2011-12-23 17:12 FC Barcelona Por: Administrador

¿Dónde están las entradas de París? III



Reventa oficial con las entradas de los socios
Determinados medios de comunicación sorteaban entradas para la final de París que no llegaron nunca a manos de los socios. Otros fletaban un avión para invitar a sus clientes, proveedores y anunciantes. Agencias de viajes, como Marsans y Crisol, ofrecían packs con vuelo y entrada a 1.985 euros, triplicando  los precios oficiales, ya de por sí altos. Reventa pura y dura. ¿De dónde salieron esas entradas? Si lo hubiesen aclarado no hubiera quedado lugar para la duda. Pero no lo hicieron. Y la duda persiste a día de hoy.
El 28 de abril de 2006 El Periódico informaba de que “una empresa agota en minutos las 60 localidades de que disponía para asistir al encuentro a todo lujo. Cena, partido y noche parisina por 2.500 euros”. Se trataba de ADMeetings, “especializada en montar espectáculos hiperpijos”. ¿De dónde sacaría esta empresa sus 60 entradas? ¡Qué misterio más grande! ¿O no?

Sala i Martín, el amigo del presidente, con 18 entradas
Xavier Sala Martín, presidente entonces de la comisión estatutaria y económica, amigo de Laporta y, como tal, nombrado a dedo para el cargo, presumía en Catalunya Ràdio de 18 entradas. “Todas de pago, ¡eh!”. Como si las que llegaron a manos de los socios fueran de regalo. Faltaría más. Las entradas iban y venían mientras en Barcelona unos 60.000 socios (72.680 peticiones) que habían mostrado su deseo de vivir la gran fiesta del barcelonismo en directo debían conformarse viéndolo por televisión. Sus localidades estaban ocupadas en la mayoría de los casos por auténticos gorrones.
En el momento culminante de la temporada, cuando el culé tiene la oportunidad de ejercer y presumir de su barcelonismo en una gran final, quienes accedieron al poder con el apoyo mayoritario de los socios se encargaron de hacerles despertar de su sueño. El Barça ganó el título, pero el socio descubrió que en este nuevo orden blaugrana “Primer no és el Barça”, como rezaba el slogan electoral de Laporta, primero son los compromisos de los directivos, que no necesariamente tenían incluso por qué ser barcelonistas.

¿El compromiso no era el socio?
Josep Maria Artells definía finamente la situación en Mundo Deportivo con un título suficientemente explícito: “El socio es el compromiso”. “El gran reto de esta directiva –decía Artells- es aplicar la plena transparencia en la distribución de las 20.902 entradas de París. Un año antes de 1992 e interrogado por el periodista Josep Cuní, el consejero delegado del COOB-92, Josep Miquel Abad, sentenció de forma lapidaria el espíritu de justicia y transparencia que se aplicó en los sorteos para los boletos olímpicos: “Si mi madre me pide entradas irá a la cola de Banesto, como todo el mundo.
El Arsenal ha dispuesto 20.500 entradas para sus socios y ha establecido unas prioridades para lograrlas entre su masa social: primar como un derecho adquirido la fidelidad en los desplazamientos. Es un modo de hacerlo, tan lícito como el que ha ideado el Sevilla para su final de Eindhoven: por orden de veteranía, diametralmente opuesto al del Barça que ha aceptado socios de días u horas. Seguramente los compromisos del Barça, que representa lo que representa, son más numerosos que los de un club de barrio de Londres, pero el reto del club es erradicar las atmósferas de amiguismo en contra de los intereses de los socios. Todo este delicado asunto es una prueba de fuego y lo que menos ayuda a esta directiva del cambio aplazado es que sus palmeros oficiales vayan justificando las 30 entradas del ala que se han autoreservado por barba
”.
El aparato propagandístico se había encargado de extender durante aquellas fechas que la culpa de todo la tenía la UEFA, por retener un tercio del aforo del estadio para sus compromisos. Ciertamente, éste es otro tema intolerable, pero para eso el club está brillantemente representado en el G-14 por el propio Laporta y Soriano, y a ellos hay que exigirles, en nombre y defensa de los intereses de los socios del Barça, que levanten también ahí alfombras y trabajen para poner coto a los desmanes que pudiera cometer el máximo organismo europeo. Sin embargo, no era ése el tema. La cuestión es que de las 21.000 entradas recibidas por el club, sean muchas o pocas, el orden de prioridades establecido por la directiva dejaba en muy mal lugar a los propietarios del club, los únicos que deben preocupar a los directivos: “tan se val d´on venim”. Lamentablemente, en el reparto de entradas era importante saber d´on venim y qué grado de poder, influencia o amistad tiene uno para acceder a ellas”.



joan laporta madrid-barcelona.com


Primer, los árbitros
Según La Vanguardia, hasta los árbitros tenían preferencia sobre los dueños del club: “510 entradas serán para los directivos (30 para cada uno de los 17 miembros, de las 980 previstas como compromisos institucionales), 1.022 para patrocinadores, 800 para jugadores, cuerpo técnico, federación y comités de árbitros y 100 más para los veteranos del casal de l´Avi”. Lo que nunca se supo es la identidad de los patrocinadores y patrocinados. El socio lo hubiera agradecido, aunque sólo hubiera sido para hacer honor a ese concepto de la transparencia con el que Laporta gustaba llenarse en vano la boca.



Los directivos…¡pagando!
Decía Laporta el 9 de mayo de 2006 en Mundo Deportivo: “1.450 entradas han sido para los jugadores, porque son lo más importante; 550 para los sponsors; el resto, compromisos institucionales, 3.000. Los directivos, pagando, nos hemos quedado con 30 cada uno”. ¡Sólo hubiera faltado que no las hubieran pagado! Luego se supo que los más importantes, los jugadores, tenían asignadas 15 entradas por cabeza, pero finalmente se hicieron con 20 después de protestar airadamente por el trato de favor que tenían los directivos. De ser cierto lo que afirmó Laporta, que los jugadores se llevaron 1.450 entradas, su cupo habría sido de casi 60 entradas por cabeza. Otra mentira.

El reparto según El País
Socios y aficionados
:18.000
Sorteo: 8.000
RACC: 6.000
Peñas: 3.500
Medios comunicación:500

Club: 2.902
Compromisos institucionales: 980
Gestión deportiva: 800
Patrocinadores y departamentos: 1.022
Veteranos: 50
Casal de l´Avi: 50
Curiosa distribución. Las 500 entradas asignadas a medios de comunicación entraban dentro de las adjudicadas a socios y aficionados.

Indignación entre los socios
El 3 de mayo de 2006 Eduard Pérez, de Terrassa, publicaba una carta en El Periódico: “Es vergonzoso que los 140.000 socios sólo tengamos derecho a 14.000 entradas mientras que a los 17 directivos, que han sido elegidos por nosotros, les corresponda 30 a cada uno. Es indignante que nosotros tengamos un 19,4 % de posibilidades de obtener entrada y otros tengan 30 y las puedan ofrecer a gente que ni es socia. ¿Para qué llevo 30 años pagando? ¿para que venga una final y 30 amigos del presidente al que voté puedan ir a la final y yo no?”. Efectivamente, eso era lo que votó: “Primer el Barça”.

La distribución del RACC
Las 6.000 entradas del RACC se agotaron en dos horas en las 81 oficinas repartidas por toda España. En Diagonal se atendieron 14 solicitudes; en Sant Cugat, 5; en la calle Galileo, 7; en Lliçá de Vall sólo 2, en l´Hospitalet, 11… Los números no cuadraban. Sebastià Salvadó, presidente del RACC, afirmaba: “El sorteo se ha hecho tan limpio que nadie puede decir nada”.

Las peñas, maltratadas
El 7 de mayo de 2006  Sport informaba de que “las peñas barcelonistas se consideran maltratadas, cuando no marginadas en el reparto de localidades”. Bajo el titulo “Las peñas no van a París”, Carmina Planells, en su condición de peñista, hacía pública una carta abierta en la que entre otras cosas decía: “No, las peñas no podrán ir a París, como tampoco han podido ir a Londres, Lisboa o Milán. No hay entradas para las peñas pero el club devuelve entradas al Benfica y al Milan porque no ha podido venderlas y el resultado es que nuestro equipo no está rodeado del calor blaugrana (…) El club ha dicho que para las peñas hay 3.500 entradas, pero resulta que en este paquete incluyen 200 para el área social del club y para los empleados del departamento de peñas. Estos dos colectivos no tienen nada que ver con una peña (…) Así las cosas, cada peña tendrá 3 o 4 entradas”.

La culpa, de la Casa Real y la UEFA
Y el 13 de mayo, en El Nou, Jordi Basté se preguntaba “Por qué la Casa Real española no es transparente y explica, entre seguridad personal y miembros del entorno de la misma monarquía, cuántas entradas ocuparán en el palco o en las proximidades del estadio Saint Dennis?”. Le pedía transparencia a la Casa Real. Como si el escándalo del reparto de las entradas fuera responsabilidad de la Casa Real. Ni una sombra de duda, por supuesto, sobre la particular interpretación de la palabra transparencia por parte de Laporta.
Hablaba Basté del “espectáculo infame que ha hecho la UEFA con el reparto de las entradas”. A eso se le llama desviar la atención. Era evidente que Laporta tenía bien controlado el escenario mediático, lo que no trascendió es a qué precio. Los medios, para lavarle la cara a la gestión de la directiva, aseguraron que Laporta intentó hasta el último momento negociar con la UEFA una ampliación del cupo de entradas destinado al Barça. No lo consiguió. Otra gestión deficiente del presidente en la defensa de los derechos de sus representados.

El RACC decide finalmente apostar por la transparencia
La indignación entre los aficionados iba en aumento y el RACC iba perdiendo fuerza moral para mantener en pie esa pantomima del reparto de las entradas que no se sostenía de ninguna de las maneras. El 13 de mayo una página entera de publicidad del RACC en los diarios informaba de que “siguiendo las instrucciones del FC Barcelona, de las 6.000 entradas asignadas, finalmente se pudieron poner a la venta 4.700”. Siguiendo instrucciones, ya no eran las 6.000 transparentes entradas prometidas. Palabra de Laporta.
Y añadía el RACC: “Algunos puntos de venta habían aceptado peticiones previas. Estas peticiones se fueron introduciendo en el sistema al mismo tiempo que las presenciales”. Seguía el comunicado: “El día 3 de mayo a partir de las 9 de la mañana se comercializaron un total de 4.700 paquetes de viaje con entrada, el 62% correspondiente a la venta presencial y el 38% a las peticiones”. “El RACC quiere agradecer al FC Barcelona su colaboración y transparencia”. Sí, sobre todo había que agradecerle a la directiva su transparencia. Los aficionados que pasaron la noche infructuosamente en la calle haciendo cola estaban también muy agradecidos a la transparencia del RACC y del Barça. Nadie les avisó de que no valía la pena arriesgar la salud por una entrada que no estaría nunca a su alcance. Los miles de aficionados que durmieron al raso creyeron a Laporta, el transparente. En menos de dos horas las entradas se agotaron y la sospecha del pucherazo, de que no habían sido puestas a la venta las 6.000 entradas prometidas, cobró fuerza. La sensación de chanchullo aumentó cuando en alguna de las colas se comunicó a los que esperaban que sólo se distribuirían las entradas de precio más barato, ya que las “buenas” estaban adjudicadas antes de abrirse las puertas. A los amigos y amiguetes no se les podía enviar a general.
El 13 de mayo Josep Mateu, responsable del RACC, aseguraba en Sport que, de las 6.000 entradas anunciadas, “al final vendimos 2.914 en las colas y 1.786 de las peticiones (se entiende por petición la obtención de una entrada sin tomarse la molestia de hacer cola). Menos de la mitad de entradas prometidas llegaron al destino anunciado. El resto se perdió por el camino. Y eso que Laporta aseguraba que “nunca los socios habían tenido tanta información” ¿O querría decir intoxicación?
Albert Vicens, por decir algo,  admitió que había que entregar entradas a varios colectivos que colaboran con el club, como por ejemplo estamentos policiales y empresas proveedoras. Y le faltó añadir: y proveedores de nuestros restaurantes amigos y clientes y anunciantes de periódicos amigos y…

Primer, los artistas
Luego se supo que entre los compromisos institucionales figuraban también 30 artistas, Joan Manuel Serrat entre ellos, y según Sport “las universidades que apoyan al UB Barça y las secciones profesionales también han sido invitadas por el club”. ¡Qué curioso! El UB Barça estaba a punto de desaparecer ante el nulo interés mostrado por Laporta en su continuidad, pero al menos servía como excusa para justificar el desvío de entradas de los socios hacia los compromisos de los directivos.

Nadie protestará
Lluís Mascaró hablaba de 16.700 afortunados socios que han conseguido entrada y decía “si se gana, nadie protestará por el poco equitativo reparto de localidades que se ha hecho desde la directiva y desde la agencia. ¡Qué pobre concepto de los barcelonistas tenía Laporta y su gente afín! “Nadie protestará”, como si los socios fueran borreguitos a los que se les puede engañar con el caramelo de una victoria. La dignidad es otra cosa. Y ese valor no se lograba capitalizando en beneficio propio los goles de Ronaldinho sino administrando el club de acuerdo con los intereses de sus legítimos propietarios. En este asunto la directiva perdió el mundo de vista y gestionó el tema como si el club fuera su cortijo privado. Pero el socio sí se acordaría, a pesar de la victoria, de ahí las pegatinas enganchadas en los aledaños del Camp Nou: “Entradas de París, sólo conocidos y amigos. Socios sin contactos, no. ¡Mentirosos!". También el reparto de las entradas de París le acabaría pasando factura a Laporta. Había quedado retratado ante el socio, aunque no se daría por enterado hasta la presentación de la moción de censura dos años después.

Los compromisos
Como nadie iba a protestar, el socio podía calibrar a través del mismo Sport el alcance de la emboscada que le estaban preparando sus propios administradores. Según el diario de Zeta, y de fuentes de la entidad, el club se quedaba el 27 de abril 2.902 entradas para sus compromisos y el 12 de mayo la cifra se elevaba a 4.202 por el mismo concepto. En el área de gestión deportiva, por ejemplo, los 800  iniciales pasaban a ser 1.435. Más compromisos, menos socios en París. Según Sport “El Barça pidió al RACC bloquear 1.300 entradas y ambas entidades esperaron a hacerlo público hasta ayer para, según Vicens, “evitar una alarma”. A Vicens lo que le preocupaba era evitar la alarma, la misma alarma que tanto le gustaba extender cuando formaba parte del Elefant Bau Que miles de socios pasaran la noche infructuosamente a la intemperie en las colas del RACC le daba igual. Ya se enterarían al día siguiente, en un magnífico ejemplo de transparencia, de que su espera no tenía sentido. Claro, él ya tenía aseguradas sus 30 entradas.

Sin propósito de enmienda
Entonaron el mea culpa, lo sentimos mucho, no volverá a pasar… Y en la primera oportunidad que se presentó, más de lo mismo. Fue en la Supercopa de Europa en Mónaco tres meses después. De 5.600 localidades disponibles 3.600 fueron a parar a los socios, 900 a las peñas, 1.100 a compromisos, 410 a gestión deportiva, 400 a patrocinadores y departamentos, 280 a veteranos y 10 al Casal del Avi.

Perrín: buen transportista, mal gestor
El directivo Albert Perrín, adscrito al área social, que igual viajaba a Argentina para observar jugadores con Txiki, que volaba con el equipo de básquet a Tel Aviv, que acompañaba a Laporta a presentar la nueva camiseta al Mundial de Alemania o montaba numeritos en la Final Four de París porque "usted no sabe con quién está hablando", fue el encargado “lógico”, por su condición de responsable del fútbol base, de acudir a París en busca de las entradas. En su cometido como transportista, excelente. En su faceta de directivo delegado por la masa social del club para velar por sus intereses, cero patatero. En lugar de defender los derechos de sus socios ante la UEFA exigiendo un mejor reparto, sólo supo volver llorando: “La UEFA ha demostrado tener poca sensibilidad con el Barça”. ¡Menudo gestor! ¡En qué manos estaba el barcelonismo! Perrín debía pensar que seguía siendo opositor y que una crítica ácida, como ocurría antes, sería suficiente para salvar el pellejo. Sin embargo, ahora, como representante de sus 140.000 socios, lo que se esperaba de él eran soluciones y no llantos de mal negociador. Acabaron los tiempos de las críticas descarnadas y destructivas. Ahora había que construir. Sabíamos de su eficacia como destructor en el pasado. Pero, ya instalado en el poder, se pudo constatar que construir no era lo suyo. Cómo le hubieran agradecido los socios a Perrín que hubiera empleado ante la UEFA el mismo ímpetu y descaro que le llevaron a enfrentarse a anteriores directivas en su época de desestabilizador faltón. Además, si el problema era que la UEFA no tuvo sensibilidad con los socios del Barça, la directiva de Laporta no demostró tener mucha más. Perrín podría firmar aquello de “Contra Núñez vivíamos mejor”. Ahora, sin enemigo declarado a quien enfrentarse, Perrín se quedó sin gas convertido en un directivo desbravado.

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¿Dónde están las entradas de París? IV
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