2013-04-30 23:04 Real Madrid Por: Administrador

El reloj cortó la épica antes de tiempo (2-0)



Todo lo que se había hablado, dicho y escrito durante una semana se hizo de forma exacta antes del choque. El ambiente olía a noche épica. 10.000 personas recibieron al equipo para meterle en vereda, para extramotivar a unos futbolistas que debían salir con el cuchillo entre los dientes. Y sería injusto decir que no lo hicieron. Las pitadas al Dortmund, los gritos y el clima infernal se reprodujeron con metódica precisión. Todo, como decimos, era perfecto... Todo menos lo más importante.

El gol. En ese decálogo no escrito en todos los manuales de remontadas históricas y en todas las 'batallitas' contadas por los protagonistas de épocas pasadas, una de las máximas suponía marcar en los primeros minutos. A los tres, a los diez, o a los quince, pero hacerlo rápido. Darle pronto gasolina fresca al incendio. Y el equipo lo intentó, de veras que sí. Pero falló lo imperdonable.



A los quince minutos, podíamos contar tres ocasiones claras: Un mano a mano que Higuaín estrelló en Weindenfeller, un remate de tijera de Cristiano y otro envite de Özil contra el portero. Demasiadas balas malgastadas que hubieran puesto el 'cagómetro' altísimo en el Dortmund. Pero ni Webb ayudó, tragándose un penalti de Hummels a Higuaín, y a partir del minuto 20 los alemanes empezaron a asentarse en el campo.

Era el peligro más grande. El arreón inicial contemplaba al menos un tanto, y no hacerlo suponía una pequeña losa mental para el equipo. Y un pequeño aliento para el Borussia, que poco a poco adelantó líneas y volvió a dificultar el juego del conjunto blanco como ha hecho en los cuatro enfrentamientos entre ambos esta temporada. Fue entonces cuando Modric y Özil, muy en contacto con el balón en los primeros instantes, perdieron protagonismo. Xabi volvió a verse ahogado, como en la ida y en la fase de grupos. Sin Götze, perdido por lesión a los doce minutos, pero con un Lewandowski que rezuma peligro sólo con acechar el área, el Madrid se dio cuenta de que tocaba guardar la ropa para evitar el desastre. La impotencia dio paso al juego en largo y las imprecisiones, y todo el Bernabéu comprendió que el final de los primeros 45 minutos sin encajar goles fue la mejor noticia posible.

El descanso suponía un reseteo psicológico, y en la segunda mitad volvió el empuje y parte del fuelle. No el fútbol del inicio. Mourinho aguantó hasta que el embotellamiento al Borussia volvió a ceder, y tras dos ocasiones clarísimas de Lewandowski, que reventó el larguero de Diego López, y un paradón del guardameta a bocajarro ante Gundogan que recordó al mejor Casillas, decidió jugársela. Quitó a Coentrao y a Higuaín para meter a Benzema y a un Kaká que, esta vez sí, pensó con acierto y jugó incisivamente entre líneas.



Fue entonces cuando el milagro pudo ser posible. Benzema marcó en el 82 por puro empuje y al Dortmund le entraron las dudas. En el 89, Ramos, ya de delantero centro, machacó el 2-0 y el Bernabéu explotó. Ante los gritos de "sí se puede", a los alemanes les atenazó el pánico. Quedaban cinco minutos de añadido para vencer o morir. Y el equipo murió con un remate de Sergio que se escapó por centímetros.

El estadio ovacionó a unos hombres que rozaron lo sobrehumano físicamente, pero a los que les faltó tiempo. Probablemente, no sólo ese tiempo malgastado en el primer cuarto de hora, sino el tiempo perdido en una segunda parte horrible en Alemania. Queda el orgullo. 


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