2011-04-27 23:04 Real Madrid Por: Administrador

El Bernabéu se comporta: es la esencia del Real Madrid



El clima venía encendido de la noche anterior. Los ánimos estaban calientes. Las palabras de los entrenadores habían disparado la tensión, ya de por sí alterada por la tradicional magnitud del acontecimiento. Los jugadores entraron también en situación. Y acabó entrando en el terreno la grada.

El tercer tú a tú entre blancos y azulgranas tenía una aderezo extra por las declaraciones de los técnicos. Habitual el talante del portugués Jose Mourinho pero inédito el de Pep Guardiola, que salió respondón a la rueda de prensa previa al choque.



Pese a los temores, las horas previas al choque fueron sosegadas. Las arterias próximas al estadio carecieron de hechos destacables y los aficionados, de forma aislada, transitaban con cierta normalidad independientemente del color de su camiseta.

De otra forma se gestionaron los movimientos de los 3.200 seguidores del Barcelona que llegaron a Madrid a primera hora de la mañana del partido. Siempre juntos se movieron bajo el control policial en las horas antes del inicio del duelo. Después, fueron ubicados en una esquina superior del fondo norte del Santiago Bernabeu, el normal espacio reservado para los seguidores foráneos.

El duelo fue verbal entre los asientos. El gasto de energías se centró en responder al aliento del seguidor rival y en jalear los arrebatos de cada equipo. Más constante el aficionado culé, el público blanco dosificaba su aliento. Expectante al juego. A las acciones del equipo.



El estadio se vistió con la indumentaria tradicional de las grandes ocasiones. Blanco por todas partes. Propósito facilitado por el club, que atavió cada asiento con banderitas blancas. En los fondos, pancartas enormes: "Vivimos por ti. Vence por nosotros".

Las gargantas locales echaron el resto para abuchear al preparador visitante. El nombre de Pep fue abroncado con fuerza por los 70.000 madridistas. Fue una postura solidaria con el entrenador propio, tras la guerra dialéctica del día anterior, al que trató, después, con una ovación extrema cuando la megafonía dio su nombre.

A seis minutos del descanso el 'fuego' surgió en el campo. Pedro cayó en un choque con Álvaro Arbeloa. Los técnicos se cruzaron reproches, los banquillos se agitaron. La grada estalló. La mecha permaneció encendida hasta el intermedio. Un tumulto entre los componentes de ambos banquillos echó más leña a la situación.

Pero el detonante definitivo llegó pasada la hora de juego. No ayudaron los jugadores, que prolongaron el incendio. Pasada la hora de partido la acción de Pepe con Dani Alves, que acabó con la expulsión del primero, extremó las posturas de la grada. Tampoco ayudó Mourinho, que avivó la situación con su 'show' particular.

Fue entonces cuando las fuerzas de seguridad, ataviadas con llamativos chalecos amarillos, cercaron el terreno de juego. Dani Alves fue el centro de las iras del público, que cambiaron los cánticos y ánimos en insultos y airadas reprimendas a su adversario.

No hubo tregua después. Cada acción tenía un plus extra de carga emocional. En el campo y en la grada. Solo los goles apagaron el bullicio y el calor.

Dos acciones de Messi enmudecieron de pronto a la grada. Solo los 3.200 asientos de aficionados azulgrana transformaron la tensión en una fiesta. Sus cánticos no cesaron mientras los seguidores del Real Madrid empezaron a buscar la salida de forma precipitada. EFE


Deja tu Comentario