2016-06-23 17:06 FC Barcelona Por: Administrador

Algo huele a podrido en Joan Laporta



Pedro Riaño Joan Laporta lleva muy mal que el mejor Barça de la historia no se acabara con él. Los triunfos del Barça de Bartomeu, como antes los de Rosell o mucho antes los de Núñez, le revuelven las tripas. Y tampoco ha digerido que Josep Maria Bartomeu se convirtiera a su costa en el presidente más apoyado de la historia del club en unas elecciones en las que él no jugó más que el papel de comparsa perdedor. Ese día entendió que sin Guardiola a su lado poca cosa es ya para el barcelonismo. Joan Laporta, que intentó abrirse paso sin éxito en el mundo de la política, se ha propuesto disfrutar de algunos minutos más de gloria a costa del Barça. Ya no desde dentro, donde la visa hacía milagros en el añorado  Drolma, el Botafumeiro o en el mejor hotel de Miami. Ahora actúa desde fuera, que es el lugar que le corresponde una vez concluido su ciclo y juzgado por los socios en unas elecciones democráticas.

El rencor lleva a Laporta al ojo por ojo

Laporta vuelve al lugar de sus travesuras dispuesto a dar guerra y salir en los papeles guiado por el rencor que profesa a quienes dirigen ahora el Barça, los mismos que retrataron en público sus fechorías más oscuras y quisieron que las pagara de su bolsillo. Eso no lo perdona y tira del ojo por ojo para ajustar cuentas. En su epoca pre-presidencial ya se caracterizó por organizar revuelo con mociones de censura que perdía y cuyos resultados democráticos no estaba dispuesto aceptar. De la misma manera que tampoco aceptaba la derrota cuando los socios le decían en otra moción de censura que no les gustaba. Pero a él le daba igual que la mayoría le mostrara su rechazo. De la poltrona no le movían ni con agua hirviendo. Y eso es precisamente lo que quiere hacer ahora. Pelearse contra los que gobiernan el Barça, su verdadera especialidad. De hecho pasará a la historia más que como un presidente modélico como un opositor perverso. Se ha juntado con nueve socios del FC Barcelona para frenar el acuerdo del Barça con la Fiscalía por el caso Neymar. Entre ellos socios de sus negocios y antiguos directivos que sufrieron sobre sus carnes el sofoco de tener que avalar con su patrimonio. No quiere que el club pague el precio del pacto, 5,5 millones, y exige que lo abonen los causantes de las irregularidades de su propio bolsillo. Y está dispuesto a recurrir hasta donde haga falta para incordiar hasta el final. Joan Laporta, muy riguroso ahora, olvida que en su época el dinero voló a capazos con destino a espías, cenas, invitados, hoteles de lujo, viajes, avionetas privadas, donaciones interesadas, fiestas y festejos diversos. Y eso no le gustó al socio y se lo demostró en las urnas. Ya lo sabe él muy bien que su estilo no gustó.

Dinero que vuela con Bartomeu y también con Laporta

Lleva, sin embargo, razón en lo de Bartomeu y Rosell. El Barça no tiene por qué hacerse cargo de la culpabilidad de unas irregularidades cuyos autores están perfectamente identificados con nombres y apellidos. Pero el socio, que no es tonto, sabe también diferenciar entre el dinero que vuela para caprichos e intereses particulares del presidente de turno y el dinero que vuela, aunque sea irregularmente, para que Florentino Pérez no se salga con la suya y se lleve a Neymar. El resultado es el mismo: dinero que vuela. Pero la nobleza culé del objetivo es bien diferente. ¿O sacó el socio algún beneficio de los espionajes que pagó de su bolsillo a los propios directivos o a representantes de la clase política? No se trata de alinearse con Maquiavello, el que sostenía que el fin justifica los medios. Pero Laporta, que dice que es muy culé, debería entender que el barcelonismo aplaudió la jugada que supuso quitarle a Florentino a Neymar cuando lo tenía entre sus garras. De la misma manera que aplaudió los maletines de Núñez en Tenerife cuando el magnífico Dream Team no era capaz de ganar la Liga por sí mismo. Nadie protestó.      

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