2011-04-29 15:04 FC Barcelona Por: Administrador

¿Por qué, Mou, por qué sólo te expulsan a uno?



Ya lo dijo Cristiano Ronaldo compungido al final del último partido: "el cero a cero era un buen resultado". Las cosas están cambiando en el Real Madrid. Para el equipo de las nueve copas de Europa un cero a cero en casa nunca puede ser un buen resultado. Para Mourinho sí. Por eso al madridismo se le revuelven las tripas. No entiende que el Madrid vaya a Valencia, el tercer clasificado, y se pasee con los suplentes practicando un fútbol espléndido y unas horas después salga acomplejado en casa ante el Barcelona sin más estrategia que la de amontonar hombres atrás y repartir contra todo lo que se mueva de color blaugrana.

Esa es la táctica de Mourinho. De hecho, su planteamiento era de 0-0 en el Bernabéu, 0-0 en el Camp Nou y que decidan los penaltíes. Sin embargo, cuando uno lo fía todo al músculo, a la dureza, a la agresvidad, pasa lo que pasa, que para frenar a un rival que tiene a Messi, a Pedro, a Villa, a Xavi o a Iniesta, es fácil que a sus jugadores se les vaya la mano (o el pie) más de una vez. Ha sido la tónica de los tres clásicos disputados hasta ahora. El mal rollo que genera Mourinho se ha trasladado al terreno de juego enemistando incluso a amigos y compañeros de selección.



Y mientras Mourinho se hace preguntas, no tiene la decencia de preguntarse por qué al Madrid sólo le expulsan a un jugador cuando en realidad tendrían que irse a la caseta tres o cuatro simplemente si el árbitro aplicara estrictamente el reglamento. Pero Mourinho juega con eso. Si me han expulsado a uno no se atreverán a expulsar a más. Y juega al límite. Lo que pasa es que, como dice Piqué, "el que juega con fuego se puede quemar". Y el Madrid ha salido chamuscado, pero menos de lo que contempla el reglamento.

En el clásico de Liga, Casillas debió ser expulsado por el penalty no señalado sobre Villa y Sergio Ramos hizo méritos sobrados para ver la roja directa. En la final de Copa, además de la testimonial expulsión de Di María en el último minuto, debieron acompañarle el nervioso Arbeloa y Pepe. Y en la ida de la semifinal de la Champions, Sergio Ramos, entre su mano y las entradas alevosas, no debió llegar ni al descanso, y a Pepe debieron acompañarle Arbeloa y Lass.

Así se escribe la historia de "Llourinho". No le va el papel de llorón. Como se siente más a gusto es pavoneándose de sus triunfos, pero cuando toca llorar, le salen gallos, alguna sandez y otras no menos preocupantes lagunas en su memoria selectiva.




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