2011-09-25 01:09 FC Barcelona Por: Administrador

El campeón no necesita penaltis para hacer manitas (5-0)



Si Del Nido, el presidente "revolucionario" del Sevilla, ha visto este Barça-Atlético de Madrid, se habrá convencido de que el FC Barcelona no sólo no tiene que cobrar más que los demás de las televisiones. Tiene que cobrar muchísimo más. El lujo de encerrar la belleza del juego de Leo Messi en un televisor no tiene precio. Lo que inventa este hombre es sobrehumano. No se trata de si marca más o menos goles. Lo maravilloso es cómo los logra. 

Leo acumula ya 8 goles en tres partidos y medio. Podría llevar 10 ó 12 si los árbitros le hubieran señalado los penaltis que le han hecho. Pero la clase arbitral reserva esas cosas para otros. Es la manera, a base de penaltis, de aguantar el tirón del Barça y la magia de Messi. Todo sea por mantener la emoción del campeonato unas jornadas más.



Villa marcó el primero. El segundo fue un autogol de Miranda provocado por Messi. Y el tercero, el cuarto y el quinto, del rey Messi. Del emperador Messi, del futbolista más grande de todos los tiempos. Goles excepcionales. Goles de verdad. Con eslaloms, con virguerías, con exquisiteces técnicas. Especialmente remarcable el tercero, primero de Messi, en el que saca de banda y culmina él mismo la jugada finalizándola en gol después de quebrar a cuantos le salieron por delante.

El Atlético, que llegaba al Camp Nou con ínfulas de aspirante al título, se ha ido con otra manita. Inapelable. Ni Falcao, ni Diego, ni nadie. Messi lo eclipsa todo. Por sus goles y por su juego. Él no necesita decirse a sí mismo que es el mejor. El espejito mágico se lo recuerda después de cada partido. Y es que el equipo que tiene a Messi está condenado a ser el mejor. Es la gracia del Barça y la desgracia de los demás.

Pero Messi no juega solo. A su lado brillan todos. Y todos le permiten brillar a él. Sin malos rollos. Sin protestar al árbitro. Sin goles dudosos. Este Barça no deja lugar a la duda. Todo es auténtico. En quince minutos ya había solucionado el partido. Bajó una marcha y volvió a revolucionarse cuando lo creyó oportuno. El Barça llegó a tener posesiones de balón superiores a los dos minutos y medio. Los de Guardiola la tocaban y los rivales miraban. La superioridad del Barça por las buenas es tan evidente que hasta se puede entender que Mourinho emplee los métodos que emplea para contrarrestarle. Y es que sólo por las malas se puede intentar parar a este equipo. Sólo intentar.



Manzano, impotente, se rindió al final del partido ante la belleza del juego blaugrana. Mejor eso que meterle el dedo en el ojo a alguien. El Atlético abandonó el Camp Nou con una paliza, pero se fue con su señorío y deportividad intactos. 


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