2013-10-26 20:10 FC Barcelona Por: Administrador

El Barça gana y el Madrid llora a 6 puntazos (2-1)



Pedro Riaño

Sergio Ramos, a quien el Camp Nou llamó "tonto" en alguna fase del partido, debe tener serios problemas de memoria. No se puede decir que "hay cosas contra las que no podemos luchar", refiriréndose a los árbitros, viniendo de Elche, Málaga y Juventus. De la farsa de Pepe en el minuto 94, del piscinizado de Gareth Bale y del trato de favor recibido ante la Juve, con penalti y expulsión de un rival para dejarle las cosas fáciles al Madrid. ¿Contra eso también lucha el Madrid? ¿O se trata simplemente de un problema de luces de la acusación?



El Barça ha ganado el clásico por 2-1 jugando a fútbol. El Madrid no. El Madrid pretendía ganarlo a base de penaltis. Como ya empieza a ser peligrosamente habitual. Lo que no se merecen jugando pretenden obtenerlo del favor arbitral. Y son tantos favores ya que no cuelan más. El Barça ha elaborado dos goles. El Madrid ha elaborado uno. Y para no perder necesitaba del penalti de cada partido. De eso vive este Real Madrid: del penalti. De eso vive Cristiano Ronaldo: del penalti. Y así va a ser difícil que le den nunca el Balón de Oro. Ahí no se premia al que mejor tira los penaltis sino al que mejor juega.

Es cierto que Cristiano Ronaldo fue empujado dentro del área. Y eso es una injusticia. Tan cierto como que a Neymar también le derribaron hoy en el área y también le han hecho en las nueve jornadas precedentes cuatro penaltis tan claros o más que ese. Pero cuando se lo hacen al Barça es teatro. Las caídas sólo son creíbles cuando el que va por tierra es un jugador del Real Madrid. El Madrid ha reclamado otro penalti por mano de Alves en el área. El balón le fue al brazo cuando lo tenía apoyado en el suelo. Si la mano es de un jugador del Barça es penalti claro. Pero si es Varane el que toca el balón en su área, entonces es involuntaria. Llorar, sólo llorar. Como diría Cristiano Ronaldo.

Lo que el Real Madrid debería de hacer, porque sus jugadores ya son mayorcitos, es intentar ganar los partidos marcando más goles que los rivales. En lugar de eso, saltan al césped convencidos de que empiezan los partidos con un gol a su favor, el del penalti que tarde o temprano pitará el árbitro. Es así. Siempre ha sido así. Por eso se escandalizan cuando se produce un penalti que ofrece dudas (Cristiano exagera la caída y permite dudar al árbitro). Pero si tienen problemas para asimilar la situación, que pregunten al Barça, que ya está acostumbrado a ganar sus partidos... a pesar del árbitro.



El Barça ha dominado al Real Madrid de principio a fin. Por momentos ha jugado con su rival enseñándole la bola sin dejársela tocar. Por momentos se ha dejado dominar esperando encontrar huecos para sorprenderle, como sucedió con el gol de Alexis.

Dice Sergio Ramos, todo un campeón del mundo y de Europa (con La Roja del Barça, no con el Real Madrid) que la tarjeta que le enseñó el árbitro a los 13 minutos le condicionó y que eso tuvo una incidencia muy grande en su juego y en el de su equipo. Lo que no dice es que a Busquets se la enseñaron en el minuto 7, la primera, y nadie se ha quejado de que esa decisión condicionara el juego del Barça. Es evidente que Busquets tiene la suficiente inteligencia como para manejarse durante todo el partido sin arriesgarse a ser expulsado. Esta virtud, al parecer, no le adorna a Sergio Ramos, el futbolista más expulsado de la historia del Real Madrid, a quien su entrenador tuvo que sustituir porque no se fiaba de él y le veía expulsado. De hecho, Sergio Ramos debió ver la segunda amarilla, pero Undiano se la perdonó y falseó el partido permitiendo que el Madrid siguiera con once a pesar de que uno de sus jugadores se había hecho merecedor a la cartulina amarilla en dos ocasiones.

El partido

La cuestión es que Ancelotti salió muy asustado en su estreno en los clásicos. Con tres centrales y un medio del campo falto de talento. Aquel maravilloso Isco es ahora carne de banquillo. No cabe en un centro del campo que exige músculo y desprecia el talento. Özil en Londres, Isco en el banquillo y Ramos y Khedira poniendo orden. Este es el Madrid que quiere Florentino , perdón Ancelotti. Y luego la presencia de Gareth Bale como delantero centro explica el desconcierto que reina hoy en día en el Real Madrid. Suena a cómico que el entrenador deba dar gusto a su presidente encajando a Bale en un puzzle en el que no cabe en ningún lado sólo para justificar los 101 millones que ha pagado por un futbolista que no vale ni diez.

Ni Morata ni Benzema. Salir sin delantero centro es darle mucha ventaja al Barcelona. Martino, por su parte, ha apostado por Cesc como tercer punta dejando a Alexis y Pedro en el banquillo. Y le ha salido bien. Messi no es todavía Messi. Le falta ritmo, velocidad y precisión en sus acciones, aunque su presencia haya servido para poner de los nervios a un Pepe que cuando le ve delante se le cruzan los cables. Messi no ha sido el futbolista efectivo de otras ocasiones, de casi siempre, pero hoy daba igual. Ahí estaba Neymar, que para eso se le ha fichado. Seguro que a Florentino Pérez se le han revuelto las triplas viendo la exhibición de Neymar (el fichaje que no supo conseguir) y el fracaso de Bale (el fichaje que consiguió tirando de billetera). Neymar se ha echado el equipo a la espalda y ha abierto la lata blanca en el minuto 17 con un golazo. La euforia se ha desbordado en el Camp Nou porque en ese momento el público estaba lanzando gritos de independencia. El gol de Neymar servía para independendizar al Barça del acoso del Real Madrid en la tabla clasificatoria.

Tres minutos más tarde Messi tuvo la oportunidad de sentenciar el partido cuando solo ante Diego López envió el balón fuera lamiendo el poste. Y mientras Bale seguía desaparecido el Madrid mostraba una dependencia absoluta de un Cristiano Ronaldo que hoy no ha estado fino. Como Messi. Sólo en su faceta teatrera estuvo el portugués a un nivel sublime. Como cuando en el minuto 34 forzó la tarjeta amarilla a Adriano. Se retorcía tanto en el césped que podía pensarse que su integridad física podía correr peligro, pero en cuanto vio que el árbitro sancionaba a Adriano, misión cumplida y arriba de nuevo como si nada. Ese es Cristiano Ronaldo. Un profesional ejemplar entre comillas. Poco después Undiano le perdonó también la amarilla a Carvajal por una durísima entrada a Neymar. No tuvo más remedio que enseñársela a Gareth Bale por un salvaje plantillazo contra el estómago de Piqué. De esta manera, con la tarjeta, Bale consiguió pasar a la historia de este clásico.

Al descanso se llegó con el 1-0 en el marcador y en la reanudación Ramos debió ver la segunda tarjeta amarilla. Demasiada responsabilidad para Undiano, el mismo que dejó hacer al Madrid de todo en la final de Copa de 2011 y del que se lamenta Ramos. Tiene su cosa que Ramos se queje de un árbitro que le ha permitido seguir en el campo después de cometer dos entradas de tarjeta. El Madrid perdió los papeles, Pepe nos obsequió con esas sesiones teatrales tan celebradas por sus fans. Se produjo un penalti de Carvajal sobre Neymar del que se hablará poco en Madrid porque de eso no querrá que se hable Florentino. LO mismo que en otra acción clara de Pepe sobre Cesc que acabó en claro penalti.

El propio Neymar tuvo la posibilidad de liquidar el partido con otro zambombazo que paró Diego López de la misma manera que Valdés le paró los pies a Cristiano cuando le adivinó la intención en un uno por uno glorioso que pudo significar el empate.

Ancelotti debió tener remordimientos de conciencia por salir a jugar en el Camp Nou sin delantero centro. Sacó a Bale y entró Benzema. Y en una de las primeras jugadas del francés, un impresionante disparo de lejos fue repelido por el travesaño. Un disparo de verdadero delantero centro, esa posición tan poco apreciada en el Real Madrid porque allí sólo hay espacio para el lucimiento de Cristiano Ronaldo. El delantero centro, sea quien sea, está siempre condenado al fracaso. Porque ahí no hay más lugar para el estrellato que el que se reserva a Cristiano Ronaldo, el hombre que marca la mitad de los goles de su equipo y que exige para sí la mitad de la gloria del Real Madrid.

En el minuto 61 se produjo otro penalti de Pepe a Neymar  y en el 63 una agresión del mismo Pepe sobre Messi de la que tampoco se va a hablar, porque a este tipo se le consiente todo. Salieron a flote las marrullerías de siempre del Real Madrid. Y el Barça se echó a atrás para dejar el mando del partido a su rival, una situación que gusta poco a estos jugadores más acostumbrados al contragolpe.

En el minuto 70 se produjo un empujón claro de Mascherano a Cristiano Ronaldo que Undiano Mallenco no se atrevió a pitar seguramente por la exageración del portugués en la simulación de la caída. Y protestas y más protestas. Lo de siempre en el Real Madrid. Y mientras los madridistas protestaban, Martino hizo un cambio clave: Alexis por Cesc. Una nueva demostración de la superioridad de Martino sobre Ancelotti en la pizarra. Fue precisamente Alexis quien dejó resuelto el partido con un golazo de bandera burlando a Pepe, que si no pega es inofensivo, y dejando en evidencia a Diego López, mal colocado, con un sombrero antológico. Un gol de "jugadorazo".

Ahí se acabó el partido. Jesé entró por Di María y Song por un Iniesta exhausto. Los últimos compases los dedicó el Barcelona a contener, pero se pudieron ver acciones espectaculares como la de un robó de balón de Alves a Pepe que vino acompañado de un humillante túnel a Cristiano Ronaldo. La jugada no tuvo premio porque el balón se estrelló en el cuerpo de Diego López.

El clásico fue para el Barça. El clásico fue para el mejor. Para el que marca goles que fabrica. El equipo que vive de la simulación y de la predisposición de los árbitros a pitárselo todo, se quedó esta vez con las ganas.., de forma excepcional. Hay que jugar más y protestar menos. Eso es un juego de once y no de doce, como creen algunos. Ahora oiremos hablar de villaratos y demás sandeces, pero quienes deben hacer autocrítica no se plantearán que el Madrid no puede pretender ganar los partidos a base de penaltis. El fútbol es otra cosa, por eso es más justo con el Barça en los últimos años.

 


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