2013-04-23 22:04 FC Barcelona Por: Administrador

El Bayern se apoya en el árbitro para pasar por encima del Barça



Naufragio total. Un Barça desconocido se ha hundido en Múnich y saca un pie de Wembley porque el 4-0 que hoy le ha endosado el Bayern no tiene fácil solución, especialmente porque el Bayern de Múnich ha demostrado ser un pedazo de equipo, el gran favorito para adjudicarse la presente edición de la Champions League. Guardiola debe estar pensando ahora que se ha metido en un buen lío. Haga lo que haga en Múnich va a ser difícil que mejore lo que ha hecho Heynckes. Lo único que puede hacer es empeorarlo. Lo cierto es que este Bayern está muy hecho, muy trabajado y poco hay que añadir para mejorarlo.

El Barcelona en ningún momento se sintió a gusto sobre el césped del Allianz Arena, encharcado en el centro del campo para que los talentos del Barça no pudieran mover el balón a su antojo. El Bayern era superior técnica y físicamente. La diferencia entre ambos equipos era abismal. El Bayern corría, el Barça andaba. Y Messi era la viva imagen de lo que era el equipo. Desafortunado, poco activo, desaparecido en combate. No fue el Messi providencial de otras ocasiones y quizá ahora, a toro pasado, suene a ventajista preguntarse por qué jugó. Pero realmente, si no estaba en condiciones, mejor hubiera sido que descansara para que otro ocupara su lugar.



Pero el problema no era sólo Messi. El equipo entero hacía aguas por todas partes. Bartra no aportaba seguridad, Piqué no podía con lo que se le venía encima. El centro del campo no existía y los robustos alemanes se comían a los pequeños talentosos españoles. Y delante, ni Pedro, ni Alexis ni Messi recibían un balón en condiciones. La nulidad ofensiva de este equipo ha sido tan grande que el hecho de que los dos disparos más peligrosos hayan salido de las botas del Barça lo explica todo.

Hubo dos manos, una de Piqué y otra de Alexis, que pudieron haber sido señaladas como penalti. Pero cuantos más árbitros pintan en un partido, menos se enteran de lo que sucede en el césped. Quizá por eso tampoco vio ninguno de los cinco árbitros cómo Dante se apoyaba en Alves en el minuto 24 para dejarle a Muller el balón en bandeja e inaugurar el marcador. Fue una falta evidente que luego la televisión se encargó de confirmar desde todos los ángulos. La falta la vio todo el mundo menos los cinco árbitros.

Si en el 1-0 Kassai estuvo desacertado, en el 2-0 aún fue más lejos ignorando un flagrante fuera de juego de Mario Gómez en el momento de rematar a un metro de la línea de gol. Lo vio todo el mundo menos él y sus ayudantes. Y el 3-0 aún fue más escandaloso. Alba persigue a Robben, que entra en el área y espera a que Muller derribe a su marcador para plantarse ante Valdés y fusilar el 3-0 en el minuto 72. La falta es escandalosa, de libro. Tampoco se enteró Kassai.



Y finalmente en el minuto 81 llegó el cuarto y definitivo tanto muniqués que cerraba la fiesta. Este sí fue legal  y lo anotaba Muller, que hacía doblete, a centro de Alaba. Un 4-0 como una catedrál. Un 4-0 inapelable, pero obtenido de manera ilegal.

Si fuéramos Mourinho podríamos preguntarnos "¿por qué" y podríamos acusar al Bayern de robar al Barcelona. Y hasta diríamos que ganar así nos daría vergüenza. Pero no. Esto es un partido serio en el que las payasadas de Mourinho nada tienen que ver. El árbitro ayudó de manera flagrante al Bayern, que ha anotado tres de sus cuatro goles de manera ilegal. Pero, con árbitro o sin árbitro, la superioridad del equipo de Heynckes ha sido apabullante, incuestionable. Ha pasado por encima del Barcelona y lo ha arrollado. Esa es la realidad, con errores arbitrales o sin ellos. Si el partido hubiera acabado con 1-0 gracias al único gol legal marcado por el Bayern, el resultado hubiera significado una tremenda injusticia. El Bayern necesitó al árbitro para ganar al Barça, pero jugó para ganar por 4-0.

Y el Barcelona jugó para perder por 4-0. Empezó a tirar el partido dejando Tito a Tello en la grada y acabó de consumar la tragedia efectuando Tito el primer cambio en el minuto 82, Villa por Pedro, cuando el marcador ya señalaba un 4-0. Demasiado tarde. Pero el naufragio está ahí. No tiene solución. Queda el partido de vuelta. Ahí no hará falta ninguna remontada. Habrá que recurrir directamente al milagro. No sería la primera vez que en los últimos años el Bayern


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