2012-03-15 15:03 FC Barcelona Por: Administrador

Alejandro Echevarría, el cuñadísimo (VII)



Anuncia su dimisión en TV3
A mediodía Joan Laporta daba explicaciones sobre la continuidad de su cuñado en la junta del FC Barcelona en rueda de prensa abierta a todos los medios de comunicación. Y a medianoche fue a TV3 a expresar todo lo contrario, lo que ni siquiera sabía su director de comunicación. Allí, ante Mònica Terribas, anunció la dimisión de su cuñado mientras sus directivos recorrían las emisoras defendiendo al amigo Alejandro.

Pierde credibilidad



Josep Mª Casanovas ofrecía su verdad en su columna de Sport: “Laporta perdió el partido de la credibilidad (…) El presidente no convenció a pesar de entonar el mea culpa y de pedir perdón a los socios. Dio la cara por su cuñado, pero esto no fue suficiente, ya que a estas alturas lo que todo el mundo tiene muy asumido es que no estamos hablando ni de política ni de ideologías, sino de credibilidad. Demasiadas medias verdades, actos de fe que salen más del corazón que de la cabeza, defensas numantinas, cuando aquí lo único que quieren saber los socios es por qué no se había aceptado la dimisión de un directivo que se ha confirmado que perteneció a una fundación de cuyo nombre no queremos acordarnos. Son muchos los que comienzan a pensar que Laporta es rehén de pactos familiares y se ha enrocado de una forma peligrosa porque ha perdido uno de los bienes más preciados del hombre: su credibilidad.
Dos años después de llegar a la presidencia y con una Liga en el bolsillo, Laporta jugó ayer un partido que puede marcar un antes y un después en su trayectoria. El partido de la credibilidad. Jugaba solo de ariete y el único gol que le podía dar la victoria era aceptar, de entrada, la dimisión de Echevarría, pero no lo hizo hasta bien entrada la madrugada y lo anunció en directo por TV3 en el programa ‘La nit al dia’. Cuando ya no tenía otro remedio y había comprobado que las tertulias y las encuestas le eran absolutamente desfavorables. Patético. Porque se lo podía haber imaginado doce horas antes, cuando había defendido a su directivo a pesar de que éste le había mentido y se había comprobado que había sido patrón de la maldita fundación. Laporta no convenció a nadie en la rueda de prensa y tampoco lo hizo por la noche, cuando ya se había quitado un gran peso de encima.
Muchos aficionados se sienten traicionados porque confiaban en un presidente que habló de transparencia y que ahora no cumple sus promesas. Aquel Laporta que arrasaba en los cara a cara por su convicción y su entusiasmo arrollador, es otro. Ayer estaba a la defensiva, se contradijo en varias ocasiones y se mostró inseguro porque jugaba un partido que él sabía muy bien que, como mucho, podía empatar. Son muchos los que no entienden que aceptara sin rechistar la dimisión de Rosell y ayer se jugara la cara por Echevarría. Se percibe que ya ha perdido el carisma y el apoyo de una parte de la afición, porque los culés están descubriendo a un presidente del Barça que les ha traicionado en sus ilusiones. Laporta era un soplo de aire fresco y ahora está cayendo en los mismos errores de sus antecesores. Y eso es muy difícil de aceptar cuando su llegada había despertado tanta esperanza”.

Chapuza intolerable
Y Lluís Mascaró se mojaba como nunca, aunque con matices, ese mismo día: “Mientras el clamor popular exigía una dimisión inmediata del directivo por haber sido patrono de la Fundación Francisco Franco, el presidente se empeñaba en cerrar la crisis en falso. No había suficiente con reconocer que se equivocó en la asamblea y pedir perdón a todos aquellos barcelonistas que se hubieran sentido ofendidos. Y es que existía un trasfondo emocional y político de gran calado: Laporta siempre ha enarbolado con orgullo la bandera del catalanismo más radical y este sentimiento es incompatible con la ideología de Echevarría.
El presidente sabía que estaba nadando contracorriente y que cometía un grave error manteniendo a su cuñado en la junta. Es cierto que los primeros que exigían la cabeza de Echevarría son los mismos que, desde el inicio de su mandato, han orquestado una campaña para erosionarle y desprestigiarle
(?) Pero Laporta debía valorar que, en esta ocasión, el barcelonismo se mostraba casi unánime en su veredicto: Echevarría no podía seguir en el Barça por sus convicciones políticas y, sobre todo, porque había mentido al presidente, a sus compañeros de directiva y a todos los culés.
Por desgracia, lo único que consiguió Laporta con su intervención fue intentar apagar el fuego con gasolina. Las llamas se hicieron tan enormes que no pudo soportar su calor”.

Sport hablaba de “Chapuza intolerable: dimisión con nocturnidad y alevosía. ¡Como en los peores tiempos! (…) Doce horas después de que Laporta anunciase su continuidad, Alejandro Echevarría presentó su dimisión (…) Alejandro Echevarría, que se encontraba en el Casino de Tarragona, se puso en contacto ayer por la noche con su cuñado y presidente del FC Barcelona para comunicarle que dimitía. Este, que se encontraba en el plató de TV3 para participar en el programa ‘La Nit al Dia’, se la aceptó y minutos después lo hacía oficial ante las cámaras”.

La junta se entera por TV3
Dijo Laporta en TV3: “Alejandro se ha puesto en contacto conmigo y en un acto de dignidad y de compañerismo me ha presentado la dimisión. Ahora lo transmitiré a mis compañeros de junta y puedo avanzar que mañana -para hoy- la aceptaremos. La situación es insostenible y entendemos que es lo mejor para todos”. El presidente anunciaba la decisión de su cuñado, que en ese momento desconocían sus compañeros de junta, y ya se atrevía a adelantar en nombre de todos el resultado de la reunión de la directiva en la que se discutiría el tema. Naturalmente, esa decisión sería adoptada por unanimidad de acuerdo con los deseos del presidente. Igual que por la mañana se aceptaba por unanimidad que Echevarría continuara, por la noche se decidiría unánimemente, por supuesto, festejar la dimisión.
“Mi deseo era que no dimitiese. Es un hombre que de alguna manera ha estado absolutamente integrado al proyecto que presido, que nos ayudaba a poner en práctica la pluralidad y tolerancia que siempre ha defendido esta junta. Es un hombre querido en el vestuario y debo recordar que gracias a él Messi ha podido nacionalizarse”.
Como si eso le redimiera de las mentiras acerca de su adscripción a la FNFF. Interesante también la referencia a la “pluralidad” de una junta que, gustara o no gustara, siempre se movió en posiciones muy próximas al independentismo catalán.



Pide ayuda a los futbolistas
“Alejandro Echevarría ha sido una persona que se ha jugado el cuello por el Barcelona y toda la junta le apoya por ello. Se trata del primer caso en el que un directivo es cuestionado y salen los jugadores a defenderle”.
Y ya era triste tener que recurrir a ellos involucrándoles en el conflicto para defender la continuidad del cuñado. Decía Laporta que “la Catalunya que queremos de cara a un futuro es la que supere los enfrentamientos y que no esté permanentemente instalada en las disputas”. No lo diría por su época de “guerrillero” al frente del Elefant Blau. Paradójica conclusión en boca de un hombre que se abrió camino en la vida del club a base de abrir enfrentamientos y azuzar las disputas. Y hasta se atrevió a afirmar que Josep Sunyol, antecesor suyo fusilado por el franquismo, “hubiese estado a nuestro lado en esta disputa, porque él defendía a tolerancia y la convivencia”. Cuesta imaginarlo, pero así lo había decidido Laporta unánimemente consigo mismo.

Cómo habría reaccionado el Elefant Blau
Preguntado sobre cómo habría reaccionado el Elefant Blau ante una situación como ésta, Laporta respondió sin sonrojarse: “En el Elefant Blau siempre estuvimos a favor del barcelonismo y de la democracia y antes de hacer nada hubiésemos pensado que lo primero era el Barcelona, y ante este hecho hubiésemos actuado a favor del club y de la tolerancia”. Asombroso ejercicio de cinismo. A un presidente que nunca dio pie a la identificación del club con ninguna tendencia política miembros del Elefant le tildaron de “Hitler, Pinochet, fascista, dictador y tirano”. ¿Se pueden utilizar estos calificativos y después pretender imponer la conveniencia de que un patrono de la Fundación Nacional Francisco Franco gobierne el Barça en aras de la democracia y a favor del club y la tolerancia? ¿A quién quería engañar Laporta? Sólo los desmemoriados podían dar como buenas sus palabras. ¿A favor de qué tolerancia trabajaba el Elefant Blau de Laporta? ¿La tolerancia de vamos a ponernos nosotros para quitar a los que están cueste lo que cueste? Para el Elefant Blau el Barça nunca fue lo primero. De lo contrario habría aceptado, por ejemplo, el democrático y abrumador resultado de unas elecciones en lugar de impulsar una moción de censura apenas unos meses después de la derrota electoral con el correspondiente desgaste para el club. Laporta ha estado firmemente convencido de que el barcelonismo carece de memoria y se le puede intoxicar siempre con buenas palabras. Pero no bastaba con llenarse la boca con conceptos vacíos como democracia, tolerancia o solidaridad que sólo tienen sentido si se demuestran en el día a día. Y la teoría de Laporta, desgraciadamente, tuvo poco de real en la práctica.

¿Se podía confiar en él?
Laporta admitía además  “no haber contrastado suficientemente su adscripción a la Fundación Francisco Franco”. Si no era capaz de contrastar la vida de su cuñado, ¿podrían los socios confiar en él cuando se tratara de contrastar la firma de grandes contratos, como el de Mediapro en el que aparecía Cruyff de forma misteriosa, o la justificación de sus constantes y poco transparentes viajes o las oscuras negociaciones ocultas bajo sospechosas cláusulas de confidencialidad? ¿sería creíble su afición por repartir caridad y solidaridad en el mundo? ¿Lo tendría suficientemente contrastado?

“Vivía una época difícil”
Luego confesaría que se cuñado se debió implicar en el patronato franquista “porque vivía una época difícil”. Podía haber empezado por ahí en lugar de engañar a los socios con aquello de “ni ha sido, ni es ni será”. Habría resultado también más honesto que se hubiera presentado a las elecciones de la mano de su cuñado y admitiendo que un día se afilió al franquismo porque “vivía una época difícil”. Habría sido más honesto, pero menos rentable para su objetivo de encaramarse a la cima del poder blaugrana. De cualquier forma, cuesta entender que Josep Sunyol pudiera dar su aprobación a la incorporación a la junta de su club de alguien que es capaz de sintonizar con el franquismo porque “vive una época difícil”.

“No es franquista”
Laporta volvió a insistir en que, aunque se hubiera dado de alta en el patronato de la Fundación Nacional Francisco Franco, su cuñado “no es franquista”, que traducido al lenguaje culé vendría a ser algo así como “es socio del Barcelona, pero no es barcelonista”. Por tanto, “nunca vino a menoscabar el proyecto catalanista de esta directiva que encabezo (…) No actúa como tal, es una persona tolerante, que respeta las opiniones de los demás y que no es el típico franquista”. Bueno, ya sabíamos algo más. No era el típico franquista. Era entonces un franquista atípico. O quizá un no franquista atípico si hemos de hacer caso al presidente, al de “no ha sido, ni es ni será”. Debemos, sin embargo, estarle agradecido ya que, no siendo el típico franquista, fue tolerante y respetó las decisiones de los demás. Después de oírle, uno podía pensar que el club estaba a salvo de cualquier tentación de alzamiento nacional. En este punto De Val se preguntaba: “Si no se puede decir que un miembro de la Fundación Nacional Francisco Franco es franquista, no sé quién lo será”.
Eso sí, el de su cuñado era un franquismo diferente, simpático, cariñoso, de buen rollo: “Su pensamiento es perfectamente asumible por la mayoría de los catalanes. Él ha hecho muchas cosas por Catalunya. Tiene 40 años, cuando murió el dictador él tenía diez años y con esta edad no se puede ser franquista”.
Franquista no se puede ser. En todo caso lo que sí es posible es financiar la imagen y la obra del dictador a través de una fundación repleta de apellidos íntimamente ligados al fascismo. Y si lo que Laporta pretendía expresar es que su afiliación respondía a una “locura de juventud”, razón de más para dudar de él, por muy experto que fuera en materia de seguridad.
En este punto, matizaba Santi Giménez en Sport: “Este argumento también tuvo que ser corregido ya que alguien le recordó que aún existen nazis a pesar de que Adolf Hitler esté muerto hace muchos años”. “Estoy seguro de que él también piensa que se ha equivocado. Ya se borró y lo va a demostrar”. Lo demostró dos años después, cuando se dio de baja. Laporta no presentó ningún papel, pero garantizó que “se le da un margen para que la situación quede más aclarada (…) Me lo creo con independencia de los papeles del Ministerio de Cultura, de la Fundación y de donde sea. A veces se hace un documento de compraventa y no se registra. Él está haciendo gestiones para arreglarlo”. El socio habría agradecido conocer el resultado de esas gestiones. ¿Quizá no han visto la luz porque también están sujetas a una cláusula de confidencialidad? Nunca como hasta entonces el club había vivido por una etapa presidida por semejante grado de oscurantismo.

“No hacemos política, hacemos país”
“Él se hizo patrono por un punto de frivolidad  por circunstancias familiares. No discriminaremos a nadie en la junta por su pensamiento. Nosotros no hacemos política, hacemos país”.
¿Un punto de frivolidad? ¿La frivolidad no sería jugar con fuego colocando al cuñado en la junta sabiendo lo que había detrás? ¿Frivolidad o inconsciencia? ¿Y eso de hacer país en qué consistía? ¿En pelearse con el Espanyol, el Nástic, la Rapitenca, la Santboiana o el Terrassa? ¿En llevar a las estrellas del primer equipo al extranjero para realizar el stage de pretemporada porque en Catalunya no existe un lugar adecuado? ¿En fundar fuera de Catalunya las escuelas de fútbol que no se fomentaban en casa? ¿O era simplemente una manera de denominar a la política con otro nombre?

¿Campaña contra Laporta?
Al margen del “le creo, le disculpo y no quiero que dimita”, Laporta tuvo que recurrir a la teoría de la conspiración, una táctica que suele ofrecer excelentes resultados y que empleó en repetidas ocasiones para salir del paso de situaciones comprometidas: “Esta campaña responde a un intento de desacreditar mi figura y la de la directiva, algo que no es nuevo”. De lo que no habló es de la campaña para acreditar su figura, “algo que no era nuevo”, basada en mentir al socio ocultándole la verdad en el tema de su cuñado ya desde las mismas elecciones. De campañas él sabía mucho. Aún se recordaba aquella que pretendía convencer al mundo sin base alguna de la catastrófica idea de que Núñez terminaría convirtiendo el club en una sociedad anónima que acabaría en manos de Lorenzo Sanz y Jesús Gil. Pura ciencia ficción.

Respuesta de De Val
Lluís De Val, el socio que abrió la caja de los truenos presentando la documentación que Laporta había reclamado en la asamblea, valoró la declaración del presidente considerando que “Laporta no aportó ningún documento nuevo ni ha solucionado el problema. Mi postura no cambia pues tras las medias verdades siguen mintiendo. Laporta también mintió a los socios en dos Asambleas”. Sobre el desarrollo de la comparecencia dijo: “El presidente hizo ayer un ejercicio de funambulismo dialéctico. Nos pide un acto de fe en Echevarría después de estas medias verdades. Es algo increíble, es tomar por tonto al socio del Barça una vez más”.
De Val aseguraba en el programa La Banda, de La 2, que “Echevarría sigue en la Fundación Francisco Franco, porque la única manera de salir es formalizando ante notario la baja correspondiente. Y Echevarría no lo ha hecho”.

Laporta no convenció
“Laporta no convenció”,
resumía Francesc J. Gimeno en Sport. “Sólo hay que echar un vistazo a los resultados de un par de encuestas que la página web de SPORT planteó ayer. La unanimidad era casi total, ya que tres de cada cuatro seguidores aseguraban que no le habían convencido las explicaciones dadas por Laporta, mientras que un 26% las consideraba suficientes.
Además de no mostrarse satisfechos, los aficionados coincidieron también a la hora de reclamar la dimisión del principal protagonista de la polémica. A la pregunta de si debería dimitir Echevarría, el 70% de los internautas respondieron afirmativamente, mientras que sólo tres de cada diez consultados apostaron por su continuidad. A juicio de los barcelonistas, sus explicaciones no habían sido suficientes y, además, la mayoría consideraba que la polémica debería cerrarse con la dimisión de Echevarría”.

El presidente seguía defendiendo que “sólo una minoría de socios” deseaba que Echevarria dimitiera. Era el resultado de su distanciamiento de la realidad. El presidente vivía en una nube rodeado de aduladores que rendían culto y pleitesía a su figura y le impedían conectarse con el mundo real. Éste era un claro ejemplo.

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

Alejandro Echevarría, el cuñadísimo (VIII)

Eco en el exterior / La miseria moral del franquismo / Es su cuñado, no el nuestro / ¿Qué fue de la transparencia? / Convergència sale en defensa del cuñado / Tolerancia cero con el franquismo / JJ en el palco / “Mierda en la espardenya” / El escandaloso e intolerable pasado de Aznar / Funciones irrelevantes / El cuñado escondido / Perrín suma puntos llorando al cuñado / ¿Iremos al Valle de los Caídos? / Se cargan la oficina del cuñado / Exhibicionismo itinerante / Un dimitido que sigue al pie del cañón / No quieren que vuelva


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