2011-05-04 13:05 FC Barcelona Por: Administrador

"Ayer, ahora y siempre con el Barça en el corazón"



Sí, sí. Fin de ciclo. Mourinho no da más de sí. Le han contratado para ganar. Porque es un resultadista nato y fiel a la norma de que él el fin justifica siempre los medios. Pero esta vez le ha salido mal. Ha perdido más tiempo disparando contra los demás en las salas de prensa que construyendo un equipo con futuro. Este Madrid da pena independientemente de lo que hagan los árbitros, que de eso hay mucho que hablar. Y como a Mourinho no se le ha fichado para jugar bonito sino para ganar, hay que concluir que la Copa no colma las aspiraciones de Florentino Pérez, que ha enterrado 400 millones en esta plantilla y ha vendido su alma al diablo  Mourinho a cambio de una pobre propinilla.Y ya vamos por el tercer año.

El precio de los medios empleados por Mourinho le va a salir muy caro al Madrid. La teoría de la conspiración judeomasónica contra el templo inmaculado madridista pasará factura. Si había algún árbitro que no le tuviera ojeriza al Madrid, ahora se la tendrá. Si la UEFA no tenía nada contra el Madrid, ahora lo tendrá. El Real Madrid no se ha convertido, gracias a Mourinho, en el mejor equipo de Europa sino en el equipo más odiado y antipático del continente. Eso hay que agradecérselo al soberbio técnico portugués. El club, como institución, no tiene la culpa, pero apostar por Mourinho tiene estos riesgos. Además, Mourinho no engaña a nadie, ni a Valdano. Y Florentino ya sabía lo que hacía cuando le fichó. Tiene lo que buscó. Y lo que ha buscado es un Real Madrid, su Real Madrid, famoso por sus llantos, sus quejas, sus denuncias, y sus ofensas a los demás. Y no hablo sólo del Barça. La lista de agraviados es más larga que la de los errores arbitrales que le pasan a Mou. Ni Zidanes ni Pavones. Ni Cristianos ni ateos. Ni Kakás ni Benzemás. Esta súper plantilla, siguiendo las instrucciones de Mourinho, se ha convertido en una banda de tuercebotas más pendiente de llorar que de demostrar al mundo el fútbol exquisito que lleva en sus botas. Y este club, en manos de Mourinho y sus maquiavélicas y enfermizas maquinaciones, va camino de convertirse en el hazmerreir del mundo.



Además, si fuera cierto que la Real Federación Español de Fútbol le tiene manía al Madrid y que la UEFA le profesa una envidia insana, habría que preguntarse por qué. Sí, sí. ¿Por qué, por qué, por qué? ¿Quizá porque en los despachos el Madrid no se mueve con el mismo "acierto" que demuestra Mourinho en el banquillo? ¿Alguien hace mal su trabajo en esa santa casa? Mejor dejarlo así y esperar a que el reloj biológico acabe con la hegemonía del Barça. Mientras tanto, a llorar y a quejarse. Esa es la imagen que da al mundo el Madrid de Florentino, la de un equipo que no sabe perder y patalea como un niño cuando cree que alguien le ha quitado su juguete. Y lo hace zafiamente, como el tipo ese que plantificaron en la sala de prensa para dar un simulacro de explicaciones que rozó el esperpento. Hay que reconocer que para quejarse hay que tener gracia. Mou la tiene, pero el tipo ese daba pena el pobre.

Afortunadamente, siempre existe la posibilidad de abrir la ventana, asomarse al extranjero y respirar aire puro. Y lo que se dice por ahí, en los cinco continentes, es coincidente: el Barça es el fútbol. El Madrid, otra cosa. El Madrid es la "cacería a Messi", por ejemplo, dicen en Alemania.

Y a estas alturas ya no sirve la excusa del árbitro. El año pasado, con el Inter, le expulsaron a Motta en el Camp Nou y su equipo pasó la eliminatoria y pudo ponerse ante los aspersores. Gracias también a su amigo, el árbitro Benquerenza, que se encargó de teñir de vergüenza esa Champions League de la que tanto presume. Pero de eso no habla Mourinho. No está en su guión el ejercicio de la autocrítica. Por eso los tiros van ahora hacia el árbitro. Seguramente para que nadie se pregunte por qué el Madrid disparó dos veces a puerta cuando necesitaba marcar tres goles en el Camp Nou. ¿A quién quieren engañar? Aquí no hay más táctica que cargarse de razones empujando a los jugadores a buscar la tarjeta roja para así poder llorar a gusto  luego. El Madrid pudo irse del Camp Nou con siete jugadores en el campo. Si eso no pasó, Mourinho debe agradecérselo a la piedad de ese árbitro al que maltrata. Y uno piensa que para jugar así no hace falta gastarse 400 millones en figuras de primer nivel. Once garrulos disciplinados y a otro coste podrían hacer ese mismo trabajo que pide Mourinho.



Era de esperar el mal perder madridista y que hablen de robos y atracos. Nada que ver con lo expresado por los perdedores barcelonistas en la final de Copa. Pero el estilo Mourinho se ha extendido tanto entre sus jugadores que uno piensa que ya nada volverá a ser igual incluso en la selección. Por cierto, que esos mismos jugadores, cuando demostraron al mundo que son los mejores, no recibieron denuncias de nadie por su comportamiento antideportivo. Claro, entonces vestían de rojo y estaban tocados por la mano de Dios.

Ahora quien les toca lo que no suena es Mourinho. Pero lo tienen ya superado. Los más viejos del lugar recuerdan a aquel traductor ambicioso que llegó al Barça para aprender. Le conocen muy bien y ya no les altera. Y los más jóvenes han aprendido a convivir con él, con el tipo que un día soltó en el Palau de la Generalitat: "Ayer, ahora y siempre con el Barça en el corazón". Será maquiavélico, pero cumplidor. Es cierto, lleva al Barça en el corazón. De hecho lleva más al Barça que al club que le paga. Y puestos a recordar, me viene a la memoria Figo en el mismo balcón celebrando un título del Barça: "Madrid, llorones, saludad a los campeones". ¡Cómo son estos portugueses!


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