2012-01-30 09:01 FC Barcelona Por: Administrador

El Barça responde a la vulgaridad con fair play



No faltaron motivos, pero en Villarreal no hubo dedos en el ojo, ni pisotones, ni tanganas. Nadie esperó al árbitro en el parking a escondidas, a oscuras, con premeditación y alevosía. Nadie invitó al colegiado a fumarse un puro y a que se fuera de fiesta con los jugadores del Villarreal. Nadie lloró ni pataleó. Esas cosas son exclusiva del campeón del mundo del llanto, el Real Madrid.

Y había motivos para salir calientes de El Madrigal al margen de un nivel de juego que no acaba de ser el del Barça. Alves vio tarjeta por protestar, Thiago también la vio por pedir al árbitro que descontara el tiempo que perdían los locales... Es como para perder los nervios, porque horas antes el hermano del que pitaba ayer le había consentido a los jugadores madridistas gestos, palabras e insultos sin inmutarse, sin enseñar una tarjeta, sin hacer constar en el acta nada de nada. Ni siquiera la coacción barriobajera de Mourinho, apostado y escondido en el parking del Camp Nou para lanzarse sobre el árbitro e insultarle, sabedor de que nadie iba a mover un dedo para sancionarle.



Con este Barça se atreven todos. Los árbitros, la Federación, los comités. Y el club pone la otra mejilla. Quizá ha llegado el momento de hacerse de valer. No se trata de llorar porque sí, por definición, como hace el Real Madrid, pero si de evitar que siga en pie esta campaña arbitral contra el Barcelona que parece dirigida a favorecer claramente los intereses del Real Madrid. Con el silencio difícilmente se conseguirá que la justicia vuelva al fútbol español. El Madrid, a base de tanganas, de meter el dedo en el ojo, de insultar y de protestarlo todo ha conseguido hacerse respetar. Es un camino. De forma zafia, sucia y despreciable, pero un camino. No es la línea que debe elegir el Barça para defender sus intereses, pero entre el estilo violento de Mourinho y el absentismo de Rosell hay un punto medio. Y de vez en cuando hay que dar un golpe sobre la mesa y decir basta sin necesidad de abandonar la línea de deportividad y fair play que siempre ha caracterizado y caracterizará al Barcelona libre de la influencia de técnicos de efectos perniciosos.


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