2016-10-04 15:10 Real Madrid Por: Administrador

De Pep Guardiola a Benítez: Se desinfla el globo Zidane



Pedro Riaño Hasta hace apenas unos días, la Caverna madridista, la misma que criminaliza a Luis Suárez y que considera que las agresiones de Cristiano Ronaldo son "cosas que pasan", infló, infló e infló el globo de Zinedine Zidane con la ilusión de hacer de él el Guardiola que el madridismo nunca ha tenido. Quizá por eso lo compararon con Pep Guardiola magnificando unas gestas que llegaron a igualar -que no a superar- los récords victoriosos del entrenador catalán con el club de su tierra. Zidane, muy madridista, pero nada madrileño, se quedó con las ganas de superar a Guardiola porque sus jugadores se cansaron de tanto mensaje celestial que les llega de la claca mediática y, encadenando cuatro empates, han conseguido un cambio de rumbo en las comparaciones. El "efecto Zidane" ya no puede compararse con los registros de Guardiola. No está a su altura. Y ahora lo comparan con López Caro, el último precedente en el club blanco con cuatro empates seguidos, y con Rafa Benítez, ese tipo tan horroroso al que había que echar del Real Madrid porque ni tenía el glamour de Zidane ni meaba colonia como él. Además, estaba gordo. Pues bien, el glamouroso Zidane, el del efecto, no ha logrado en su primer inicio de temporada con el Real Madrid mejorar los registros de Rafa Benítez. A estas alturas de la Liga, los mismos puntos. El año pasador estas fechas la Caverna era un clamor reclamando el cese de Benítez para poner en su lugar a Zidane. Con los mismos resultados y las mismas o mayores dudas en el juego -¿juega a algo el Real Madrid?- nadie se atreve ahora a alzar la voz contra Zidane. Seguramente porque era muy fácil machacar a Benítez, había permiso, y en cambio ahora el poder establecido puede enfadarse si de Zidane se dice algo que no sea que es el mejor. Y en eso están, tratando de justificar los pobres resultados de un equipo que falla claramente en su actitud. Y ese es un tema que depende claramente del entrenador. El efecto Zidane se ha convertido en defecto.

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