2012-02-26 17:02 FC Barcelona Por: Administrador

El árbitro vuelve a jugar con el Real Madrid



El partido empezó con un pisotón en el tobillo, con muy mala idea, de Pepe a Piti que, naturalmente, quedó impune. Acto seguido, el violento jugador portugués amenizó al rerspetable con un par de sesiones de teatro del malo simulando faltas que no existieron sobre su persona. Acto seguido, Pepe le clava el codo en el cráneo a Diego Costa sin castigo, por supuesto. Ramos ve la amarilla por una agresión de las típicas suyas. Minutos después le clava el codo en la cara a Diego Costa dentro del área y el señor Fernández Borbalán no sólo no señala penalti y la amarilla a Ramos, que hubiera significado la expulsión si hubiera justicia en el fútbol español, sino que le enseña la amarilla a Diego Costa por reclamar lo que todos menos él vieron en el campo.

Sigue el partido, un empujón sin intención de jugar la pelota de Pepe sobre Diego Costa queda impune, y un agarrón de Ozil a un contrario por detrás e interrumpiendo el inicio de un contrataque del Rayo queda sin sanción. El partido llega al descanso con Mourinho amenazando al cuarto árbitro. Si cuando llamó a Teixeira "sinvergüenza" dijo que le trató con educación, a saber lo que oyó el cuarto árbitro. Lo que parece improbable es que se atreva a reflejarlo en el acta, como ya viene siendo habitual cuando se trata de Mourinho.



Y luego Rui Faria, el ayudante de Mourinho que incluso supera a su maestro en malos modos y poca educación, volvió a ser expulsado. Un tipo reincidente que abandonó el campo de manera pendenciera y maleducada. Algo muy gordo debió decirle al árbitro para que éste se atreviera a expulsarle. No se espera, sin embargo, que el Comité de Competición castigue como se merece a un personaje que empieza ya a ser famoso por su nulo concepto de la deportividad y la educación en un banquillo. Mientras no le paren los pies con una sanción ejemplar, seguirá ensuciando la imagen del Real Madrid con su conducta indeseable.

Sigue el partido con una agresión de Arbeloa que el árbitro no ve, para variar. Y tarjeta roja directa a Michu por una acción en la que despeja el balón y prácticamente no se produce contacto directo con Khedira. Desde luego, nada que ver con los pisotones de Pepe o los codazos malintenconados de Sergio Ramos. Pero el Rayo, cuando estaba lanzado en busca del empate, recibe el freno arbitral correspondiente que permite al Madrid respirar y aguantar en superioridad numérica las últimas embestidas del equipo local, que pudo igualar el partido en los últimos compases. Y al final, cuando el encuentro estaba ya sentenciado, entonces sí, entonces Pepe recibió lo que ya se había ganado en los primeros minutos del partido, la tarjeta amarilla. Tuvo que pisar, empujar y golpear mucho durante 90 minutos para que el señor Fernández Borbalán se decidiera a castigar su brutalidad como merecía.

Un capítulo más de una liga adulterada que debería sonrojar a Mourinho. Penaltis, expulsiones, decisiones escandalosas... No hay partido del Madrid que no esté marcado por la injusticia arbitral. Así también se ganan Ligas, debe pensar Mourinho. Y no le da vergüenza. Él se quedó anclado en Obrevo -que además no le pitó a él-. Desde entonces sus títulos y resultados están bajo sospecha. Y el partido de Vallecas no es una excepción.




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