2012-09-19 23:09 Real Madrid Por: Administrador

Así recuperó a su equipo José Mourinho



Póngase usted en la piel de un entrenador cuyo equipo ganó una Liga de la forma más aplastante posible hace sólo tres meses, batiendo récords por aquí y por allá. Tiene a su disposición a la mejor plantilla del mundo. A unos jugadores jóvenes y con ambición, que han demostrado ser los mejores. Nunca, desde que es usted entrenador de ese equipo, han perdido el apetito por cosechar éxitos.

Después de una pretemporada sin sobresaltos, consigue mejorar aún más el nivel del equipo con la llegada de algunos futbolistas que aportan más soluciones a su equipo. Magnífico. Todo en el verano es positivo. No hay nada que indique que algo vaya a salir especialmente mal cuando empiece lo serio. Y lo serio empieza disputando un título a doble partido contra el eterno rival, el más fuerte de todos. Realizan un partido digno en la ida y uno en su mayor parte buenísimo en la vuelta. Se llevan el título. Todo parece seguir igual que el curso pasado, sin problemas.



Sin embargo, al comenzar la Liga, usted nota cambios en su equipo. Algo no es igual que la temporada pasada. No existe la misma intensidad ni el mismo hambre al correr, al atacar los balones, al moverse... su equipo es menos dinámico, controla menos las situaciones y ha perdido chispa e imaginación en ataque. Sufre mucho más en defensa. E individualmente, la mayoría de sus jugadores, esos que marcaban las diferencias el año pasado, no son ni la sombra de lo que fueron.

Esta situación, por lógica, provoca malos resultados. Se comienza empatando en casa ante un rival llamado a ser el tercero de la Liga. "Sólo es el primer partido, estaremos fríos y nos falta rodaje", piensa. "En seguida nos pondremos a tono", se dice. La situación no pasa a mayores hasta el siguiente partido, en el que su equipo juega aún peor a domicilio y pierde demostrando, además de todo lo citado anteriormente, una alarmante incapacidad para afrontar situaciones adversas, justo lo contrario que el curso pasado, en el que tenía la fuerza mental suficiente para levantarse. Una victoria en casa ante un rival, con todos los respetos, no demasiado exigente hace pensar que a partir de ahí vendrá el arranque definitivo del equipo, pero de nuevo se vuelve a perder de forma preocupante fuera de casa y volviendo a mostrar impotencia y falta de concentración, que no falta de ganas de vencer.

Es entonces cuando se da cuenta de que su equipo tiene un problema serio. No se trata de una falta de responsabilidad, sino de un bloqueo mental producido por los récords de la temporada pasada. Sus jugadores, algunos de ellos, siguen instalados en ella y juegan pensando que vencerán los partidos con la misma facilidad, pero esta partida es nueva. Hay que volver a recorrer el camino recorrido y parece que su equipo aún no ha cambiado el chip.



Si se echa todas las culpas, le criticarán por mimar demasiado a sus jugadores, y si les señala con el dedo, dirán que no asume su responsabilidad como técnico. Haga lo que haga, le van a atizar. Usted conoce mejor que nadie a su grupo y ha sabido siempre sacar lo mejor de la mayoría de sus futbolistas. Ninguno en los más de dos años que lleva como entrenador ha rajado de usted, algo sencillo de hacer hoy en día. Así que decide "picarles" y tocarles la moral. Decide engañar a todos y hacerles pensar que va a mandar a sus futbolistas al matadero. Utiliza su orgullo y su amor propio para hacerles ver que no están en el punto mental que deberían. Sale a una rueda de prensa y dice que están poco comprometidos, cosa que usted sabe que les va a escocer. Antes habrá hablado con ellos en privado y les habrá dicho lo mismo, pero de cara y de forma distinta. Es como pellizcarles cuando están dormidos. Al mismo tiempo, señala hasta por tres veces que el culpable de haber permitido esa relajación no es otro que usted.

Obviamente, a sus detractores no les va a valer que usted asuma su parte de responsabilidad y le señalan como culpable de que su propio equipo esté como está y como caradura que le echa la culpa a los demás para evitar que los malos resultados le salpiquen. Usted sabía que eso iba a pasar, y es precisamente lo que pretendía. Al mismo tiempo que ha conseguido picar a sus futbolistas para que despierten, les ha sacado del debate de la calle, en el que se ha puesto usted al frente. Si las cosas siguen sin salir bien será usted el apedreado y de esa forma protegerá a sus jugadores, porque usted sabe que sólo ellos pueden salvarle; Y al mismo tiempo sus jugadores saldrán al campo en un partido trascendental de Champions con la sensación de que tienen que ganar sí o sí. El resultado es el que todos vimos ayer. Su equipo gana y vuelve.

Ahora, se demuestra que su táctica ha funcionado. Ha conseguido lo que quería: Recuperar a su equipo. Sus detractores no podrán criticarle por no haber sabido motivar o sacar lo mejor del mismo a partir de ahora y sus futbolistas se han retratado a sí mismos y le han dado la razón, pues han demostrado ante todos que pueden jugar como jugaron ayer. La pelota, siendo usted en parte responsable, por supuesto, está en su tejado.

Así recuperó Mourinho a los suyos ayer ante el City, y así se tendrán que comer sus palabras todos aquellos que dijeron que se estaba lavando las manos tras la derrota en Sevilla y que estaba señalando a sus jugadores. Sí, por supuesto que les estaba señalando, porque sólo ellos podían salir del atolladero. Pero nunca ha escondido de su parte de responsabilidad. Responsabilidad, por cierto, que quedó patente durante todo el choque de ayer, primero con la alineación y después con la actitud de los once que estuvieron sobre el campo. A ver qué se inventan ahora para criticarle.


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