2013-06-20 10:06 FC Barcelona Por: Administrador

El Barça le debe un homenaje a Saras Jasikevicius



Pedro Riaño

El Barcelona se presentó en Madrid diezmado por las lesiones. Sin Pete Mickael, sin Nathan Jawai, con Navarro afectado por una rotura muscular, con Todorovic con un dedo roto, con Lorbek mermado y con Jasikevicius con una costilla rota. Se hablaba de fisura, pero lo que en realidad tenía el lituano era una costilla fracturada que no le impidió jugar, aunque tuvo que hacerlo con reservas y evitando el contacto para no agravar su dolencia.



Posiblemente Jasilevicius jugó en Madrid su último partido con el Barcelona y su último partido como profesional. Regresó a sus 37 años al club de sus amores para ayudar desde la suplencia aportando su experiencia acumulada. Le ficharon precisamente para jugar partidos como el de ayer y ni siquiera una costilla rota le apartó de su objetivo. Y fue el hombre de la final, aunque le dieran el MVP a Felipe Reyes. Sus 23 puntos en 19 minutos, anotados casi todos ellos en los últimos compases del partido, definen su casta y su entrega a unos colores.

Jasikevicius, que hace apenas cuatro años era el jugador mejor pagado del baloncesto europeo, es ahora el baloncestista más barato del FC Barcelona. Su ficha apenas llega a los 200.000 euros. Y es que Saras no está en el Barça por dinero, sino por amor a unos colores con los que vivió los momentos más felices de su carrera. Se ofreció a Pascual como suplente, para echar una mano en los momentos difíciles, y no ha defraudado a nadie.

Hace diez años, en la plenitud de su carrera, el Barça, que tenía entonces en Josep Maria Bartomeu al responsable de la sección de baloncesto, cometió la torpeza de dejarle marchar. Saras estaba dispuesto a cobrar menos, pero la oferta que le hicieron era lo suficientemente humillante como para entender que lo que pretendían era que se marchara sí o sí. Y se fue después de ganar el triplete con el Barcelona (Liga, Copa y Champions) y volvió a ser campeón de Europa con el Maccabi (dos veces), y repitió título europeo con el Panatinakos después de probar fortuna en la NBA. Y ganó ligas y copas en Israel, Grecia y Turquía mientras miraba de reojo lo que sucedía en el Palau y se emocionaba cada vez que pisaba el santuario blaugrana, en donde la afición siempre le ha recordado que ahí tiene su casa.



Y volvió. Muy tarde, con 37 años. Suficiente para calibrar el error de bulto que cometió quien permitió que sus diez mejores años los pasara lejos de Barcelona. Intentó arreglarlo anoche con una actuación magistral, de fenómeno. Pero él solo, con su costilla rota, no pudo con el Madrid ni con los árbitros. Y Saras, que fue el mejor en la pista, también lo fuera fuera de ella: "Un equipo como el nuestro no puede empezar un partido con un parcial de 0-10. Ellos se sintieron dentro del partido muy rápido y hoy fueron un poco mejores. Sabemos que éste equipo tiene carácter, pero no se puede sacar nada en positivo de la serie. Hemos perdido la liga y ya está. No hay victorias morales. Hemos perdido la liga en el último partido y esa es la realidad".

Reacción de un campeón. Reacción de un deportista que sabe dónde está y conoce y practica los valores del club que defiende. El Barça está en deuda con este hombre. Le debe un homenaje por todo lo alto.


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