que realmente preocupaba al socio el 12 de octubre de 2005 era si el 8 de junio de 2003 él era o no era patrón de la Fundación de Franco. En realidad, lo que el socio quería saber, por su gravedad, era si su presidente le había engañado o no en la asamblea. O si, por el contrario, su presidente había sido engañado por alguien de tanta confianza como su propio cuñado. Fechas al margen, el socio estaba muy interesado en saber si era cierto que existía o había existido relación entre el directivo y la fundación. Con eso era suficiente para confirmar las contradicciones de un presidente cada vez menos fiable. También resultaba curiosa la confesión de que “espero que estas explicaciones sirvan para aclarar de forma definitiva este tema”, como si los periodistas o los socios y aficionados receptores del mensaje fueran tan fáciles de convencer como sus compañeros de junta directiva, especialmente los que habían avalado menos que él.



Un “encarnizamiento” infantil
“He sufrido un intento de encarnizamiento de mi persona por mi forma de pensar”, que no aclaraba en ningún momento cuál era. De cualquier forma, ya le habría gustado a Núñez que el “encarnizamiento” de su persona por parte de los señores Laporta, Carabén, Cruyff, Roures o Perrín hubiera sido de las mismas dimensiones. Lo hubiera considerado un juego de niños. No recuerdo a nadie que se haya referido a Echevarría o a Laporta en términos despectivos como “tirano”, “dictador” o “borracho” o que hayan sido comparados con Franco, Pinochet o Hitler.

Reacciones
El País lamentaba que “Cambra dijo varias veces que se facilitaría a la prensa una copia de la carta, pero nadie del club la dio. Y repelió todas las preguntas como un frontón ¿Quiere decir entonces que desde 1996 a 2003 había sido patrono? No contestó. También se quedó mudo cuando se le recordó que de lo que se trataba era de si se había mentido o no a la asamblea. No hubo forma”. Y concluía el rotativo: “El acta notarial facilitada por De Val puso ayer contra las cuerdas la credibilidad y la política de transparencia de Laporta, su bandera cuando estaba en la oposición y cuando alcanzó la presidencia del club”.

Responde la oposición
“Es la palabra de una persona contra un documento oficial del Ministerio de Cultura. Han perdido el norte, es una huida hacia delante, una mentira más”,
replicaba el ex candidato Jordi Majó, mientras otro ex candidato, Josep Maria Minguella, se enzarzaba en una batalla dialéctica con Albert Perrín, en el programa de Pitu Abril en La 2. Perrín, como ya era habitual en él, fanfarroneaba con papeles mojados o hablaba de lo que no sabía afirmando que el club disponía de testimonios que desmentían la documentación aportada por De Val. A día de hoy, esa directiva de la transparencia no ha mostrado un solo documento que pueda contrarrestar la acusación probada de De Val. Una vez más, Albert Perrín, metido en funciones de apagafuegos, tenía que echar mano de cortinas de humo inconsistentes para despistar al personal. Como cuando amenazó a Fabián Ortiz en Radio Barcelona con llamarle públicamente “fantasma” cuando se concretara la negociación con el sponsor chino, supuesto éste que el periodista ponía en duda. Ni fantasma, ni sponsor, ni documentación ni transparencia... Los que más exigieron en el pasado eran los que menos cumplían en el presente. Quién le ha visto y quién le ve al otrora revoltoso y quisquilloso Albert Perrín.

 

La Vanguardia minimizaba  la rueda de prensa

En La Vanguardia del 12 de octubre la comparecencia de Echevarría no mereció un título ni subtítulo. La información aparecía escondida al final de un texto dedicado a la Due Dilligence. Quizá era un tema menor e intrascendente que no llegaba al nivel de grandes titulares como los que este diario empleó por esas fechas para reflejar los grandes éxitos del club en su negociación con los chinos por el contrato publicitario fantasma que nunca llegó a firmarse.

Sala i Martín: “No ha mentido”
En la información de La Vanguardia podía leerse que “uno de los miembros de talante más catalanista del equipo de gobierno de Laporta explicó que nadie había pedido dimisiones y que habían quedado totalmente satisfechos con la argumentación de Echevarria, quien consiguió así desactivar el embrollo”. Pues con el embrollo desactivado, Sala i Martín acusaba el mismo día en El 9 a De Val de ser “tan intolerante en sus críticas como un franquista, lo que viniendo de quien venía no dejaba de tener su lado grotesco, especialmente después de comprobar su tolerancia con el presidente de la Generalitat, Jose Montilla, ejerciendo una profesión, la de entrevistador, que no era la suya. Pero…¿qué iba a decir Sala i Martín, futuro presidente accidental del Barça por la gracia de Joan Laporta? Poco después aseguraría en Catalunya Ràdio: como en el Barça no ejerce (Echevarría), que siga (…) No ha mentido, sino que no ha dicho la verdad. Seguíamos jugando con las palabras y engañando al personal con absurdas ambigüedades, como dando por sentado que la audiencia era estúpida. Ahora resultaba que “no decir la verdad” en la asamblea a los socios compromisarios era algo parecido a “decir la verdad”, un simple pecado venial que podía solventarse con un coscorrón y a otra cosa, mariposa.

Laporta, cómplice
Lo que para La Vanguardia era un simple embrollo, para Sport era “La sombra de la duda”, que ya era mucho. Las explicaciones de Echevarría tampoco merecían en Sport mayores alardes y aparecían relegadas a la página 12 con un título, “Solo ante el peligro”, que le desmarcaba de Laporta en caso de derramamiento de sangre. Miguel Rico, sin embargo, no se andaba con rodeos: “O Echevarría ha sido o Echevarria no ha sido, así de fácil”.
De Val sostenía en El País del 12 de octubre que “ese papel, con fecha de un domingo, no tiene ningún valor. Es un favor que hace un amigo. Echevarría, cuya filiación se mantuvo expresamente en el anonimato durante la campaña electoral, ha mentido a los socios, a la asamblea y a la junta. Y si sigue, Laporta, que es abogado y sabe cómo funcionan los registros públicos, será cómplice de esas mentiras”.

Las explicaciones de De Val
El País desvelaba el 13 de octubre que “fuentes próximas al presidente lamentan que se dé más crédito a los papeles de De Val que a los del directivo”. Una nueva dosis de demagogia de una junta que negaba la validez a documentos refrendados por el Ministerio y pretendía que la opinión pública se creyera la versión de quien ni siquiera había puesto a disposición del socio una sola prueba escrita de su defensa. La documentación de De Val, por su parte, estaba avalada  por las firmas de Juan Ignacio Cobo Pan, subdirector general, y Maria del Carmen Martín Pastor, jefa de servicio del registro de fundaciones, y en ella quedaba demostrado que Echevarría no se había dado de baja de la fundación en la que ingresó el 25 de octubre de 1996.
De Val expresaba en Sport su extrañeza porquealguien pueda recibir un certificado de no pertenencia a una fundación a la que en teoría, según su versión, no pertenecía”. Y además advertía de que en el documento no se especifica si ha formado parte o no de la FNFF. A día de hoy todavía forma parte porque la ley de fundaciones es muy clara, dice que el sistema para darse de alta y de baja es el mismo y no hay constancia de que se haya dado de baja”. De Val acreditó el ingreso de Echevarría como patrón de la Fundación mediante un acta notarial con fecha de 25 de octubre de 1996. Por ello aseguraba, convencido, que “los documentos que yo he presentado demuestran que aún forma parte de la FNFF, no se ha dado de baja porque el documento que él presentó no se corresponde con los datos oficiales que figuran en el registro de Fundaciones del Ministerio de Cultura. Es un tema que sólo discute él.
De Val se preguntaba por qué el papel de Echevarría no apareció en las asambleas de 2004 y 2005, cuando la directiva negó la filiación del cuñado del presidente a la Fundación franquista.

Un avalista de postín
Y mientras Sport explicaba el 13 de octubre que todos quieren a Echevarría, desde el presidente a la totalidad de directivos, pasando por técnicos y jugadores, Avui, un diario muy próximo a las tesis laportistas y afín al director de comunicación, que ejerció allí como jefe de deportes, titulaba con un muy descriptivo “El Barça se desmarca del caso Echevarría”. E informaba de que "la junta directiva del Barça intenta que el caso Alejandro Echevarría no le afecte y oficialmente se ha desmarcado. El club azulgrana quiere convertir la polémica en un asunto particular de este directivo y se esfuerza para desentenderse, con el objetivo de que la cuestión no salpique ni a la estabilidad del Barça ni a la del presidente Joan Laporta. Así, la entidad no opina sobre el tema ni mueve ficha, pese la presión general de la opinión pública para que se conozca la verdad en torno a la presunta afiliación del cuñado de Laporta a la Fundación Francisco Franco.
Se da el caso de que Echevarría fue uno de los miembros de la junta que ayudaron a financiar la campaña electoral y posteriormente de los que más dinero avaló. En este sentido, la fuerza de Echevarría en la directiva es muy importante, más allá de ser familiar directo de Laporta y estar muy bien conectado con el vestuario del primer equipo como director de la oficina de atención al jugador (OAJ)".
La fuerza de Echevarría estaba en los avales, según Avui. La trama, desvelada por un medio afín y nada sospechoso, empezaba a descubrirse. Así se entendía que feroces detractores del franquismo presentes en esa junta se convirtieran en mansos y comprensivos compañeros de viaje ante el peso de los avales. No sólo era un familiar del presidente. También era un avalista de postín. Acabáramos.

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

Alejandro Echavarría, el cuñadísimo (V)

Nunca negó que “ha sido” / El debate es si Laporta mintió / Echevarría lo había reconocido / El suegro, también de actualidad / Morales se contradice/ Toni Soler lamenta que Laporta lo encumbre / Todos mienten / La familia puso a Laporta en la presidencia / No convenció a sus compañeros / Interviene Txiki / Por sus ideas expulsaron a Moix / Los malos son los delatores / Una situación que no es nueva / No dimite y viaja a Atenas con las “filas prietas” / La teoría de la conspiración / Habrá pruebas.


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