2016-11-27 12:11 Especial Clásico Por: Administrador

El clásico del cochinillo: El día más triste en la vida de Luis Figo



Pol Brugarolas Fue el 22 de noviembre de 2002. El Camp Nou vivió un clásico especial bajo la lluvia. Aquel Barça-Real Madrid significaba el regreso de Luis Figo a la que fue su casa en los cinco años anteriores. En ese tiempo, Figo consiguió ganarse el cariño de los aficionados del Barça, que le tenían como el gran ídolo del equipo, el jugador más valorado. El propio futbolista colaboró en esa relación de aprecio mutuo con muestras de barcelonismo y antimadridismo que la afición le agredeció, como por ejemplo aquel mensaje que envió desde el balcón de la Generalitat en la celebración de una Recopa: "Madrid, llorones, saludad a los campeones".

La historia de un desencuentro

Figo se convirtió en el gran objetivo de un aspirante a la presidencia del Real Madrid llamado Florentino Pérez. Le ofreció 500 millones de pesetas (3 millones de euros) a cambio de su permiso para utilizar su nombre como baza electoral, de manera que Pérez prometió a los electores madridistas el fichaje de Figo y, en caso de no cumplir su palabra, perdonaba las cuotas a los abonados durante un año. La cosa parecía ir en serio, pero Figo lo negaba. Lo negó hasta el último día, convencido de que era imposible que Florentino Pérez ganara las elecciones ante Lorenzo Sanz, que venía de conseguir dos Champions League. Pero Florentino ganó y Figo tuvo que irse al Real Madrid. Intentó que Gaspart lo evitara, pero el FC Barcelona no estaba dispuesto a pagarle a Florentino Pérez 5.000 millones de pesetas. Este era el precio marcado en el acuerdo si Figo se echaba atrás y no cumplía su palabra. Con ese dinero Florentino haría frente a la renuncia de los ingresos de los abonos de sus socios. La realidad es que Figo pensó que tenía una manera muy sencilla de ganar 500 millones de pesetas sin hacer nada. Nunca imaginó que realmente acabaría en el Real Madrid, que pagó sin pestañear su cláusula de rescisión de 10.000 millones de pesetas ( 60 millones de euros), más los impuestos derivados de la operación. 1270794444_740215_0000000001_noticia_grande Y ese 22 de noviembre Figo volvió al Camp Nou. La prensa de Barcelona calentó convenientemente el ambiente para señalar a Figo como Judas, traidor y pesetero. Y el público acudió al campo con ganas de hacerle pagar al jugador portugués su traición. Insultos, cánticos ofensivos, pancartas y lanzamiento masivo de objetos: desde mecheros hasta botellas de whisky pasando por una cabeza de cochinillo que pasaría a la historia. La imagen dio la vuelta al mundo. Cada vez que Figo se acercaba al banderín de córner para lanzar un saque de esquina, una lluvia de objetos arreciaba sobre su cabeza. El griterío era ensordecedor y hasta obligó al propio Figo a taparse los oídos con las manos. El lanzamiento de objetos llegó a un punto que el árbitro suspendió el partido y los jugadores se fueron al vestuario, hasta que 15 minutos después volvieron a saltar al césped con la esperanza de que los ruegos efectuados por megafonía para que cesara la lluvia de objetos surtiera efecto. El presidente Joan Gaspart optó por huir y abandonó el palco. Lo de menos fue el resultado (0-0). Ese clásico será recordado siempre como "el del cochinillo".    

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