2011-10-29 19:10 FC Barcelona Por: Administrador

El Barça B logra la victoria en el derbi catalán (1-0)



Fue un partido con tintes de guerra y paz, no demasiado lejos de aquella novela del ruso Tolstoi. Se torturó el Nàstic, que apenas pareció batallar por el partido, mientras el Barça dejaba atrás muchos de sus fantasmas, entre ellos la ausencia de su lesionado artillero Jonathan Soriano, que volvió a pisar el césped del Mini tres meses después de lesionarse gravemente con el primer equipo.

A base contantes pruebas y experimentos, el técnico Eusebio Sacristán ha hallado por fin ese esperado once fiable. Menos creativo, quizás no tan artístico, pero efectivo en lo que a resultados se refiere.

Lejos de las revoluciones ilustradas, este equipo es un levantamiento de tintes proletarios, en el que se erige el más obrero de los jugadores del filial, Carmona. Un centrocampista entregado a la causa, sin alardes ni adornos. Un soldado de primera línea, infalible al abordar la misión encomendada.

Él mejor que nadie ejemplificó las virtudes y debilidades de los locales en el primer tiempo. De sus botas surgieron tres peligrosos remates en el primer cuarto de hora. Pero todo lo que el Barça sumó en fuerza equina lo perdió en circulación, lenta y previsible.

Poco ayudó que el Nàstic renunciara al esférico, encerrado atrás y abandonando a Powel a su suerte. Ante tal planteamiento, nadie podía imaginar que Juan Carlos Oliva se estuviera jugando un puesto con los días, quizá las horas, contadas. No es que los granas salieran a defender. Simplemente, no tenían nada que ofrecer.

Aun así, cuando más estaba el Barça añorando a Deulofeu y Cuenca, con el primer equipo, un mal despeje de los centrales tarraconenses, estorbados por Rafinha, derivó en un balón muerto en el área. De la nada apareció Carmona, que sin piedad fusiló a Rubén (1-0, m.40).

Dio la sensación que tras el descanso el equipo grana avanzaba sus líneas, pero nada más lejos que un simple espejismo. Los de Eusebio, comandados en todo momento por un más aún inspirado Carmona, empezaron a desplegar sus mejores armas.

Una excelente jugada colectiva con triangulaciones trenzadas a un solo toque acabó en un disparo de Lobato sin éxito (m.48). Carmona avisaba después con un trallazo que fregaba la escuadra (m.52), al que le seguía un remate de Rafinha que fregó el palo.

Pero la mayor alegría de la tarde en el Miniestadi la dio Soriano, cuando saltó al césped a falta de quince minutos. Rebosando motivación por su dilatado regreso, el "pichichi" del pasado curso en Segunda rozó el tanto en dos ocasiones.

Agonizando el partido y el Nàstic, a punto estuvieron los visitantes de empatar en las botas de Morán. Fue lo último y lo único de un colista que se marchó entre abucheos de su afición.EFE


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