2013-04-11 06:04 FC Barcelona Por: Administrador

Apareció "Dios" y salió el gol en el Camp Nou (1-1)



Sabe mal por los muchos amigos que tiene Mourinho en París, que se habrán quedado muy decepcionados después de ver al Barça apeado de la competición durante veinte minutos, del 50 al 70. Y sabe mal, claro está, por los amigos que también tiene Mourinho en Madrid, que durante estos días han ejercido de afrancesados y antipatriotas. Es una pena para ellos, pero los no amigos que tiene Mourinho en Barcelona, que son millones, festejan por sexto año consecutivo una semifinal de la Champions League. Con sudor y mucha esfuerzo, pero ahí está el Barça de nuevo, entre los mejores de su competición. Un equipo que en los últimos siete años gana tres Champions y cuando no gana llega a las semifinales se merece un respeto.

Esta vez no hacía falta ninguna remontada. Quizá por eso, porque el objetivo era más sencillito que el que obligó a una proeza en octavos ante el Milan, el Barcelona ha salido a verlas venir. Falto de intensidad y de voluntad ofensiva. A la espera de las acometidas francesas que no han tardado en llegar. En cuanto los de Ancelotti han visto que el Barcelona jugaba caminando y con muy poquita ambición, se han atrevido a acercarse a la meta de Valdés y lo han hecho con mucho peligro.



El portero blaugrana ha estado muy inspirado durante la primera mitad y ha evitado lo que han podido ser dos, tres y hasta cuatro goles franceses. El Paris Saint Germain ha perdonado y luego lo ha pagado. El Barça jugaba al tran tran. Esta vez Cesc no ha sido el goleador letal que brilló ante el Mallorca hace cuatro días. Esta vez Villa no estaba inspirado y Pedro no daba una a derechas. Iniesta intentaba hacer de Messi, pero no contaba con la colaboración de sus compañeros. Xavi cumplía y Busquets perdía más balones de la cuenta. Atrás Alves no era el Alves de París y Piqué se mostraba fallón mientras Adriano sembraba el pánico en el Camp Nou con sus errores en la entrega.

No era éste un Barça enchufado, un Barça ganador. Los de Ancelotti lo debieron hablar en el descanso y salieron en la segunda mitad a por todas. Y consiguieron su premio a los cinco minutos de la reanudación con un gol de Pastore que les daba la clasificación. El pánico se apoderó de un Camp Nou lleno (96.000) y de los propios jugadores. Lejos de reaaccionar, se estorbaban entre sí, dejaban huecos, fallaban en el pase y caían en la trampa que habitualmente imponen ellos a sus rivales. El PSG tocaba la pelota, triangulaba, trenzaba paredes. El Barça miraba y corría detrás del balón.

Pero en el minuto 62 cambió el signo del partido. Apareció Messi y salió el gol en el Camp Nou. Parecía imposible, porque el Barça no conseguía llegar con claridad a las proximidades de Sirigu, pero la presencia de Messi lo cambió todo. El Camp Nou rugió, sus compañeros encontraron energía en donde antes sólo había desánimo y entre los rivales empezó a crecer la sensación de pavor ante lo que se les avecinaba. Messi revolucionó el partido, cambió al Barcelona y le aportó la profundidad que hasta entonces no había tenido. Ahora se creaba peligro y el Barça llegaba y rozaba el gol. Durante 20 minutos el Barcelona estuvo eliminado, pero para nadie es un secreto que estando Messi en el campo todo es posible. Y de una jugada suya nació el gol blaugrana en el minuto 70. Él inicia la jugada, la sigue Villa y la consuma Pedro con un disparo rabioso desde lejos. La rabia venía motivada porque de un error suyo en el pase nació la jugada del tanto francés.



Pedro enmendaba su error y el Barça aprovechaba la coyuntura para poner orden. Con Bartra en lugar de Adriano, que ha vuelto a lesionarse -lo de este chico empieza a ser preocupante- y con Song haciendo el doble pivote con Busquets. Después del susto que se llevó ayer el Málaga, no era cuestión de hacer el tonto en los últimos minutos. El PSG siguió incordiando, especialmente de la mano de Ibrahimovic y Lucas Moura, pero no encontró premio a su esfuerzo. Sin embargo, puede afirmarse que hoy ha nacido un grande de Europa. El PSG dispone de grandes jugadores, pero hasta ahora nunca se había mostrado como un equipo temible. Pero en el Camp Nou se ha reivindicado y avisa al mundo de que en el futuro habrá que contar con él.  Al final Ancelotti hasta se atrevió a sacar a Beckham para aportar un toque extra de glamour. Poco pudo añadir y el partido acabó con el Barça en semifinales.

Lo sentimos por Mourinho y sus amigos parisinos, pero ha pasado lo que pasa siempre en la competición del Barça. Y es que unas semifinales de la Champions League sin el Barça son un tema menor.

 


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