2011-09-18 22:09 Real Madrid Por: Administrador

Con uno menos y sin pegada no se puede ganar (1-0)



Benzemá y Kaká pudieron marcar y el Madrid pudo ganar. Pero tampoco hubiera sido justo. El Real Madrid no ha respondido en el Ciutat de Valencia a lo que puede y debe esperarse de la calidad de esta plantilla. Cierto que el árbitro desvirtuó el partido aplicando reglamento de una manera para el Levante y de otra para el Real Madrid. La jugada de la expulsión de Khedira, que marcó el partido, es un ejemplo claro. Di María recibe un manotazo de Iborra y éste queda sin sanción. Khedira aparta a Ballesteros de Di María y se lleva la roja. Nada nuevo en lo que ya empieza a ser tradicional en el comportamiento de los árbitros españoles. El Madrid no puede culpar al árbitro de su derrota, pero es evidente que no salió beneficiado del rifirafe que se organizó en el campo.

El equipo blanco tuvo que luchar contra el Levante y contra el árbitro, pero también contra su propia inoperancia. Tuvo el dominio del partido y la posesión del balón, pero esta vez careció de pegada, su principal virtud. El resultado es doloroso porque ya el año pasado el Madrid pinchó en este escenario (en aquella ocasión con un empate) y este partido debia ser afrontado de otra manera, a modo de revancha, con una motivación especial. Pero los once futbolistas que Mourinho puso en juego en el Ciutat de Levante saltaron al césped con un preocupante exceso de confianza que no les sirvió para ganar.



Mourinho reservó a Cristiano Ronaldo y a Özil. Demasiada ventaja para el rival. Por lo visto en Valencia, este equipo tiene una dependencia excesiva de ambos jugadores. CR7 salió en la segunda mitad, arriesgando su integridad física (recordemos que el miércoles le aplicaron tres puntos en el tobillo). Özil salió más tarde, justo en cuanto marcó el Levante. Demasiado tarde, ni uno ni otro llegaron a cogerle el aire a un partido trabado en el que los jugadores de Levante, siguiendo la moda que se va imponiendo en el fútbol español, intentaron engañar al árbitro haciendo teatro y, de paso, sacar de quicio a los defensores madridistas, que acabaron viendo tarjetas amarillas en las personas de Coentrao y Pepe.

Al Madrid le faltó ese orden tan habitual en los equipos de Mourinho. La delantera apenas creó peligro ante la portería de Munúa. Ni con Benzemá y Kaká ni con Higuaín y Cristiano. Capítulo aparte merece el brasileño. Se supone que debería comerse el mundo en cada oportunidad que se le presenta, y en Valencia jugó como si la cosa no fuera con él. Preocupante.

Lo mejor de esta derrota es que no es irreversible. Llega en buen momento y debe servir de escarmiento para no volver a tropezar nunca más con esta piedra. Hay tiempo por delante para enmendar el error y hay que confiar en Mourinho para que resuelva las insuficiencias mostradas por un equipo que nada se pareció al de estreno liguero en La Romareda.



Vamos a olvidarnos de este partido, que ya vendrán tiempos mejores.


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