2011-12-23 17:12 FC Barcelona Por: Administrador

¿Dónde están las entradas de París? IV



Noticia poco relevante
La sensación de impotencia que embargó al socio por el irregular reparto de las entradas de la final de París quedó minimizada por la euforia de un Barça que aquella misma noche se proclamó campeón de liga en Vigo. Los medios de comunicación se volcaron con la gesta deportiva y el suceso del RACC quedó en simple anécdota, hasta el punto de que alguna pancarta (“Dónde están las entradas de París? Laporta y RACC, ladrones”) expuesta en el Camp Nou en la siguiente jornada ante el Espanyol no encontró espacio en ningún periódico catalán y sólo As se atrevió a mostrarla a sus lectores. No era noticia.

Transparencia cero
El Comité de Empresa del RACC, consciente de que el proceso de reparto de entradas no había resultado creíble, tuvo que improvisar una nota pública en la que dejaba al margen de cualquier irregularidad a los empleados, admitiendo que no todas las entradas prometidas habían sido puestas a la venta. Luego el RACC anunció que convocaría una rueda de prensa para explicar la verdad del asunto y fue entonces cuando el Barça optó por adelantarse y convocar a los medios de comunicación ante la amenaza de que el RACC se le adelantara en la explicación de la verdad. Y la verdad hablaba de que mientras Laporta restó 1.700 entradas de las 6.000 que oficialmente se repartirían entre los socios, el RACC hizo lo mismo con otras 1.300. Lástima que la transparencia prometida no se hubiera traducido en una explicación clara antes de la adjudicación de entradas. Sabiendo que de los 6.000 paquetes sólo se iban a poner a la venta 3.000, los socios se lo hubieran pensado antes de viajar a Logroño, Pamplona o Murcia en busca de su entrada o hubieran renunciado a pasar dos noches en la calle guardando la cola en un paisaje tercermundista de república bananera que poco tenía que ver con la era del power point. Hay que tener valor para permitir a miles de consocios hacer cola, durante 48 horas en algunos casos, sin darles la opción de conocer la realidad, que no era otra que sólo el 50% de las entradas anunciadas se pondrían a la venta. Son cosas que ocurren cuando no se va de cara y se pretende esconder algo. Y, eso sí, ni rastro de dimisiones. Tomamos nota y pedimos disculpas, pero ni el más mínimo gesto de contentar al socio dándole lo que es suyo, la totalidad de las entradas. El Barça se convertía en un cortijo privado en donde lo que menos importaba era el sentimiento culé del socio y lo que verdaderamente preocupaba era quedar bien con la llamada sociedad civil catalana. Y, eso sí, la web del club explicaba lo de las entradas restadas al RACC entre líneas en un nuevo ejemplo de transparencia informativa. Y Albert Vicens admitía que el club “se había visto desbordado por la demanda” y que “tenemos compromisos ineludibles que hay que atender”.  Lo de Núñez eran prebendas. Lo suyo, “compromisos ineludibles”. Transparencia cero, credibilidad cero.

2.000 socios más. Eso es lo importante
Entre los socios de toda la vida causó también profundo malestar el desmesurado mercantilismo mostrado por la directiva ofreciendo igualdad de oportunidades a todos los socios, incluidos los que, con claro interés especulativo, se dieron de alta en la masa social apenas unas horas antes del sorteo. Estos socios de nuevo cuño restaban obviamente posibilidades a los asociados con larga tradición  y probado barcelonismo dentro de la familia blaugrana.  El vicepresidente Vicens resumió entonces la voluntad de justicia del club: “Lo importante es que después del 17 de mayo lo que quedará son mil o dos mil socios más”. Otra dosis de realismo. Lo importante era llegar a 140.000 socios y que aumentaran los ingresos. El precio a pagar era lo de menos, sobre todo cuando no existía ninguna alarma social que lo denunciara.

Todos los socios no son iguales
Albert Vicens, el encargado de dar explicaciones, justificaba el agravio comparativo entre antiguos socios y recién llegados (que estatutariamente ni tenían derecho a voto) explicando que el Barça no es una sociedad anónima, como el Arsenal, y que aquí todos los socios son iguales. Le faltó aclarar por qué, si todos los socios eran iguales, unos tenían derecho a 30 entradas y otros sólo la obligación a hacer cola dos noches para enfrentarse a la cruda realidad de que, como dijo el directivo Jaume Ferrer en el documental FC Barcelona Confidencial, son en el club simplemente un número con obligaciones de pago y poco más.

joan laporta madrid-barcelona.com




¿Compromisos del club o de los directivos?
Al socio, auténtico propietario del club, le hubiera gustado saber quién viajó a París en su lugar. Básicamente porque uno de los caballos de batalla de Joan Laporta durante su época de prometedor candidato fue el de la transparencia. En plena era del Power Point no hubiera costado mucho que la junta hiciera públicos los nombres y apellidos de sus miles de compromisos. No fue así y el asunto acabó desprendiendo un desagradable tufo a chanchullo escondido bajo la alfombra. Ese socio, que mayoritariamente se vio obligado a renunciar a la excursión parisina, merecía que le demostraran con luz y taquígrafos que los compromisos eran del club y no de sus directivos. Seguro que se hubiera quedado más tranquilo. Laporta parecía empeñado en seguir ignorando que la entidad era propiedad de sus socios y no de sus compromisos ni de los de sus directivos, y que estaban en el club para servir a los socios y no para aprovecharse de ellos.

Invitan a los ex compañeros de junta
Uno de los compromisos de esta junta eran los cinco directivos dimitidos hasta esa fecha. Cuentan las malas lenguas que Laporta propuso en junta directiva invitar a París a Sandro Rosell, Josep Maria Bartomeu, Jordi Moix, Jordi Monés y Xavier Faus (Echevarría no necesitaba invitaciones porque seguía en el club organizando la seguridad y lo que hiciera falta). Por lo visto, hubo división de opiniones y el resultado de la votación puede ser calificado de cualquier cosa menos de unánime. Pues bien, Laporta hizo valer la decisión colegiada, como todas las que adoptaba su junta, y se presentó en el programa de Jordi Basté en RAC1 para soltar la exclusiva de que los ex directivos habían sido invitados por el club. Los cinco se enteraron  del ofrecimiento escuchando la radio y recibieron la notificación oficial del club, vía fax, a la mañana siguiente. Faus aceptó la invitación y Bartomeu, en nombre de los demás, renunció a beneficiarse del gesto atendiendo al malestar existente entre la masa social y por entender que no era elegante tener conocimiento del tema a través de la prensa. Y, aprovechando la coyuntura, los ex recibieron en bandeja una magnífica oportunidad para marcarse un tanto al proponer públicamente que esas entradas a las que renunciaban fueran a parar a manos de los cinco socios cuyo número de afiliación era correlativo al que marcaba el corte de los 8.000 agraciados. Nunca más se supo del tema y es de suponer que esas cinco entradas fueron a parar a manos de otros cinco compromisos. “Ineludibles”, por supuesto.

Perrín se juega sus entradas
A todo esto el directivo del fútbol base, Albert Perrín, el que recogió las entradas en París, en un arranque de los suyos se atrevió a retar a quien quisiera escucharle a probar que el Arsenal sólo tenía 400 compromisos (2.600 menos que la directiva del Barça). “A quien me lo demuestre, le regalo mis 30 entradas”. Perrín tenía la desfachatez de apostar alegremente esas entradas que había logrado gracias al mérito de ser amigo y, por tanto, directivo de Laporta. Toda una fanfarronada sólo comparable a la de su presidente, cuando en plena asamblea de compromisarios retó a los socios a demostrarle con papeles que su cuñado había tenido alguna relación con la Fundación Francisco Franco. Cuando salió el socio Lluís De Val con la documentación requerida, la respuesta de Laporta en forma de pataleta fue expulsarle del palco y de la Fundación del club asumiendo la renuncia al dinero que la empresa de De Val donaba desde muchos años atrás a dicha fundación.

Laporta invita a los socios a ver la final en casa
Una carta enviada a e-noticies.com expresaba su indignación: “En las próximas elecciones, que les voten sus compromisos”. No era para menos. El propio Laporta encrespaba aún más los ánimos poco antes de la final con una sentencia para enmarcar: “Espero que todos los barcelonistas puedan disfrutar, sea en el campo o en casa con la familia o los amigos, que también es una manera bonita de ver la final”. Ese mismo razonamiento podría haberlo empleado con muchos de sus ineludibles compromisos, pero a nadie se le ocurrió preguntarle por qué no invitó a sus compromisos a disfrutar de la final “en casa, con la familia y los amigos, una manera bonita de verla”.

500 entradas en el colegio de los hijos de Laporta
Y en la web de e-noticies Josep Maria Alemany levantaba la liebre de que en el colegio de los hijos de Laporta se habían sorteado 500 entradas más. A estas alturas ya nadie se iba a escandalizar ni por eso ni por el rumor de que un jugador de la plantilla, muy próximo al presidente y a su cuñado, dispuso él solito de 600 entradas para su uso y disfrute.

Defensores de los derechos de los socios
La memoria nos devolvía a Laporta denunciando, tras el sorteo de compromisarios en 1998, que “rechazamos a Núñez y su junta, de los que nos avergonzamos por su falta de cultura democrática”.  Y añadía: “Que sepan que el Elefant Blau estará presente en todos los actos donde estén en juego los derechos de los socios, defendiendo la pluralidad del club que el presidente trata de aniquilar”. Qué bien le hubiera venido al barcelonismo en este momento un Elefant Blau dispuesto a velar por sus intereses.  Y Perrín, el mismo que ahora lloraba por la falta de sensibilidad de la UEFA, acusaba a los dirigentes años atrás: “¡Estamos ante un nuevo pucherazo!”. Tanto tiempo exigiendo pulcritud democrática y ahora no se les caía la cara de vergüenza pisoteando los derechos de los socios desde su posición de privilegio.

¿Quién viajó y quién pagó?
Josep Maria Minguella relataba que “a París viajó mucha gente invitada por el Barcelona que no tiene nada que ver con un club de fútbol, como políticos, empresarios, cantantes o deportistas. Aunque fueran todos unos fenómenos, ocupaban el lugar de los socios del Barça. Por eso es necesario saber a quién fueron a parar las entradas y también quién las pagó”. Lo que Minguella quería saber permanecerá guardado en el baúl de los secretos inconfesables junto a la explicación del fracaso en la negociación del sponsor chino. El 19 de mayo, Pablo Costa, de Barcelona, enviaba su mensaje a la sección de cartas al director de El Periódico: “Lo peor ha sido ver por TV que en París presenciaron el partido, con las entradas de los socios, ilustres barcelonistas invitados por no se sabe quién como los hermanos Sánchez Vicario, Imma Mayol, Carod Rovira, Espadaler, Sala i Martín, Pep Munné, Rahola…Eso es reírse de los socios. No puede ser que el club tenga 21.000 entradas y los socios solo dispongamos de 10.000”. No es extraño que pudieran verse por París pancartas como la que expresaba: “Laporta, ¿dónde están nuestras entradas?” No sabe, no contesta. En una entrevista en directo concedida a Catalunya Ràdio, un aficionado llamó para decir que el club era de los socios. Laporta le respondió que ése era un día de fiesta y no de reproches. Se entiende que la fiesta iba con los compromisos ineludibles, ellos sí tenían mucho que celebrar.

“Caminemos unidos”
Lo reclamaba Ferran Soriano en un artículo firmado en La Vanguardia el 16 de mayo de 2006: “¿Sería posible que los socios, el equipo, la directiva y la prensa barcelonista (?) camináramos siempre juntos, unidos, en las victorias y las derrotas?”. A muchos socios no les dejaron caminar unidos a su equipo, algo que no afectaba a la directiva y sus compromisos. Quizá por eso en la siguiente final, la supercopa de Europa en Montecarlo tres meses después, la proporción en la grada era de un barcelonista por cada tres sevillistas. Al barcelonismo le amargaron las ganas de caminar juntos. Curiosa también la confusión que Soriano mostraba con la prensa barcelonesa, a la que consideraba “barcelonista” y, por tanto, a su servicio. Podría preguntarle Soriano a su presidente por su comportamiento cuando anteriores presidentes reclamaban al entorno (Laporta lo era) unión para que el barcelonismo caminara unido.

La culpa, de los jugadores
Pero Laporta siempre tenía una respuesta para todo cuando se trataba de salvar el cuello. En una entrevista concedida a Avui el 4 de agosto de 2006 le echaba la culpa a los jugadores, a quienes el club, al parecer, estaba obligado a facilitar muchas entradas. “Para el club sí que nos quedamos un paquete importante, pero que piensen los socios que era por un motivo. Queríamos que el ambiente de la plantilla, que ya es bueno, fuera mejor. Invitamos a núcleos familiares y padres de todos los jugadores. En primer lugar se lo merecían. Además, yo tenía una pequeña obsesión: estuve en la final de Sevilla, y siempre he creído que el ambiente del equipo fue uno de los detonantes para que se perdiera el partido. Ahora quería sobre todo que el equipo estuviera tranquilo, que los jugadores no tuvieran ninguna distracción. Si nosotros tenemos una avalancha de peticiones, con los jugadores no os lo podéis imaginar, y eso no los deja vivir. He visto situaciones límite en partidos importantes. Ahora tal vez exagero, pero a veces hay jugadores que valoran mucho más aquellas entradas de última hora que la prima por ganar. Esto dio estabilidad a los jugadores y lo agradecieron". Y asunto resuelto. Luego iría acusando a los demás de hipócritas y embaucadores.

5 entradas por directivo en Wembley
Si en Wembley´92 los directivos de Núñez viajaron con cinco entradas, a París´06 fueron con 30, supongo que para satisfacción de Ferran Soriano, siempre tan dispuesto a demostrar el constante crecimiento del club desde su llegada. Un oportuno power point podría plasmar mágicamente la espectacular mejoría respecto al estilo nuñista. Directivos de Núñez, 5 – Directivos de Laporta, 30. Afortunadamente para Jan, ningún Laporta andaba por ahí suelto dispuesto a incordiar montando mociones de censura en época de títulos, como le sucedió a Núñez. Y mientras Soriano presumía de que “la ilusión del culé no tiene precio”, miles y miles de socios mostraban su desilusión ante la imposibilidad de ejercer su barcelonismo paseando con orgullo sus colores por París para que miles de “compromisos”, no necesariamente socios ni barcelonistas, encontraran sin problemas una localidad en el estadio de Saint Dennis gracias a la generosidad de la directiva.

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

Sala i Martín, culé de conveniencia
Fan de Sandro Rosell
/ No cree en Guardiola / ¿Payaso? / Evitar el despilfarro / Se acabó la división / Socio por interés / Conexión con el PP

 

 



 

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