2012-09-19 18:09 Real Madrid Por: Administrador

Cristiano consuma un grito de rabia del madridismo (3-2)



Y si algo más que un botín inmerecido es lo que pudo sacar el City fue porque lo que estaba en juego esta noche en el Bernabéu eran algo más que tres puntos. Se había colocado en el disparadero a una plantilla señalada por sus malos resultados, por dos derrotas en Getafe y Sevilla y una imagen pésima, muy lejos del equipo agasajado de elogios del año pasado. El Madrid estaba jugando mal, pero además se había puesto en duda el compromiso mental de unos futbolistas que si algo han demostrado en los últimos dos años ha sido esfuerzo. Eso toca el amor propio y despierta la rabia.

Y precisamente eso es lo que había pretendido Mourinho estos tres últimos días. Despertar la rabia y mandar un mensaje de alerta, atizar en el gen competitivo de sus hombres que parece, habían perdido en los últimos tiempos. Aun poniéndose al frente del desastre les hizo ver que sólo ellos podían salir del atolladero. Por si alguien andaba despistado sacrificó a Ramos como simbólica cabeza de turco (no se engañen) y aviso a navegantes: Nadie es intocable, la situación es seria. Colocó a un inédito Varane de titular en un partido difícil, de Champions y frente al City en el Bernabéu, cargado de exigencias; Hizo debutar a Essien al lado de Khedira y Alonso y sacrificó el talento a medio gas de Özil y a tiempo completo de Modric por las ganas y la intensidad de Di María. El riesgo ante un público expectante de triunfo y de actitud era grande.



Y no le salió mal. A los trivotes hay que medirles por su actitud en el campo y no por su apariencia, y el que dispuso el técnico portugués esta noche ante los 'Citizens' fue inteligente y práctico. El equipo, que había pecado de tremendos huecos en su centro del campo ante el Sevilla, de repente se hizo solidario y articulado. Xabi encontraba socios. Se presionó con más intensidad y más cabeza y se adelantaron las líneas varios metros. El resultado fue un Madrid ágil y rápido en la recuperación, con ganas de ir arriba y buscar el gol y con menos agobio en las transiciones defensa-ataque. El equipo de Mancini apenas la olió en los primeros 20 minutos.

Mancini, un técnico con un plantel de enorme potencial a su disposición y con una mentalidad acorde a un equipo de menos calado. Su trivote Touré-Barry-Javi García y la ausencia de talento arriba más allá de Silva, que se marchó aclamado del Bernabéu (recado de la grada a Florentino y Mourinho) destellos de Nasri y la solidaridad de Tévez (qué mérito el de éste último), se hizo inútil ante el dominio del Madrid y evidenció una falta de fútbol que el equipo inglés tendrá que encontrar en el futuro si quiere aspirar a algo en esta competición. 

 
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Si hablamos de actuaciones individuales, en ataque sobresalieron las alas, con un Cristiano que a los pocos minutos ya se había metido en el bolsillo al tímido sector del Bernabéu que le había dedicado pitos al saltar al campo por sus últimas declaraciones. Hasta dos veces pudo marcar antes del minuto 15, desnudando las carencias de un Maicon que quedó retratado en la que él quiso que fuese su casa este verano. Hart evitó los dos primeros tantos con dos buenas estiradas. Hasta cuatro veces más llegó con peligro el Madrid al área del City en los siguientes 15 minutos. Hart evitó el gol de cabeza de Higuaín tras un disparo del portugués y hasta Arbeloa probó suerte desde la frontal. El otro gran protagonista del ataque blanco de la noche, Di María, no paró de trazar diagonales y meter balones a la espalda de una desbordada defensa.



Pasados los primeros 35 minutos, el encuentro se fue calmando y el Madrid se tomó un respiro. Eso no dio lugar a un mayor dominio territorial del City, aunque los ingleses dispusieron de dos acercamientos con peligro de la mano de Silva y Touré, los dos únicos que parecían tener algo claro en medio del caos reinante en sus filas. Poca cosa para lo que se esperaba.

Tras el descanso, el encuentro sin embargo comenzó con menos intensidad que en la primera parte. Curiosamente, el City había tenido que sustituir a un lesionado Nasri por Kolarov en el minuto 37, y lejos de hacerse más defensivo el lateral balcánico le dio mucho aire a los 'Citizens' por el carril izquierdo y comenzó a llevar ataques con peligro que exigieron a Arbeloa a emplearse a fondo. El Madrid dominaba pero no marcaba y el encuentro entró en esa fase en la que por la cabeza pasa más el hecho de no haber anotado todavía que el de estar jugando mejor. Fue entonces cuando empezaron a sobrevolar los fantasmas de Getafe y Sevilla. Mucho control y poca efectividad. Mucho ruido y pocas (y necesarias) nueces.

Y en estas, cuando la grada no quería imaginarse lo que podía pasar, pasó. En la única jugada bien trenzada por el City en todo el encuentro, Pepe se pasó de ímpetu y no acertó a cortar un balón que dejó en inferioridad a la zaga madridista a la contra. Touré acertó y dejó sólo a Dzeko, que engañó a Casillas. El Madrid volvía al escenario del horror, al esfuerzo sin premio y con varapalo en contra.

Lo que siguió entonces fue el marco de partido que el madridismo adora y en el que se mueve como pez en el agua. 20 minutos para sacar la casta, la rabia, el orgullo y los tanques al césped. El equipo se fue a asediar la portería de Hart luchando contra su rival y contra las injusticias de un mundo en su contra. Tras dos soberbios misilazos, Marcelo fue a empatar en el tiro más inverosímil, tras un recorte y con la derecha. Tocó el balón en un defensa para despistar al portero y pensamos todos que la justicia divina había hecho acto de presencia, pero el destino tenía reservado otro plan aún más épico. En el 85' Kolarov se sacó un golazo desde lejísimos en una falta lateral (otra más) que se coló por el palo largo de Casillas. No parecía posible levantarse. Fue entonces cuando apareció Di María para volver a realizar una de sus incansables diagonales y ceder a Benzema, que fue a regresar en el momento más oportuno con un golazo tras una maniobra a la media vuelta marca de la casa, que parecía olvidada. Y para terminar, Cristiano. Recorte hacia dentro en el último minuto, chut con potencia abajo, y el delirio. Mourinho lo celebró como si el partido fuese el último de esta Champions y el público gritó de rabia como ensayo de décima. El equipo ha vuelto, y todos esperan que sea para quedarse.


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