2014-02-11 18:02 FC Barcelona Por: Administrador

¿Tiene Bartomeu al enemigo en casa?



Pedro Riaño

Los próximos meses van a servir para confirmar el clamor generalizado del barcelonismo reclamando elecciones anticipadas. En esa dirección se van a posicionar todos los que de una manera u otra tienen interés en postularse como candidatos a presidente. Agustí Benedito, Marc Ingla y los delfines de Joan Laporta, que todavía no ha dado la cara de forma oficial, ya se han preocupado de despejar dudas sobre sus criterios electorales. Existe unanimidad de criterios: Josep Maria Bartomeu está plenamente legitimado por los estatutos para agotar el mandato de Sandro Rosell en la presidencia hasta 2016, pero también coinciden todos en que, por ética y por estética, Bartomeu no puede continuar al mando del club porque no fue a él a quien escogieron los socios en 2010. Cierto que los votantes eligieron mayoritariamente la papeleta en la que ponía Sandro Rosell y su junta directiva, pero el nombre de Bartomeu no aparecía por ningún lado.



La presión externa será tremenda y no le ayudará en nada el referéndum del Camp Nou, que será utilizado por sus rivales como arma arrojadiza contra él. Pero si Bartomeu empieza ya a blindarse contra las agresiones externas en su objetivo de resistir hasta 2016, deberá andarse con mucho cuidado con lo que sucede dentro de casa. El ascenso de Javier Faus a número dos, el palo a Freixa condenándole al ostracismo lejos del foco mediático, el premio para Manel Arroyo, con la vicepresidencia de comunicación, y el olvido de Carles Vilarrubí para empresas de mayor enjundia marcan la reorganización del organigrama que ayer hizo pública el presidente blaugrana.

Y Bartomeu, aunque de puertas para afuera intente ofrecer una imagen de control, de unanimidad y de buen rollo en la junta, sabe que no va a poder aguantar por mucho tiempo el tapón sobre la caja de los truenos. En su propia junta un directivo, concretamente Carles Vilarrubí, aspira a ser presidente y ve con buenos ojos que esta junta dimita en pleno a final de temporada para convocar elecciones. De hecho, según informó en su momento Catalunya Ràdio, Vilarrubí, vicepresidente de relaciones institucionales, ya dimitió cuando se enteró por la radio de la intención de Sandro Rosell de dejar el cargo. Le convencieron en la trastienda del escaparate blaugrana, pero su compromiso con esta junta es tan limitado que si no convoca elecciones en junio será él quien se irá.

Vilarrubí entiende que la dimisión de Sandro Rosell suponía para él una excelente oportunidad para dar un salto hacia delante en la gestión del club que le permitiera labrarse un porvenir como candidato a presidente. Pero Bartomeu le ha relegado a su especialidad, las relaciones sociales e institucionales, alejándole del puesto de mando de la nave blaugrana. Ni voto económico ni voto deportivo. Va de oyente. Vilarrubí entiende que su actual situación, lejos de favorecerle, entorpece sus aspiraciones de vertebrar una candidatura con cara y ojos que pueda aspirar a la presidencia.  Su complicidad con sus compañeros de junta es escasa y su dimisión está más que cantada al término de la temporada si es que Bartomeu consigue frenar las elecciones.



En caso de que los caprichos del balón jueguen en contra de la actual junta y la obligue a convocar elecciones, allí estará Vilarrubí compitiendo con Benedito, con el candidato de Laporta, el candidato de Soriano y la opción continuista de Bartomeu y Faus. Ahora están juntos, pero no revueltos. Mañana estarán enfrentados. La maquinaria de Convergencia i Unió y los apoyos de la gente guapa de la sociedad civil catalana se pondrán a disposición de un candidato en ciernes que necesitará de mucho maquillaje para alejarle de la imagen de desconfianza que genera entre la masa social barcelonista, que ve en él a un hombre tan capaz de pactar con el diablo como con Florentino Pérez.



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