2012-03-20 10:03 FC Barcelona Por: Administrador

Así le ganará el Barça la Liga al Real Madrid



Y mientras en el Camp Nou se desata la euforia, en el Bernabéu se dispara el cagómetro, el canguelo, por una situación que no es nueva y que ya se ha vivido a lo largo de la historia no hace mucho tiempo. Es evidente que el FC Barcelona es un equipo que va a más y que el Real Madrid empieza a dar muestras de flaqueza en el momento culminante de la temporada. Todo tiene su explicación.

Ningún equipo puede estar al cien por cien en su faceta física a los largo de toda la temporada. Los diez meses de competición exigen dosificar fuerzas, programar la actividad de modo que los jugadores se encuentren en su mejor estado físico en los momentos puntuales de la competición. Así ha ocurrido siempre con Guardiola. El Barça ganó este año la Supercopa de manera imprevista, dado que el equipo blaugrana se presentó en el Bernabéu en agosto sin apenas preparación y con Messi calzado con las chancletas de la playa. Sin embargo, contra todo pronóstico, el Barcelona ganó a un Madrid que preparó a conciencia aquella competición.



Y ese es el problema. Mourinho ha exigido a sus hombres el máximo desde agosto y ahora los ha quemado. El Madrid se ha quedado sin gasolina. Les ha exigido el máximo en todos los partidos y ha conseguido unos guarismos inhumanos. Pero restan todavía once partidos y no parece que sus jugadores estén en condiciones que batir los records galácticos que se les han atribuido prematuramente. El tropiezo ante el Málaga y las victorias "sufridas" en Vallecas y Benito Villamarín, por la mínima y recurriendo a los favores arbitrales, así lo confirman. En el Barcelona, en cambio, las cosas se han hecho de manera bien diferente. Como ya es tradicional, Guardiola ha planificado la temporada con dos puntas y dos bajones previos en los ciclos físicos. La primera punta de poderío físico se produjo en el mes de diciembre, coincidiendo con el partido liguero del Bernabéu (1-3) y con el Mundial de Clubs brillantemente conquistado en Japón. Antes y después, en noviembre y en enero, el equipo se tomó un descanso físico que justificó diversos resultados negativos. Pero lo malo ya ha pasado y ahora el Barcelona se apresta a vivir su momento pletórico de la temporada coincidiendo con el final de la Liga, Copa y Champions League. El Barça es un equipo ascendente que va a más. El Madrid es un equipo descendente que va a menos.

Es normal, pues, que después de disfrutar del pinchazo del Real Madrid ante el Málaga la euforia se haya disparado en el barcelonismo recordando recientes antecedentes protagonizados por el Dream Team, del que Guardiola formaba parte activa como protagonista, remontándole al Real Madrid diferencias mayores a la actual (la victoria se cotizaba entonces con dos puntos) y proclamándose campeón en la última jornada en Tenerife. De momento el Barça ha ganado los tres títulos ya cerrados (Supercopa de España, Supercopa de Europa y Mundial de Clubs) y tiene sus opciones intactas en los tres que restan por concluir: Liga, Copa y Champions League. Es decir, que el Barcelona podría repetir los seis títulos de hace dos años (cien por cien de efectividad), mientras el Real Madrid, que ya ha perdido dos títulos (Supercopa y Copa), sólo puede aspirar a conseguir dos: Liga y Champions.

Sucede que Mourinho es consciente de las dificultades que va a encontrar en lo que resta de temporada. Por eso vuelve a acordarse de los árbitros. La cosa tiene su punto cómico habida cuenta de que el portugués reclama penaltis que no se le pitan. Eso lo dice el entrenador que se ha visto favorecido con un mayor número de penaltis a favor (10) y con menos en contra (0). Pero Mourinho siempre quiere más. Nunca tiene suficiente. De cualquier forma, volver a acordarse de los árbitros en el primer tropiezo que tiene el Madrid desde que el Barça le ganó en el Bernabéu en el mes de diciembre indica muy a las claras que el pánico se ha instalado en el vestuario blanco. De ahora en adelante volveremos a escuchar a Mourinho en estado puro, al Mourinho más maleducado. Ya no necesitará delegar en su bufón para inundar de obscenidades el twitter. Mourinho es el primero que sabe cómo se encuentran sus jugadores, por eso intentará a partir de ahora marcar en las ruedas de prensa los goles que no consiga Cristiano Ronaldo. En el amedrentamiento al colectivo arbitral Mourinho se ha mostrado como un auténtico maestro.



Pero al nivel ascendente del Barça y descendente del Real Madrid se suma una nueva variable: el calendario. Al Real Madrid le resta un calendario mucho más exigente que el que tiene por delante el FC Barcelona en las once jornadas que restan de Liga. Existen argumentos fundados que permiten concluir que ocho puntos no son nada. Para empezar, el Barça está obligado a no pinchar y, por supuesto, a ganar al Real Madrid en el clásico del Camp Nou (esta vez no será necesaria otra manita). Así las cosas, la diferencia que separaría a ambos equipos sería de cinco puntos. Es decir, un empate y una derrota más, o tres empates ¿Y dónde se dejará el Madrid los cinco puntos? Por ejemplo, pasado mañana en El Madrigal, ante un Villarreal desesperado y con entrenador nuevo. Por ejemplo, en las visitas a Pamplona (plaza históricamente complicada), en el Calderón (en donde Cholo Simeone quiere cambiar el rumbo de la historia reciente) o en San Mamés (en donde el Manchester United puede salir humillado). Además, Valencia y Sevilla pueden repetir el susto del Málaga en sus visitas al Bernabéu. Queda claro que, ganando el Barça el clásico, la Liga se tiñe de blaugrana. Un empate y una derrota blanca (o tres empates) son perfectamente factibles.

El "Espíritu del Dream Team" vuelve a acongojar al Real Madrid, un equipo que estaba llamado a batir todos los récords y que dudaba entre recibir los honores del pasillo o cantar el alirón en su visita al Camp Nou. Vendieron la piel del oso antes de cazarlo y ahora se pueden llevar un susto de muerte. Y sin olvidar que queda pendiente una final de Champions League, a la que pueden llegar ambos equipos y en la que Mourinho podría recibir el puntillazo definitivo de una temporada en la que se las prometió muy felices y que bien podría acabar en blanco. Es tanto lo que no ha ganado el Madrid en los últimos años que las famosas "urgencias históricas" de las que hablaba Valdano pueden acabar volviéndose en contra.




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