2015-03-11 18:03 FC Barcelona Por: Administrador

Cristiano Ronaldo los tiene a todos engañados



Cristiano Ronaldo ha disputado en España cinco Ligas y va camino de saldar la sexta con un pobre título en su haber. Sería uno sobre seis. Ha participado en cinco Champions League, sin contar la actual, y ha ganado una. Y ha jugado seis Copas del Rey y ha obtenido  dos títulos. Total, 4 títulos sobre 16. Es decir, un título de cada cuatro competiciones en las que toma parte. Poco, muy poco para el futbolista más caro del mundo. Poquísimo para quien está obsesionado con ser el mejor. Una miseria para ese entorno fiel que le ríe las gracias, los caprichos y las rabietas.

Cristiano Ronaldo es un vulgar aprendiz de Di Stéfano en el Real Madrid. Muy vulgar. Di Stéfano llenó de títulos las vitrinas del club. Cristiano no. Es un muy buen jugador. Sólo eso. La grandeza de un futbolista se mide por la gloria que proporciona al club que le paga. Y Cristiano Ronaldo le ha dado muy poca gloria al Real Madrid y en cambio ha conseguido ganarse muchas antipatías por esa forma de ser chulesca y prepotente que no invita a la admiración y sí en cambio a la animadversión. El chico cae mal, en general, y se lo gana a pulso. Siempre yo, yo, yo y yo. Juega para él. Celebra sus goles como si le fuera en ello la vida. Sus goles. No los de su equipo. Él salta al césped a sacarle brillo a su nombre y a su apellido. Y chuta y chuta y chuta para acrecentar su leyenda de goleador. Su leyenda particular. Y se enfada cuando otro decide disparar sin pensar antes en  darle a él la pelota.



Nada que ver con el concepto que tiene Leo Messi del fútbol. Paredes, combinaciones, asistencias... Messi es uno más. No es uno cualquiera, es el que mueve a todo el equipo, pero es uno más del engranaje. Puede estar soberbio sin necesidad de marcar. Cristiano Ronaldo no. Lo suyo es el gol. Si no hay gol es un futbolista vulgar. Ante el Schalke fue el que menos corrió de su equipo y sus dos goles no sirvieron para ganar ni para evitar la humillación ante los ojos del mundo, aunque el Madrid pasara la eliminatoria.

Alguien debería pararse a pensar en Madrid, con la perspectiva del tiempo, qué ha aportado este futbolista a la historia del club. Balones de Oro, Botas de Oro, pichichis... Títulos individuales. Distinciones que precisan de la colaboración de los demás. Y pocos, muy pocos títulos colectivos. Pero da la sensación de que Cristiano Ronaldo ha revertido el significado del concepto de madridismo. Hasta su llegada parecía que el aficionado del Real Madrid deseaba los éxitos del Real Madrid. Ahora parece que se conforma con los éxitos de Cristiano Ronaldo. Incluso el madridismo forofea con la selección de Portugal porque ahí está su amado ídolo, el mismo que es tan capaz de conducir al desastre a su equipo como a su selección.

Una Liga sobre cinco, que pueden ser seis, le deja retratado. Los tiene a todos engañados. Tirando de marketing hace ver que es el mejor. ¿Y de qué le sirve eso al Real Madrid? El día que Cristiano Ronaldo llegó al Real Madrid Florentino Pérez le dio una patada en el culo a Arjie Robben. Sobraba. Pudiendo tener al mejor, ¿para qué conformarse con segundones? Desde ese momento, Robben no ha parado de ganar títulos en el Bayern Múnich. Muchos títulos. Muchos más que los que le ha dado al Madrid el que vino a mejorarle. Robben no es de los que se van de fiesta después de perder por 4-0. Tampoco se cree el más guapo ni el más rico del universo, aunque sí puede aspirar a ser el más bueno si la bondad de un futbolista se mide por lo que produce y no por lo que vende. Cristiano Ronaldo es un gran vendedor de humo. Cuatro títulos sobre 16 posibles es humo. Sólamente humo pagado a precio de oro. Pero siempre encontrará a un pardillo dispuesto a regalarle una fortuna a cuenta de los bolsillos de los socios simplemente por parecer que es el mejor. Eso parece.




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