2012-07-18 22:07 Real Madrid Por: Administrador

El Barça y Tito: Mismo barco, direcciones opuestas



La primera rueda de prensa de Tito Vilanova de la pretemporada reflejó claramente que el entrenador y el club van por caminos distintos: Mientras unos llevan semanas atacando al Real Madrid por el indulto a Mourinho (y también a Tito Vilanova y a Villa, que siempre se les olvida), poniendo en cuestión el título liguero conseguido por los blancos el año pasado y revolviendo los ánimos todo lo posible para crear un ambiente hostil en los despachos y el terreno de juego cuando empiece a rodar el balón, el otro intenta tender la mano y se desmarca de su propia directiva, la misma que le señaló con el dedo (valga la ironía) para suceder a Guardiola en el cargo.

Al Barcelona no le importa que la decisión de indultar a Mourinho y Vilanova no corresponda al Madrid; Tampoco tiene problemas en hacer justo lo contrario a todo lo que ha ido pregonando en los últimos años y que ha esgrimido como bandera del club. El Barça jamás hablaría de los árbitros, estaría siempre al lado de la Federación en todas sus decisiones y censuraría las actitudes bravuconas (otra vez, valga la ironía), los ataques sin fundamento y todas aquellas acciones que, a su juicio como un Dalai Lama del balompié, supusieran una actitud antideportiva.



Ahora el club ataca, se queja, protesta y amenaza con una actitud chulesca donde las haya. Se considera más justo que los que deciden e incluso advierte a los demás con tono barriobajero: "No descartamos otras vías". Es su manera de decirle a los demás que tengan cuidado, que están enfadados, que no piensan ser por más tiempo, ni mucho menos, el club dialogante de antaño.

El problema es que el Barça no fue nunca un club pacífico y dialogante, fue un club que disfrutó de la victoria y se disfrazó de adalid de la deportividad aprovechando su juego y su momento deportivo. Y ahora que empieza a ver el final del ciclo, teme perder el sillón. El cambio de estrategia de la paz a la trifulca es el mejor ejemplo de ello.

De eso se desmarca ahora Tito Vilanova: "Contestaré al Madrid si me parece. ¿Por qué damos por hecho que nos van a atacar?" El técnico no se da cuenta de que su club no es que lo dé por hecho, es que necesita creerse que es atacado para contraatacar e intentar cubrir sus errores.



Esta primera contradicción entre las palabras de Vilanova en consonancia con las que pronunció Sandro Rosell el pasado fin de semana sigue reflejando una gran chapuza en la transición tras la era Guardiola, cuya marcha del club ya dejó algunos gestos desagradables entre el ex entrenador culé y la directiva. Lejos de ponerse de acuerdo, hacen que la misma entidad lance mensajes diferentes.

En la ciudad Condal no saben qué deparará el futuro y ven al Real Madrid cada vez con más potencial para dominar de nuevo el fútbol europeo, lo que provoca precipitación y nervios. Colocar a Tito Vilanova en el banquillo puede ser visto como una continuidad de la misma filosofía o como una solución desesperada ante la falta de alternativas. Y encima, con Laporta y su séquito, Godall a la cabeza, sacando trapos sucios del pasado que desenmascaran más aún los trapicheos azulgranas con la Federación, esa Federación que les trataba tan bien y a la que ahora atacan. El Barça se está quitando el disfraz. 


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