2014-05-17 11:05 FC Barcelona Por: Administrador

¿El Barça ya no paga a Víctor Valdés a fin de mes?



Pedro Riaño

Víctor Valdés no ha querido irse del FC Barcelona como Carles Puyol. A lo grande. Ha preferido escurrirse por la puerta de atrás y desaparecer. Le da igual que sus compañeros ganen el domingo una Liga en la que él ha tenido mucho que ver. No estará. Ni estará ni se le espera. Le trae sin cuidado lo que pase el domingo. Lo verá desde Alemania, si tiene un momento. Víctor Valdés decidió un día escaparse del Barça y lo ha hecho de verdad, sin metáforas, esquivando miradas, renunciando a reconocimientos y despreciando a quienes estaban dispuestos a mostrarle su admiración.



Valdés ha sido el mejor portero de la historia del FC Barcelona. Le ha dado mucho al Barça. Ha ganado muchos partidos y ha logrado muchos títulos poniendo a disposición del club su innegable talento. Pero eso, lo que ha hecho, no era más que su obligación. Le pagaban para que parara. Ha parado mucho y ha cobrado mucho. Club y jugador están en paz. Dice Johan Cruyff que habría que hacerle un monumento. ¿Por qué? ¿Por cumplir con su obligación? Y ya puestos, si cree que hay que hacerle un monumento, ¿por qué no lo financia él a través de lo que su fundación le saca al Barça? Qué fácil es recurrir a la demagogia y jugar con las emociones y el dinero ajeno.

No se le puede hacer un monumento a quien estando sujeto a la disciplina del club hasta el 30 de junio -faltan 48 dias para que expire su contrato- se salta todas las normas de convivencia y sentido común y se da de baja unilateralmente. ¿Será que no cobrará su nómina mensual este mes ni el que viene? ¿Se los van a descontar de la ficha? Ya tendrá tiempo de disfrutar de su libertad cuando esté fuera del Barça, a partir del 1 de julio. Mientras siga en nómina del club, debe someterse a las normas de la empresa que le paga. Y no puede decidir que pasa del alirón, porque no le apetece vivirlo, con la burda excusa de que se va a Alemania a hacer recuperación.

Y tanta culpa tiene él como quien se lo consiente. La obligación de un jugador del primer equipo del FC Barcelona es estar con el equipo, con sus compañeros, hasta el final. Y más si hay un titulo como el de la Liga en juego. Su nombre ha sido coreado con emoción por los aficionados agradecidos en el Camp Nou. Lástima que el agradecimiento no sea mútuo y que Valdés haya decidido despreciar con un desaire que no merece a la enorme masa social barcelonista que le venera.



A él el Barça se lo ha dado todo. Él ha respondido con su talento y nada más. Ha puesto especial cuidado en no extralimitarse en su barcelonismo. Lo justo y necesario. Ahora va a resultar que pedirle a Valdés que se despida de su afición y que comparta con sus compañeros la alegria de un alirón del que él es responsable tanto como el que más va a convertirse en un sacrificio imposible. Por otra parte, de cara al vestuario, que nadie haya sido capaz de coger por la oreja a Valdés para indicarle dónde está su sitio hasta el 30 de junio deja al descubierto un vacío de poder en el club del que los demás van a tomar nota.

El barcelonismo podrá entender ahora por qué alguien que dice ser barcelonista, y no lo es, decide un día que lo mejor para él es dejar el Barça. El barcelonismo entenderá ahora por que su portero titular puede contar con los dedos de una mano a sus verdaderos amigos en el vestuario después de más de una década conviviendo en él. El barcelonismo podrá entender ahora por que su portero ha tonteado con medios madrileños hostiles al Barça para darles las exclusivas de su vida. El barcelonismo entendera ahora por qué se lleva mal con la directiva. Sencillamente porque es imposible llevarse bien con él. Su fuga vergonzosa le delata. Y está todavía a tiempo de rectificar si realmente le importan algo los miles de aficionados que han coreado su nombre cargado de emoción durante años. Aunque parece difícil que lo haga. El sábado tendría que compartir protagonismo con el alirón de Liga, si es que se produce, y eso no le seduce.

Afortunadamente, siempre nos quedará Carles Puyol, el capitán de verdad. Uno de los nuestros... hasta el último dia.

 

 


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