2015-07-08 19:07 FC Barcelona Por: Administrador

El cuento chino del sponsor de Laporta



Pedro Riaño

Joan Laporta quemó cinco años de su mandato tratando de localizar infructuosamente un sponsor con cara y ojos para la camiseta del primer equipo. Y no lo encontró. No pudo cumplir su promesa electoral ni ejecutar el mandato de la asamblea, que le facultó para negociar con un patrocinador de pago la inclusión de publicidad en la camiseta del Barça. Las promesas falsas y la falta de transparencia durante este tiempo dejaron paso a la solidaridad de un anunciante que en lugar de pagar cobra.                           



Al borde de la quiebra
En agosto de 2003 Joan Laporta explicó a la asamblea de compromisarios del FC Barcelona la cruda realidad: la situación económica del club era tan delicada que se hacía imprescindible aumentar las cuotas de los abonados en un 40% y manchar la camiseta con un sponsor. Sólo así se podía evitar la quiebra de la entidad. El aumento desmesurado de los abonos significó para las arcas del club 8 millones de euros (que multiplicados por 7 años supusieron 56 millones durante todo el reinado de Laporta). Y del patrocinador de la camiseta que iba a salvar al club con su aportación económica nunca más se supo. A la hora de la verdad los socios se rascaron el bolsillo mientras la directiva mostraba su incapacidad para  cumplir con su parte del trato gestionando la llegada del sponsor. Lo único que supieron encontrar fue un patrocinador dispuesto a cobrar y a relanzar mediáticamente la figura del presidente en el mundo.

Apuesta por el romanticismo
Cuando se pusieron a tiro los chinos y la casa de apuestas, había que dejarse de romanticismos y coger la pasta. Pero en cuanto UNICEF entró en escena, de lo dicho nada y vuelta al romanticismo. La tortilla cambiaba en función de las necesidades del presidente. La deuda del club había dejado de ser un tema prioritario y ya ni hacía falta la llegada de un “partnership” que aliviara la situación financiera. Pero los abonados seguían pagando un 40% por encima de lo que les correspondía, como si el paisaje económico continuara siendo crítico. El sponsor que iba a pagar ahora resultaba que cobraba. No encontraron otra cosa.

A la asamblea no le hablaron de solidaridad
Cuando Laporta se refirió al anunciante en la asamblea no habló en ningún momento de solidaridad y sí de mochilas heredadas que exigían estrategias inteligentes e imaginativas. En la versión oficial no había lugar para el “romanticismo” si de lo que se trataba era de luchar con los grandes de Europa en igualdad de condiciones. A la hora de la verdad, sin sponsor, el Barça se convirtió en campeón de Europa. Otra cosa era que los que manejaban el club mostraran una ineptitud supina como negociadores en busca de patrocinador. Ellos sí que no tenían nivel de campeones de Europa. Tan despistados estaban que fueron dando tumbos: de una empresa de apuestas al gobierno chino; de fomentar el juego a publicitar los valores de un régimen totalitario. Hasta el aparato propagandístico gastó sus salvas defendiendo todas las opciones que se pusieran a tiro: que si el futuro está en las apuestas, que si el futuro está en China… Se llegaron a agotar todos los argumentos para justificar compañeros de viaje tan poco recomendables. Ese mismo aparato de propaganda del régimen laportista luego aplaudiría la alternativa de UNICEF con el mismo fervor con que vitoreó antes otras opciones antagónicas.



La verdadera solidaridad es del socio
Y el socio, a quien efectivamente le hace gracia que su Barça sea solidario con causas justas, se preguntaba, ahora que el club parecía salvado del desastre por la gran gestión de sus administradores, por qué su directiva no se había dignado a solidarizarse con él  después de impedir el fin de la entidad aceptando sin rechistar el desproporcionado aumento de cuotas. Y se cuestionaba también por qué la solidaridad de la directiva tenía que salir siempre del mismo bolsillo, el suyo, y no del de los jugadores multimillonarios o del de los propios directivos, triunfadores en la vida, que no predicaban con el ejemplo. A ese socio le llegaban a través de los periódicos imágenes captadas en Nueva York para el álbum privado de unos cuantos, como si la donación partiera de quien salía en la foto. Daba la sensación de que Laporta, como supuesto propietario del club, desviaba su propio dinero a causas humanitarias. En la hora del reparto de la gloria, al socio, como en tantos otros temas, le tocó muy poco.

Ver, oír y callar
De haber sido consultados, los socios habrían dado con toda seguridad su visto bueno a la donación del 0,7 % del presupuesto a UNICEF. El problema era que en el Barça del laportismo ilustrado todo se hacía para el socio, pero sin el socio, y los verdaderos dueños del club poca opción tenían para opinar -que no decidir- sobre el destino de su dinero.

La transparencia no responde
Ante tanto secretismo, ante la política de hechos consumados, es lógico que alguien –no los medios de comunicación afines, claro está- se planteara preguntas racionales. ¿Por qué UNICEF y no otra organización? ¿Sólo UNICEF era digna de exhibirse en la camiseta del Barça? ¿Qué se escondía detrás de tanta generosidad con dinero ajeno? Si tanto interés existía por arreglar los problemas del mundo a través de UNICEF, ¿por qué no se buscaban fórmulas más rentables para los niños que ese pobre millón y medio anual que podría quintuplicarse con otras fórmulas más imaginativas? ¿Y por qué la donación debía contemplarse en el presupuesto? ¿No hubiera sido más lógico que saliera de la partida de los beneficios para que la caridad no resultara gravosa para la entidad? Y analizando el tema con rigor ¿no hubiera sido más eficaz para los niños necesitados del mundo que los ejecutivos del club hubiesen justificado su sueldo consiguiendo un sponsor de verdad capaz de aportar, por ejemplo, 20 millones al año y que hubiera salido de ahí la cantidad para UNICEF, que habría sido muy superior al millón y medio pactado? ¿No había nadie que pensara ahí o las ideas no iban más allá de organizar la foto en Nueva York sin Kofi Annan, pero con el presidente favorecido?

Generosidad sólo mediática
¿Y los niños catalanes y españoles que lo pasaban mal, que también los había? ¿No tenían derecho a beneficiarse de la generosidad impuesta por imperativo legal a los socios del Barça? ¿Y los ancianos y las familias numerosas o los parados de la masa social que en muchos casos pagaban religiosamente los abonos del Camp Nou privándose de otras cosas porque su economía no daba para más? ¿No se habría podido tener un detalle con ellos o quizá no garantizaban portadas y estaban demasiado cerca como para acordarse de ellos? La generosidad de andar por casa no se llevaba en el nuevo orden de Laporta.

El Barça no es una ONG
Regalar el dinero de los demás es muy fácil. Sobre todo cuando uno tiene la garantía de que nadie va a atreverse a cuestionarle nada. La jugada estaba muy bien estudiada: nosotros somos los buenos. Los malos serán quienes se atrevan a cuestionar nuestra filosofía. La demagogia puso en marcha el ventilador: quien critique la apuesta de UNICEF está en contra de ayudar a los niños necesitados. Pero el Barça no es una ONG. Ni es responsable del hambre ni del reparto de la riqueza en el mundo. En cambio, la directiva sí está obligada a dar explicaciones a los dueños del club sobre la administración de las cuentas. Y en este terreno, más que un ejemplo de solidaridad, dio una muestra de gestión deficiente. Cuando uno quiere ser generoso, lo es. Y punto. No necesita hacer publicidad de su bondad. Porque entonces deja de ser generosidad para convertirse en pavoneo… con dinero ajeno. Aquí el Barça de Laporta interpretó el papel de nuevo rico. Lo importante no era ser generoso. Lo importante era que el mundo lo supiera. Así era el Barça del círculo virtuoso en el que lo que privaba era estar en la primera línea mediática y salir en la foto a cualquier precio.

Incompetente Núñez, ¿competente Laporta?
Así se escribió la historia plagada de mentiras del patrocinador frustrado:
Comunicado del Elefant Blau liderado por Joan Laporta el 26 de julio de 1999 y publicitado en rueda de prensa: “Núñez siempre había manifestado que mientras él fuera presidente el Barça nunca llevaría publicidad en la camiseta. Es un valor sentimental del club que Núñez siempre ha considerado intocable. La incompetente gestión de Núñez puede hacer que se pierda este signo de distinción del Club ". Núñez era tachado de incompetente por Laporta por algo que nunca hizo ni lo pretendió y que sólo estaba en la mente enfermiza de un Laporta hambriento de poder y necesitado de argumentos para alcanzarlo. Al final, qué cosas tiene la vida, fue Laporta quien manchó de publicidad la camiseta y a cambio de nada, porque su “competencia” no fue capaz de encontrar a alguien que pagara el verdadero valor de la zamarra blaugrana. Tuvo que conformarse finalmente con la “jugada” de UNICEF después de negarse a explicar a los socios qué pasó con el sponsor chino y con la casa de apuestas. Así pretendió tapar su propia incompetencia, ocultando una estéril gestión detrás de sus ansias solidarias…con dinero ajeno.

Soriano sí hace los deberes
Ferran Soriano ponía la nota cómica y jocosa en las elecciones a la presidencia del FC Barcelona de 2003 asegurando que "en el tema de la publicidad se nota quién ha trabajado y quién no. Unos dicen que la camiseta puede reportar 18 millones y otros que 5 (Bassat y Majó, respectivamente). Aquí se demuestra que no han hecho los deberes. Si hubieran realizado un esfuerzo verían que hablar de 18 millones es imposible y que 5 es demasiado poco. Nosotros hemos estudiado el mercado a fondo y consideramos que el Barcelona podría conseguir entre 11 y 13 millones de euros, incluyendo en el contrato a las secciones. Cosas así demuestran que todos van detrás nuestro". Soriano no había alcanzado todavía el poder y ya se pavoenaba dando lecciones a los demás y regalando muestras de esa prepotencia y suficiencia que caracterizaría después a la junta de Joan Laporta. En realidad la prepotencia no era más que ignorancia o ganas de engañar. Pero para conseguir el poder valía todo, incluso echar mano de la mentira para confundir al electorado con deberes que nunca llegaron a hacerse. Efectivamente, todos iban detrás de Soriano. Nadie se atrevía a engañar tanto como él. Quizá por eso ganaron los suyos y no los otros.

No engañan ni a los chinos
Ellos sí habían hecho los deberes, ellos sí habían estudiado el mercado, ellos sí conocían el precio justo. Eran tan buenos que incluso antes de mandar ya tenían ofertas para ponerle publicidad a la camiseta del Barça.Todos irían detrás suyo, pero poco debían haber trabajado ellos o escaso interés habían mostrado en hacer los deberes cuando después de tanto esfuerzo estudiando el mercado y encontrando la valoración exacta de la camiseta del Barça, agotaron su primer mandato sin haber conseguido engañar a los chinos ni a nadie para publicitarse en un equipo que según Soriano se cotizaba entre 11 y 13 millones cuando ni siquiera jugaba la Champions League. A la hora de la verdad, ni 11, ni 13 ni nada, ni siquiera con el Barça campeón de liga y de Europa. Al contrario, el club, que supuestamente necesitaba los ingresos de la publicidad para solventar una situación próxima a la quiebra técnica, acabó decidiendo pagar y no cobrar por un anuncio en su camiseta. Y lo decidió Soriano, el hombre que más ha mentido sobre el tema de la publicidad, el mismo que no cesaba de quejarse de la mochila heredada, de la ruina económica a la que tenían que enfrentarse y cuyo remedio pasaba inexorablemente por aumentar el precio de los abonos y ponerle publicidad a la camiseta. Por eso el vicepresidente económico preparaba estratégicamente la asamblea de 2003 en La Vanguardia: "De todas las oportunidades para incrementar los ingresos del club, la publicidad en la camiseta es la más relevante (…) Existe un buen numero de empresas interesadas y esperamos obtener entre 11 y 13 millones por este concepto". Esperaban… ¿No habían hecho los deberes? ¿No iban por delante de los demás? ¿A qué esperaban, entonces? ¡Qué fácil era engañar!

"Cada día llama alguien"
El 24 de junio de 2003 Ferran Soriano anunciaba también en La Vanguardia: "Tenemos entre cuatro y seis ofertas, pero es un tema que se mueve y cada día llama alguien interesado (…) No pondremos cualquier cosa. Ha de ser una marca que sintonice con nuestro proyecto, que tenga valores como el liderazgo". Soriano acababa de aterrizar, ya mandaba y seguía comportándose como si estuviera en campaña electoral, como si pudiera seguir mareando la perdiz y embaucando al socio igual que con el tema de Beckham. Parecía como si le hubieran cogido el gusto a intoxicar el ambiente con mentiras o medias verdades que luego nadie se iba a tomar la molestia de verificar. Soriano debió pensar que al socio se le podía engañar impunemente y no dudó en hacerlo desde el primer momento. "Cada día llama alguien interesado" y seis años después no había ni rastro del patrocinador prometido. Tanto tiempo asegurando que los demás no hacen los deberes y cuando se convierten en equipo de gobierno y deben dejar de destruir para empezar a construir fueron incapaces de convertir en realidad todas esas promesas que fueron quedando en puro papel mojado, en humo. La publicidad en la camiseta es un claro ejemplo.

“Lo explicaremos a los compromisarios”
El 4 de julio de 2003 Laporta explicaba en Barça TV que “la decisión está tomada. Tenemos ofertas y lo propondremos a la asamblea de compromisarios para explicar las opciones que tenemos. Allí daremos mucha información". Por supuesto, a la asamblea no le explicaron ninguna de las inexistentes opciones y la información que ofreció la directiva de la transparencia brilló por su ausencia. Allí no dieron ni mucha ni poca información. Nada. Sólo plantearon una situación catastrófica que precisaba de la publicidad en la camiseta. Ni hablaron de UNICEF, ni de obras de caridad, ni aportaron luz alguna sobre las gestiones realizadas hasta ese momento ni explicaron quién llamaba cada día ofreciendo publicidad. Transparencia cero.

Los de antes no sabían
Aunque, eso sí, Ferran Soriano seguía alimentando la farsa y el 7 de julio apuntaba: "Tenemos la firme intención de poner publicidad en la camiseta porque pensamos que es un activo que no se está explotando y que tiene valor para el club". Quedaba claro que los anteriores gestores no sabían explotar los activos del club y que a partir de ese momento íbamos a enterarnos de cómo se rentabiliza una marca. "Queremos que en la camiseta del Barça haya valores que estén alineados con los del club, una marca moderna, innovadora, internacional...". Laporta concluyó su reinado de siete años sin encontrar esa marca de pago después de negociar con una casa de apuestas y con un gobierno de valores poco o nada alineados con lo que se pretendía vender.

Ronaldinho les regatea
Soriano se quedaba solo tratando de sacar pecho. El 20 de julio sostenía en La Vanguardia, ya fichado Ronaldinho, que "lo primero que nos preguntan cuando vamos a negociar la venta de la camiseta es a quién tenemos, y tenemos a Ronaldinho". Soriano calculaba en "tres millones de euros más lo que puede cobrar el Barça por la publicidad en la camiseta. Con el brasileño también aumenta el caché en los partidos amistosos". Pues ni así. Ronaldinho, al margen de hacer felices con su juego y sus triunfos a los barcelonistas, sirvió al departamento de marketing del Barça para presumir, pero no para obtener el rendimiento económico que su presencia en el Camp Nou exigía. De hecho, demostró ser más listo que los gestores del club renegociando constantemente su contrato, obteniendo mejoras de todo tipo y conservando el preciado tesoro de sus derechos de imagen, un negocio que alcanzó los 14 millones anuales sin que el club participara de él..

Vamos a contar mentiras
Los “entre 11 y 13 millones” que prometía en julio Soriano se convertían en agosto en “entre 12 y 15” para Laporta: "El club dispone de una oferta para poner publicidad en la camiseta las próximas cuatro temporadas que reportaría unos ingresos de entre 12 y 15 millones por campaña". El presidente condicionaba ese acuerdo al visto bueno de la asamblea del 22 de agosto. La asamblea, por supuesto, lo aprobó y siete años después seguíamos esperando a que la eficiencia del departamento de marketing de la directiva del power point diera con alguien interesado en pagar por publicitarse en el equipo más mediático del mundo. Otra mentira.

“El contrato será por tres años"
"La marca elegida tendrá que ser universal, moderna, con connotaciones positivas y atractivas para el consumidor catalán", explicaba Soriano pensando en “el consumidor catalán” cuando a lo que se aspiraba era a un Barça “universal”. Y ampliaba detalles informando de que el contrato sería por tres temporadas, para no hipotecar a futuras juntas. Ese detalle, esas buenas intenciones, no las tuvo la  directiva de Laporta renovando contratos que superaban ampliamente en el tiempo la duración de su mandato, por lo que suena a mentira piadosa tanto miramiento en el tema de la publicidad. Y en la asamblea del 22 de agosto de 2003 el “Vamos a contar mentiras” alcanzaba cotas grotescas cuando el presidente informaba de que “hay treinta empresas interesadas y se han entablado conversaciones ya muy avanzadas con 10 de ellas. Ofrecen entre 10 y 12 millones de euros por temporada”. Palabra de Laporta.  Ni una, ni dos ni tres… ¡Treinta! Y Que n´aprenguin!

Deberes mal hechos
La autorización para manchar la camiseta y obtener un ingreso imprescindible fue solicitada  confusa y precipitadamente y concedida en la asamblea con el voto favorable de 450 compromisarios. 9 votaron en blanco y 32 en contra. Y tan seguros estaban de su éxito que en el primer presupuesto del laportismo se contemplaba una partida de 10 millones de euros por este concepto. Ni 11 ni 13. Otra mentira. Los deberes de la campaña electoral debían estar mal hechos. La prueba es que con la perspectiva del tiempo queda la sensación de que esa junta suspendió la asignatura de la publicidad con un cero patatero. Siete años de patrocinador a 12 millones cada uno suman 84 millones. Esa es la cifra que no supieron gestionar, aunque sí fueron más hábiles para subirle a los abonados un 40% el recibo de sus cuotas. Fue la gran solución imaginativa de la junta del power point ante su fracaso negociando la contratación de un patrocinador. Siempre se puede echar mano del bolsillo del socio para tapar cualquier incapacidad.

La camiseta del Barça vale más que la del Madrid
Josep Prats, director de Sport, se apuntaba el 22 de agosto a la tarea de convencer al socio de la necesidad de aceptar un sponsor. Y es que la supervivencia del club parecía estar en juego: "En los tiempos que corren, no cabe un romántico argumento que va contra corriente. No tiene sentido resistirse a esta realidad (la publicidad)”. Había que dejarse de romanticismos. El entusiasmo se desataba y un eufórico Toni Frieros titulaba en Sport el 7 de septiembre de 2003: “La camiseta del Barça vale más que la del Madrid” ¡Qué felicidad! Y justificaba así su frenesí: “1.- El Barça estudia 10 propuestas de otras tantas multinacionales. 2.- Ingla y Calzada se van en breve a Seúl y Tokyo a negociar. 3. -El precio de salida será de 12 millones de euros por año”. Las fuentes de Frieros le filtraron que “el contrato sería por tres años porque el mercado es muy cambiante y lo que hoy vale 12 millones, a lo mejor vale 15 o más dentro de dos años". O menos. O nada. O cuesta dinero. Proseguía la información: "A día de hoy el club ha recibido 30 propuestas... (el dato coincidía con la información ofrecida por Laporta en la asamblea). De todas, el Barça ya ha hecho una selección y la lista se ha reducido a 10 socios potenciales... El club que preside Laporta no sólo quiere un patrocinador, desea un "partnership". La verdad es que dicho así sonaba muchísimo mejor.

Ingla y Calzada, a Japón
Unos días después, dosis de realismo para los socios. El País anunciaba que “la junta dice que puede tardar meses en encontrar publicidad para la camiseta". Por lo visto, los 30 aspirantes de los que hablaba Toni Frieros no daban la talla. Ingla y Calzada debían irse a Japón a negociar con nuevos contactos en horizontes inexplorados. Un viaje para nada, claro. Un desplazamiento  más sin resultados. El 26 de septiembre Laporta rebajaba en Catalunya Ràdio el listón y cifraba en 10 millones el precio de salida para negociar la publicidad en la camiseta. "No tenemos prisa. Será una marca que no desprestigie a la entidad". Una empresa de juegos de azar o un gobierno totalitario, por ejemplo. Para haber hecho los deberes, como decía Soriano, se les veía muy retrasados… o quizá los deberes estaban mal hechos.

No hay sponsor
El 28 de enero de 2004 ya sabíamos por Laporta que “poner publicidad en la camiseta del primer equipo no es en este momento algo prioritario (…) Cuando llegamos al club anunciamos lo contrario. Es cierto, pero ahora sabemos mejor dónde nos hallamos y creemos que podemos explotar otras áreas antes que vender a camiseta". Al fin admitían que antes de llegar al club, aunque iban lo suficientemente sobrados para dar lecciones a todo el mundo, no tenían ni idea de dónde se metían. Así se entienden tantas y tantas promesas y juramentos que quedaron en el baúl de los recuerdos. Juegos de palabras. Ejercicios indecorosos de embaucamiento. Por eso el 14 de febrero El Periódico anunciaba lacónicamente: "No hay sponsor (…) La junta renuncia esta temporada a lucir publicidad en la camiseta al no disponer de buenas ofertas (…) La directiva no ha encontrado un sponsor que ofrezca como mínimo 10 millones anuales. Pero ya no tiene las prisas del inicio de mandato después de recortar los gastos ordinarios del club en 6 millones de euros". Eso lo decía un medio de comunicación, no quien propagó a los cuatro vientos la segunda gran mentira del laportismo después de la de Beckham. Tampoco se veían por ningún lado las 30, ni las 10 ni las 6 ofertas que estaban en fase de estudio. No se volvió a saber de esas empresas que llamaban cada día al club y ya nadie nos recordaba que mientras el Real Madrid seguía ingresando religiosamente sus “escasos” 11 millones anuales por la publicidad, el Barça debía buscar recursos debajo de las piedras ante la ineficacia de sus ejecutivos, incapaces de convertir en realidad las arrogantes bravatas de unos cuantos directivos.

Ya no hace falta. Paga el socio
Desgraciadamente, la situación de emergencia sí que exigiría más tarde vender patrimonio en Can Rigalt o malvender a Riquelme de forma precipitada para cuadrar un balance. "El tema vale más de lo que nos ofrecen", acabó por reconocer Laporta, asumiendo así que después de presumir de ofertas y más ofertas, después de intoxicar a través de los medios afines más predispuestos, a la hora de la verdad ninguna propuesta mejoraba lo que cobraba el Real Madrid. Marc Ingla, el responsable directo del departamento de marketing, daba su versión en Mundo Deportivo el 21 de junio: "Dije que no teníamos más remedio que poner publicidad en la camiseta, es algo que caía por su propio peso. Esa fue nuestra reflexión y la de la mayoría de los candidatos en la campaña. La lectura que hicimos en la asamblea es que el socio estaba de acuerdo (450 compromisarios) en publicitar la camiseta, sin embargo también cogimos el sentimiento del sí, pero sólo si es estrictamente necesario. Por suerte, hemos tenido éxitos en otros frentes y no ha hecho falta". Qué bonita palabra, éxito, y qué poco costaba pronunciarla para tapar un fracaso. Ya no hacía falta el ingreso de la publicidad, pero sí el del aumento del 40% en los abonos. Y lo decía Ingla sin rubor porque sabía que encontraría el aplauso espontáneo en su corte cada vez más numerosa de palmeros, incluidos los que se dejaban de romanticismos.

¡Al fin una oferta!
Laporta le reconocía a El Periódico el 30 de octubre de 2004, a los 15 meses de su toma de posesión, que Betandwin era la única oferta que había llegado "en firme y por escrito". Y, por supuesto, se trataba de "una empresa moderna que está en la línea de nuestro proyecto". O sea, en la línea de UNICEF, por ejemplo. La línea del juego y la ludopatía entraba a formar parte del proyecto del cambio. Las cantidades finales, entre 14 y 17 millones, dependerían de los títulos. Y Ketty Calatayud adelantaba en La Vanguardia que "desde el club no se considera un problema que la elegida acabe siendo una empresa de apuestas deportivas, un sector en constante crecimiento". Claro que sí, los valores del Barça iban en esa dirección. Y Soriano no podía dejar de aparecer en un momento tan feliz: "Es cierto que la oferta es muy importante y la estamos considerando seriamente", añadiendo que la directiva tomaría una decisión definitiva en un plazo máximo de "tres o cuatro semanas". Otra mentira. “Hace un año nadie nos habría ofrecido esa suma", repetía Soriano a quien quería escucharle. Más mentiras. Y, qué curioso, el notición veía la luz el mismo día en que el Barça era eliminado de la Copa del Rey por la Gramenet. Casualidades de la vida. Lo cierto es que ambas noticias, la de la eliminación de la Copa y la del sponsor, parecían increíbles.

No hay lugar para el romanticismo
A Sport se le abrían las puertas del cielo: “El prestigio del Barça y su recuperada imagen de gran equipo han permitido que llegara esta superoferta de 15 millones anuales por tres temporadas (…) Estas astronómicas cifras, en caso de cerrarse el acuerdo, colocarían al FC Barcelona como el segundo club de fútbol de Europa que más dinero ingresaría por la publicidad en su camiseta, por detrás del Bayern Munich y por delante de otros clubs como Manchester United y Real Madrid, que hasta hace unos años sacaban una ventaja estratosférica al Barça en cuanto a esos ingresos que antes se llamaban ‘atípicos’. El tema de la publicidad en la camiseta dejó de ser un tabú histórico cuando en la primera asamblea que celebró Joan Laporta como presidente, en septiembre de 2003, los socios compromisarios dieron su aprobación al uso de esta fuente de ingresos a los que el Barça venía renunciando por ‘romanticismo’. Una fuente de ingresos que sí usaban sus más acérrimos competidores en el fútbol español y europeo y con los que el Barça, económicamente, no podía luchar de igual a igual”. En 2003 no había espacio para el romanticismo. En 2006, ya firmado el contrato con UNICEF, había que hacerlo todo por romanticismo. El aparato propagandístico era capaz de defender con la misma convicción el blanco que el negro. Los hechos demostraron luego que no sólo se puede luchar de igual a igual con los demás sin publicidad sino que incluso se puede ganar la Champions y cuadrar el presupuesto con superávit sin manchar la camiseta. Pero en ese momento se trataba de convencer a los socios de que estábamos ante el mejor “partnership” posible. Por Sport no quedó: “Tanto a Joan Laporta como a sus directivos la oferta de ‘betandwin.com’ les parece un gran paso adelante, incluso en la imagen global del FC Barcelona al asociarse con una empresa líder mundial en su sector. Una empresa joven, ambiciosa y moderna, virtudes a las que se le debe añadir la de la solvencia. El mundo de las apuestas y quinielas ha entrado de lleno en la era virtual gracias a Internet, un mercado aún en vías de expansión”. Y para corroborarlo, los datos: “30.000 apuestas diarias en más de 30 deportes”, una cifra de la que el Barça y sus socios debían sentirse orgullosos, claro está. Betandwin o UNICEF. Era igual, fuera el que fuera el elegido, los socios debían sentirse orgullosos.

Operación perfecta
De su puño y letra Josep Mª Casanovas se sumaba a la campaña pro ludopatía en la camiseta del Barça: “Las apuestas son un negocio que no se puede escapar. Hay que ponerse las pilas. El fútbol ha dejado de ser un juego para convertirse en un gran espectáculo y, como tal, tendría que ser un buen negocio… De la misma manera que la televisión ha sido la tabla de salvación de los clubs punteros en los últimos diez años, lo que viene ahora después de haber sacado ya el máximo jugo al merchandaising es el juego, las apuestas … Ni la Coca-Cola, ni McDonalds ni Sony, una compañía de apuestas que ve en el fútbol un negocio redondo. No estaría de más que los clubs españoles entraran en este negocio antes de que se lo lleven todo los de fuera y quizás tendría que ser la Liga Profesional la que marcara el terreno de juego. El filón de las apuestas es un negocio que el fútbol español debe controlar y dominar”.
Si Casanovas mostraba el lado sugestivo de la oferta, Lluís Mascaró, más en su típica línea oficialista, se abrazaba directamente a ciegas a los millones de la casa de apuestas: “El Barça tiene encima de la mesa una oferta irrenunciable de un sponsor para la camiseta… Desde el punto de vista estrictamente económico, la operación es perfecta para el Barça. En su primera asamblea como presidente, Laporta ya anunció que el club necesitaba los ingresos de un patrocinador para poder competir en el mercado de fichajes con las entidades más poderosas del continente. Y los compromisarios aprobaron la propuesta”. Interesante interpretación de Mascaró:  ”Laporta anunció que el club necesitaba los ingresos de un patrocinador para poder competir en el mercado de fichajes”. ¿Por eso finalmente se pactó con UNICEF? ¿La alianza con UNICEF permitió al Barça competir de igual a igual con los más poderosos en el mercado de fichajes? ¿O no?

Los nostálgicos y las cavernas
Seguía Mascaró defendiendo lo que tocaba defender en ese momento: “Si hasta el día de hoy la camiseta blaugrana ha seguido ‘virgen’ es porque no había llegado ninguna oferta que alcanzara el mínimo exigido por la directiva: entre 10 y 12 millones de euros. Ahora, sin embargo, Betandwin.com ha decidido invertir en este Barça campeón que está fabricando Rijkaard y ha pujado con fuerza. Seguro que ahora saldrán de sus cavernas los nostálgicos que abrirán un debate sobre la conveniencia de ‘manchar’ o no la camiseta blaugrana. Pero renunciar a 15 millones de euros por temporada por una cuestión sentimental me parece totalmente absurdo en un mundo tan superprofesionalizado como el del fútbol de elite. No nos engañemos: conquistar títulos cuesta dinero. Y el Barça ha encontrado ahora un filón que no debe ni puede despreciar. Para ganar hay que apostar”. Para ganar hay que apostar. Mascaró apostó por las apuestas y perdió. El tiempo convirtió a Mascaró no sólo en romántico, sino en nostálgico, haciéndole salir de sus propias cavernas para abrazarse a las causas justas de la solidaridad y defendiendo que el club pagara  por lucir la publicidad de UNICEF en lugar de coger la pasta, dejarse de historias y correr, como proponía por esas fechas. Claro, Soriano lo hacía tan bien que, pasados los años, ya no sería necesario echar mano de sponsors para conquistar títulos. El filón de las apuestas ya se podría despreciar. Rectificar es de sabios… y de errados.

O son muy listos o son muy tontos
Los “nostálgicos” siguieron en las cavernas a la espera de que tanta palabra, tanta promesa incumplida y tantos millones garantizados se concretaran en algo tangible. También habrá que preguntarse si al propio Laporta, luego tan despreciativo con esta partida económica, habría que incluirle también en el bando cavernícola de los nostálgicos por renunciar al dinero y dedicarse a promocionar oenegés o similares.Lo cierto es que una parte de la junta, no sé si cavernarios o nostálgicos, no comulgaba con las tesis doctrinarias vertidas por Mascaró en nombre de la otra parte y finalmente la directiva no se atrevió a apostar por algo en lo que ni siquiera confiaba el propio presidente. Sin embargo, durante las siguientes semanas, meses e incluso años se siguió publicitando la marca mientras se mantenía la duda de su aceptación o no. Ante una prueba tan clara de transparencia, los rumores empezaron a circular por los corrillos barcelonistas: “O son muy listos y alguien se ha beneficiado por la enorme publicidad que se le está haciendo a la casa de apuestas o son muy tontos y el sponsor fantasma se ha aprovechado de su ingenuidad para promocionarse”. Nunca se sabrá. Lo único demostrable es que la casa de apuestas ocupó portadas en la prensa escrita y grandes espacios en los medios audiovisuales. Según Josep María Minguella, el beneficio para la empresa en publicidad podría estimarse en seis millones de euros. A cambio, la casa de apuestas pagaba al club 1,5 millones por ligar su imagen a la web y otros espacios del club. Lo que resultó curioso fue escuchar al portavoz azulgrana admitir que sólo había llegado una oferta “formal” a la sede del club. ¿No habíamos quedado en que eran 30? ¿Seguiría vigente aquello de que al socio no se le podía engañar? Nadie recordaba ya las palabras de Laporta ante la asamblea, cuando arrancó su aprobación para buscar un sponsor: “Sólo nos lo plantearíamos en el caso de que el precio fuera muy importante y en el supuesto de que la marca fuera de un prestigio comparable al del Barcelona”. El prestigio del Barça, a la altura del de una casa de apuestas con sede fiscal en Gibraltar. Ese era el cambio prometido.

El cuento chino
Betandwin generó una gran controversia en la directiva, especialmente porque Laporta no se atrevió a dar el paso, y quedó relegado  a un segundo plano, que no descartado. Hasta que La Vanguardia anunció a bombo y platillo que “el club ha estado negociando con el gobierno chino un megacuerdo económico que afectaría a varias áreas del club, patrocinio, formación de jugadores, intercambios culturales y en el que también se podría incluir una oferta para poner publicidad en la camiseta (…) El acuerdo no está cerrado, pero como ayer confirmó el presidente y aseguraron fuentes cercanas a la directiva, estaría lo suficientemente maduro como para que dentro de unas semanas sea rubricado”. Esta información salió a la luz paralelamente al supuesto final de la crisis de Rosell y sus afines en el seno de la directiva. Vamos, que venía a ser lo que se entiende como una cortina de humo de un calibre similar a la de Betandwin cuando el equipo fue eliminado de la copa por la Gramenet.

Filtraciones interesadas
En las negociaciones con los chinos intervinieron Joan Laporta, Esteve Calzada –uno de los escasos supervivientes del régimen de Gaspart- y Xavier Faus, que fue clave en la contratación de Eto´o y en la inclusión del Barça en los órganos de dirección del G-14. Laporta cambiaba de discurso y anunciaba en esa época que el posible acuerdo serviría para “transmitir los valores de la nueva y emergente sociedad china”. Y mientras Marc Ingla viajaba a Qatar para intentar concretar una oferta fantasma de Qatar Airlines (más viajes exóticos inútiles), La Vanguardia abría su sección de deportes con un eufórico y espectacular título a toda página: “El gobierno chino ofrece al Barça 17 millones por la camiseta (…) El acuerdo sería por 5 años e incluye un variable de tres millones más”. Siempre según La Vanguardia “El gobierno comunista de Pekín y la entidad que dirige Joan Laporta han alcanzado un principio de acuerdo en el que la esponsorización de la camiseta es sólo la punta del iceberg de un proyecto multimillonario que llevaría al Barça a expandir su marca por toda Asia, a crear escuelas de fútbol y, en contrapartida, a ayudar al gobierno de ese país a dar un impulso definitivo a su balompié. El preacuerdo, que tendrá que ser ratificado por la junta directiva, deberá cerrarse en el próximo mes entre el Barça y la agencia gubernamental china con la que ha estado negociando en el más estricto secretismo desde inicios de diciembre en Londres  y en Barcelona”.

La bombilla se le encendió a Laporta
Seguía La Vanguardia: “La operación llegó a su punto culminante en el viaje que el presidente Laporta, el directivo Javier Faus y el gerente de marketing Esteve Calzada llevaron a cabo por Asia hace sólo un año. De aquella singladura, la entidad azulgrana volvió a Barcelona con una generosa oferta bajo el brazo que correría a cargo del gobierno chino, incluso superior a la de la casa de apuestas Betandwin, ya totalmente descartada. El Barça ve con mucho interés esta opción porque la imagen olímpica transmite los valores del deporte, la juventud o la solidaridad y no está relacionada con ningún tipo de marca comercial”.
Y puntualizaba La Vanguardia, para evitar malentendidos, que “curiosamente, no fue a los funcionarios chinos a quienes se les encendió la bombilla, sino al propio Laporta”. Quede claro, pues, quién era el genio de la operación, no fuera a ser que a alguien le diera por equivocarse. “Si esta opción fallara, existe un amplio abanico de empresas de todos los sectores empresariales e industriales del gran gigante asiático que querrían patrocinarse con el club”. Por supuesto, no había motivos para dudar de que había cola para anunciarse en la camiseta del Barça. Y más con los antecedentes que tenía el caso. Más intoxicación mediática, más mentiras. La opción falló y del abanico de alternativas nunca más se supo.

Los chinos lo desmienten todo
Sport titulaba en su portada el 18 de febrero que “Pekín 2008 ofrece una fortuna por la camiseta”.  Y explicaba: “El FC Barcelona baraja una oferta multimillonaria del gobierno chino para que Pekín 2008 sea el patrocinador de su camiseta. De cerrarse el acuerdo, el club podría ingresar 18 millones por cada una de las dos temporadas en las que tendría vigencia”. Los cinco años de La Vanguardia eran sólo dos en Sport.
“Fue en su reciente viaje a China cuando Laporta dio un impulso definitivo a las negociaciones con representantes del gobierno de Hu Jintao (…) Se trata de una marca de prestigio y “limpia”, sin los inconvenientes que podría ofrecer Betandwin”. Ahora, superada la luz cegadora, ya hasta se le veían los inconvenientes a la casa de apuestas. Ya se había abierto la veda para cuestionar la idoneidad de ligar la imagen del Barça a la ludopatía. Hasta los mismos que defendían esa opción con uñas y dientes la desaconsejaban ahora.
El globo, sin embargo, se desinflaba apenas cuatro días después. La Vanguardia, ahora ya sólo en media página, informaba: “Pekín 2008 dice no al Barça (…) El Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 (BOCOG) anunció ayer en su página oficial en Internet que “nunca ha mantenido ningún contacto” con el club azulgrana para negociar el acuerdo por la publicidad en la camiseta ni tiene “ninguna intención de poner ningún anuncio de los Juegos en la camiseta del FC Barcelona”. Era como para mosquearse. ¿Con quién habría mantenido Laporta contactos en su exótico y emocionante viaje a China.
 

Alguien mentía
El Periódico se mostraba ese día, el 22 de febrero, bastante más severo con los ingeniosos directivos inventores de ofertas fantasma: “En una de las últimas reuniones que tuvo la junta se informó de estos contactos (con los chinos), pero alguno de estos directivos ha ido demasiado lejos a la hora de vender la supuesta oferta por la camiseta. Ni Pekín 2008 ni el gobierno chino han puesto en ningún momento sobre la mesa 17 millones de euros anuales”. Alguien había mentido aquí y, al parecer, no eran los chinos.

La camiseta mejor pagada del mundo
    Al día siguiente podía encontrarse un anuncio a toda página en El Periódico: “Betandwin y el Barça te dan el doble de emoción (…) Betandwin, web de apuestas deportivas autorizada por el Barça”. La creatividad publicitaria utilizaba como reclamo uno de los símbolos del club, el escudo, para atraer a sus clientes potenciales. El 11 de abril de 2005 explicaba Laporta en TV3: “La camiseta del Barça será la mejor pagada del mundo”. Era como una obsesión que no le dejaba vivir: la mejor pagada del mundo.  “El Barça, Barcelona y Catalunya se pueden convertir en la puerta de Europa para China”. ¿Creerían realmente que ése era uno de los anhelos de la masa social barcelonista, de la ciudad de Barcelona y de  Catalunya? La cuestión es que volvía al primer plano mediático el asunto chino a pesar de los continuos desmentidos que llegaban de Asia. Se trataba de dar vueltas alrededor de la mentira, como sucedió con Beckham.

El conseller Castells felicita a la directiva
Ferran Soriano no quería saber nada de reveses en la operación y ya hacía cuentas, que era lo suyo, y explicaba que los 19 millones de Beijing –ahora eran 19- permitirían al Barça seguir entre los 'grandes'. “Tal como aseguró a Mundo Deportivo, el vicepresidente de Operaciones Ferran Soriano –el asegurador oficial de la directiva-, el cierre definitivo del acuerdo sólo requiere de dos puntos finales: la obtención del correspondiente aval por parte del patrocinador y el visto bueno del Comité Organizador de los próximos Juegos Olímpicos en Pekín, BOCOG, propietario de éstos. El Ministerio chino ve con muy buenos ojos promocionar la capital a través de un evento de tanta magnitud como el de los Juegos, por lo que el logo de la camiseta tanto podría ser Beijing como Beijing' 2008”. La negociación había sido tan brillante que hasta el conseller Castells se vio obligado a felicitar a la directiva por el éxito de su gestión.

Ingla y Soriano dejan a Faus en tierra
El tema parecía ya cerrado. La Vanguardia, es de suponer que convenientemente intoxicada, incluso se recreaba con los detalles de la operación el 27 de abril de 2005: “El club ingresará por la camiseta entre 95 y 108 millones en el próximo quinquenio (Ahora ya no les importaba hipotecar a una futura directiva). Será publicidad de Pekín, con o sin los aros olímpicos, será dentro de quince días y se hará independientemente de si el equipo gana la liga antes o después (…) Sólo falta una llamada telefónica y el FCB entrará en la elite de los grandes clubs del mundo en ingresos publicitarios (…) El Barça ya no está negociando con el gobierno chino. De hecho, ya no hay nada que negociar. Los contratos están redactados, los visados de los directivos están sellados en sus pasaportes y los billetes de avión en sus carteras. La junta que preside Laporta está preparada para cerrar una macroentente económica con el gobierno comunista de Hu Jintao que le reportará 19 millones anuales fijos y otros siete en función de los títulos”.
Y el 5 de mayo de 2005, dentro del plazo de los quince días, La Vanguardia anunciaba que “el Barça despega hacia China a por la camiseta (…) La plana mayor del FC Barcelona, con su presidente a la cabeza, emprendió ayer un viaje que se antoja vital para el futuro de la entidad y que supone el inicio de una era (…) El mensaje, si no hay cambios de ultimísima hora, constará de un logotipo y un lema que invitará a visitar Pekín”. El viaje, como tantos otros, fue más de placer que vital para el futuro de la entidad. Lo que es seguro es que ese viaje no supuso el inicio de ninguna era. Sólo gastos de avión y de hotel y facturas de los mejores restaurantes de Pekín, más los extras habituales.
En medio de tan ilusionante información, un detalle, entre líneas, que luego sería de vital importancia: no viajaba Javier Faus y sí Soriano e Ingla, que no formaron parte de la expedición en el anterior desplazamiento. Este dato, que confirmaba el afán de protagonismo de los dos vicepresidentes, acabaría por convencer a Faus de la conveniencia de alejarse de una directiva más pendiente de alimentar sus propios egos e intereses particulares que de dedicarle al Barça los mejores años de sus vidas. Faus se enteró del viaje a través de la prensa. Él fue el único acompañante de Laporta en su primer viaje a China en enero. En el siguiente el presidente compartió expedición con Soriano, Ingla, Calzada, Rafols y Ramón Pujol. No había sitio para él en el avión.

De incógnito
La versión de El Periódico: “Hasta ahora el club no ha mantenido contactos directos con ningún representante del gobierno chino, y ha sido una agencia, que tiene los derechos para gestionar este tipo de operaciones, la que ha canalizado la propuesta”. Curiosamente, el club admitía haberse puesto en manos de agencias intermediarias, ya descabalgado Faus de las negociaciones, a pesar de que en la campaña electoral prometieron cerrar sus negocios sin recurrir a la figura del intermediario. Claro, eso era antes, cuando no sabían cómo funcionaban estos asuntos.
Seguía El Periódico: “Todo está preparado para que se firme hoy el primer contrato de sponsorización de la camiseta del primer equipo del Barça. Joan Laporta, Ferran Soriano y Marc Ingla viajaron ayer de incógnito para cerrar el acuerdo con Beijing”. Lo de “de incógnito” no dejaba de aportar un toque más de comicidad. Al parecer, todo el mundo estaba al corriente de ese viaje… menos los chinos.

Involucran al Ayuntamiento y la Generalitat
Sport, bebiendo en fuentes oficiales y fiables, ofrecía más detalles: “No está todavía decidido si el anagrama olímpico y la fecha 2008 acompañarán al nombre de la ciudad, porque este es un tema que compete al Comité Internacional Olímpico y todavía no está cerrado. Laporta y sus dos vicepresidentes de confianza han planteado el viaje al más puro estilo relámpago, ya que su estancia en Beijing será apenas de siete horas, tiempo necesario para revisar los documentos y –en caso que todo esté correcto– estampar su firma en el acuerdo. La intención de Laporta es estar el viernes de regreso y presentar ante la prensa oficialmente el acuerdo firmado horas antes con las autoridades chinas”. Lamentablemente, lo único que presentó ante la prensa fue un mutismo ofensivo parapetado tras el compromiso de una cláusula de confidencialidad que sonaba más a un interés por escurrir el bulto que a respetar un pacto. Se trataba de un nuevo concepto de la transparencia. Hasta los jefes de estado y de gobierno ofrecen explicaciones de sus viajes oficiales. Lo contrario sería interpretado como poco o nada respetuoso con la tradición democrática. Estas cuestiones, afortunadamente para Laporta, que siempre se sintió perseguido por una oposición implacable y malvada, en el Barça ni llegaban a plantearse.
Proseguía Sport: “Después de este viaje relámpago, el Barcelona tiene previsto regresar a China una vez haya concluido la Liga y realizar una presentación del acuerdo al más alto nivel. La intención del club es que Laporta viaje acompañado de una delegación de la Generalitat y otra del Ajuntament”. La intención se quedó en eso, en intención, porque los sueños sueños son. Una vez más, como pasaría después con la remodelación del Camp Nou, Laporta involucraba a todo el mundo y actuaba sin permiso en nombre de la ciudadanía.

¿Soriano e Ingla han hecho un buen trabajo?
Josep Mª Casanovas, en “su verdad”, hablaba de “El contrato de oro que llega de China”. Ya había olvidado que el futuro estaba en las apuestas. Eso era cosa del pasado. Cambio de tercio:  “Si la directiva de Laporta consigue su objetivo habrá que felicitarles efusivamente ya que colocará al club en la Champions de los grandes negocios”. ¿Y si no conseguía su objetivo? ¿Habría que darle un cariñoso coscorrón? Proseguía Casanovas: “Es un contrato de oro impensable en Europa… Ha valido la pena esperar. Hay que decir aquí que tanto Soriano como Ingla han hecho un buen trabajo… Ante este contrato, ya nadie se cuestiona la publicidad en la camiseta. Primero porque, como hemos dicho, ya está aprobado en Asamblea, y segundo, porque el Barça es el único equipo de Champions sin publicidad y ahora podrá competir en igualdad de condiciones con los clubs punteros como Manchester, Milan, Chelsea o Real Madrid”. Era un contrato tan impensable que no se firmó. Lo que después no se dijo nunca en Sport es que Ingla y Soriano habían hecho un mal trabajo. Debió pensar Laporta, como en el caso de la medalla concedida al general Franco, que en cuatro días ya nadie se acordaría del tema y que con el apoyo de su prensa afín ya encontraría la manera de convertir el fracaso en un gran éxito, como finalmente ocurrió, dándole la vuelta al calcetín, una tarea en la que era un auténtico maestro. Nadie como él embaucó tanto al barcelonismo.

La declinación del producto
Mundo Deportivo no se quedaba atrás y definía a Laporta como “la cabeza visible de una operación histórica en los casi 106 años de la entidad azulgrana (…) Para hoy está prevista la primera sesión de trabajo con representantes del Ministerio chino de Cultura, Educación y Turismo, quienes han visto en el Barça el club ideal para proyectar la imagen del país del lejano oriente a nivel mundial”.  Todos los medios gozaban de información de primera mano acerca de los detalles que rodeaban a la operación. Laporta, Ingla y Soriano no escatimaban detalles en la información que filtraban. Marc Ingla, por ejemplo, confirmaba que “las conversaciones han sido francamente positivas. Estamos trabajando intensamente y continuamos progresando en las negociaciones para un posible acuerdo con una organización líder en China. Todo va por el buen camino”.
Según El Periódico “Laporta espera poder anunciar hoy en Pequín un acuerdo por 20 millones anuales más incentivos (…) En las horas finales de la negociación se está definiendo “la declinación del producto” según la terminología utilizada por los directivos”.
Y mientras se definía la declinación llegaban en letra pequeña otras versiones: “Un responsable del ayuntamiento  pequinés aseguró hace unos días que “no tenía muy claro cuál era la propuesta a la que se referían los periodistas”. Y eso que Ingla aseguraba que ellos estaban allí atendiendo una invitación del gobierno chino. Para el Comité Organizador de los Juegos, por su parte, “el acuerdo es sólo un rumor. Ya lo hemos desmentido en diversas ocasiones”. La bola de la mentira seguía creciendo.

Nadie les recibe en Pekín
El mismo día, sin embargo, La Vanguardia se mantenía fiel a la versión oficial del club y descartaba las voces pesimistas que llegaban de las autoridades chinas, ofreciendo su propia contrarréplica: “El Barça formará una empresa con las Juventudes Comunistas chinas (…) El club ultima hoy el acuerdo multimillonario por la camiseta”. Las Juventudes Comunistas de China. “Esa ha sido la “secreta” organización gubernamental con la que el Barça ha estado negociando  desde el pasado mes de diciembre (…) El acuerdo prevé “la formación de una empresa conjunta con sus socios asiáticos para comercializar productos azulgrana en Asia y organizar mini giras del Barça.” ¡Qué listos! Supieron encontrar una organización “secreta” para negociar.
La nueva sociedad con el gobierno de Hu Jintao sería participada en un 20% por el club y un 80% por la agencia gubernamental Chinese Youth Media, uno de los brazos económicos de las juventudes comunistas chinas”. Teniendo en cuenta la existencia de una cláusula de confidencialidad en las negociaciones, no queda más remedio que felicitar a los periodistas de todos medios por su facilidad para beber en fuentes tan explícitas.
Entre tanta euforia, AS aportaba una dosis de sensatez: “Nadie en Pekín esperaba a Laporta y sus hombres”. Moisés Llorens lo explicaba: “Se fue Joan Laporta y parte de sus hombres de confianza sin decir ni mu el pasado miércoles. Nada más montarse en el avión que tenía que trasladarles a Pekín, se dedicaron a filtrar la noticia a sus medios más afines. Como siempre. Y lo fuerte sucedió cuando Laporta y sus satélites llegaron a Pekín. ¡Nadie les estaba esperando! Según anunció la agencia EFE, la Federación de Fútbol China y BOCOG (Comité organizador de los juegos de 2008) no pudieron confirmar los contactos entre sus entidades y el Barça, asegurando que desconocían cualquier visita de Laporta. Laporta y los suyos están en China tratando de hacer historia. A ver si ahora vuelven con un contrato o explican un rollo. De primavera, evidentemente”.

Grandes avances
Sin embargo, Mundo Deportivo, inasequible al desaliento, aseguraba el 6 de mayo de 2005  que “prácticamente todos los términos del contrato están acordados pero los emisarios del club prefieren mantener por experiencia un tono prudente”. Hubo suerte porque “los problemas para lucir el logotipo Beijing 2008 han quedado desbloqueados, por lo que se mantienen las dos opciones abiertas para inscribir en la camiseta: el logotipo de la ciudad olímpica o simplemente el nombre de Beijing. Se estableció que el rótulo estará escrito en caracteres occidentales”. Nuevas confidencias de alto nivel a pesar de la cláusula de confidencialidad. “Se desea –continuaba Mundo Deportivo- que en un plazo no superior a los quince días la marca de Pekín se refleje en la publicidad estática del Camp Nou, en la sala de prensa del estadio y en las instalaciones deportivas del club”.
El mismo día SPORT explicaba así el asunto: “Las reuniones con el Gobierno chino fueron muy productivas y hoy mismo puede confirmarse que el Barça lucirá el patrocinio de Pekín en la camiseta…La jornada negociadora de ayer en la capital china entre la comitiva encabezada por Joan Laporta y los dirigentes asiáticos sirvió para avanzar mucho en los términos del contrato, que va camino de convertirse en breve en una realidad. Los últimos flecos podrían quedar limados hoy mismo y anunciarse de forma oficial el compromiso”. No es que SPORT estuviera mal informado. El problema es que estaba demasiado bien intoxicado por los filtradores oficiales.   

¿Pacto o farsa histórica?
Hasta Emilio Pérez de Rozas se subía en El Periódico al carro de la euforia desbordada y se dejaba seducir por las filtraciones interesadas: “Un Barça de récord (…) Pekín 2008 pagará 19 millones por la camiseta además de 7 por cada liga de campeones”. Pérez de Rozas tuvo también, como casi todos, acceso a información privilegiada acerca de los detalles de las conversaciones: “A lo largo de las negociaciones los representantes de la agencia china mostraron su extrañeza por el hecho de que el nombre Barça no se escribiese como suena, pidiendo si en el futuro Barça podría escribirse con s, a lo que se negaron los directivos barcelonistas”.
Ingla, por su parte, seguía alimentando el embuste desde Pequín: “Se irán dando detalles a medida que avance el proceso y lo concluyamos (…


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