2011-10-29 16:10 FC Barcelona Por: Administrador

El cuento chino del sponsor (I)



Joan Laporta quemó cinco años de su mandato tratando de localizar infructuosamente un sponsor con cara y ojos para la camiseta del primer equipo. Y no lo encontró. No pudo cumplir su promesa electoral ni ejecutar el mandato de la asamblea, que le facultó para negociar con un patrocinador de pago la inclusión de publicidad en la camiseta del Barça. Las promesas falsas y la falta de transparencia durante este tiempo dejaron paso a la solidaridad de un anunciante que en lugar de pagar cobra.                           

Al borde de la quiebra
En agosto de 2003 Joan Laporta explicó a la asamblea de compromisarios del FC Barcelona la cruda realidad: la situación económica del club era tan delicada que se hacía imprescindible aumentar las cuotas de los abonados en un 40% y manchar la camiseta con un sponsor. Sólo así se podía evitar la quiebra de la entidad. El aumento desmesurado de los abonos significó para las arcas del club 8 millones de euros (que multiplicados por 7 años supusieron 56 millones durante todo el reinado de Laporta). Y del patrocinador de la camiseta que iba a salvar al club con su aportación económica nunca más se supo. A la hora de la verdad los socios se rascaron el bolsillo mientras la directiva mostraba su incapacidad para  cumplir con su parte del trato gestionando la llegada del sponsor. Lo único que supieron encontrar fue un patrocinador dispuesto a cobrar y a relanzar mediáticamente la figura del presidente en el mundo.



Apuesta por el romanticismo
Cuando se pusieron a tiro los chinos y la casa de apuestas, había que dejarse de romanticismos y coger la pasta. Pero en cuanto UNICEF entró en escena, de lo dicho nada y vuelta al romanticismo. La tortilla cambiaba en función de las necesidades del presidente. La deuda del club había dejado de ser un tema prioritario y ya ni hacía falta la llegada de un “partnership” que aliviara la situación financiera. Pero los abonados seguían pagando un 40% por encima de lo que les correspondía, como si el paisaje económico continuara siendo crítico. El sponsor que iba a pagar ahora resultaba que cobraba. No encontraron otra cosa.

A la asamblea no le hablaron de solidaridad
Cuando Laporta se refirió al anunciante en la asamblea no habló en ningún momento de solidaridad y sí de mochilas heredadas que exigían estrategias inteligentes e imaginativas. En la versión oficial no había lugar para el “romanticismo” si de lo que se trataba era de luchar con los grandes de Europa en igualdad de condiciones. A la hora de la verdad, sin sponsor, el Barça se convirtió en campeón de Europa. Otra cosa era que los que manejaban el club mostraran una ineptitud supina como negociadores en busca de patrocinador. Ellos sí que no tenían nivel de campeones de Europa. Tan despistados estaban que fueron dando tumbos: de una empresa de apuestas al gobierno chino; de fomentar el juego a publicitar los valores de un régimen totalitario. Hasta el aparato propagandístico gastó sus salvas defendiendo todas las opciones que se pusieran a tiro: que si el futuro está en las apuestas, que si el futuro está en China… Se llegaron a agotar todos los argumentos para justificar compañeros de viaje tan poco recomendables. Ese mismo aparato de propaganda del régimen laportista luego aplaudiría la alternativa de UNICEF con el mismo fervor con que vitoreó antes otras opciones antagónicas.

La verdadera solidaridad es del socio
Y el socio, a quien efectivamente le hace gracia que su Barça sea solidario con causas justas, se preguntaba, ahora que el club parecía salvado del desastre por la gran gestión de sus administradores, por qué su directiva no se había dignado a solidarizarse con él  después de impedir el fin de la entidad aceptando sin rechistar el desproporcionado aumento de cuotas. Y se cuestionaba también por qué la solidaridad de la directiva tenía que salir siempre del mismo bolsillo, el suyo, y no del de los jugadores multimillonarios o del de los propios directivos, triunfadores en la vida, que no predicaban con el ejemplo. A ese socio le llegaban a través de los periódicos imágenes captadas en Nueva York para el álbum privado de unos cuantos, como si la donación partiera de quien salía en la foto. Daba la sensación de que Laporta, como supuesto propietario del club, desviaba su propio dinero a causas humanitarias. En la hora del reparto de la gloria, al socio, como en tantos otros temas, le tocó muy poco.



Ver, oír y callar
De haber sido consultados, los socios habrían dado con toda seguridad su visto bueno a la donación del 0,7 % del presupuesto a UNICEF. El problema era que en el Barça del laportismo ilustrado todo se hacía para el socio, pero sin el socio, y los verdaderos dueños del club poca opción tenían para opinar -que no decidir- sobre el destino de su dinero.

La transparencia no responde
Ante tanto secretismo, ante la política de hechos consumados, es lógico que alguien –no los medios de comunicación afines, claro está- se planteara preguntas racionales. ¿Por qué UNICEF y no otra organización? ¿Sólo UNICEF era digna de exhibirse en la camiseta del Barça? ¿Qué se escondía detrás de tanta generosidad con dinero ajeno? Si tanto interés existía por arreglar los problemas del mundo a través de UNICEF, ¿por qué no se buscaban fórmulas más rentables para los niños que ese pobre millón y medio anual que podría quintuplicarse con otras fórmulas más imaginativas? ¿Y por qué la donación debía contemplarse en el presupuesto? ¿No hubiera sido más lógico que saliera de la partida de los beneficios para que la caridad no resultara gravosa para la entidad? Y analizando el tema con rigor ¿no hubiera sido más eficaz para los niños necesitados del mundo que los ejecutivos del club hubiesen justificado su sueldo consiguiendo un sponsor de verdad capaz de aportar, por ejemplo, 20 millones al año y que hubiera salido de ahí la cantidad para UNICEF, que habría sido muy superior al millón y medio pactado? ¿No había nadie que pensara ahí o las ideas no iban más allá de organizar la foto en Nueva York sin Kofi Annan, pero con el presidente favorecido?

Generosidad sólo mediática
¿Y los niños catalanes y españoles que lo pasaban mal, que también los había? ¿No tenían derecho a beneficiarse de la generosidad impuesta por imperativo legal a los socios del Barça? ¿Y los ancianos y las familias numerosas o los parados de la masa social que en muchos casos pagaban religiosamente los abonos del Camp Nou privándose de otras cosas porque su economía no daba para más? ¿No se habría podido tener un detalle con ellos o quizá no garantizaban portadas y estaban demasiado cerca como para acordarse de ellos? La generosidad de andar por casa no se llevaba en el nuevo orden de Laporta.

El Barça no es una ONG
Regalar el dinero de los demás es muy fácil. Sobre todo cuando uno tiene la garantía de que nadie va a atreverse a cuestionarle nada. La jugada estaba muy bien estudiada: nosotros somos los buenos. Los malos serán quienes se atrevan a cuestionar nuestra filosofía. La demagogia puso en marcha el ventilador: quien critique la apuesta de UNICEF está en contra de ayudar a los niños necesitados. Pero el Barça no es una ONG. Ni es responsable del hambre ni del reparto de la riqueza en el mundo. En cambio, la directiva sí está obligada a dar explicaciones a los dueños del club sobre la administración de las cuentas. Y en este terreno, más que un ejemplo de solidaridad, dio una muestra de gestión deficiente. Cuando uno quiere ser generoso, lo es. Y punto. No necesita hacer publicidad de su bondad. Porque entonces deja de ser generosidad para convertirse en pavoneo… con dinero ajeno. Aquí el Barça de Laporta interpretó el papel de nuevo rico. Lo importante no era ser generoso. Lo importante era que el mundo lo supiera. Así era el Barça del círculo virtuoso en el que lo que privaba era estar en la primera línea mediática y salir en la foto a cualquier precio.

Incompetente Núñez, ¿competente Laporta?
Así se escribió la historia plagada de mentiras del patrocinador frustrado:
Comunicado del Elefant Blau liderado por Joan Laporta el 26 de julio de 1999 y publicitado en rueda de prensa: “Núñez siempre había manifestado que mientras él fuera presidente el Barça nunca llevaría publicidad en la camiseta. Es un valor sentimental del club que Núñez siempre ha considerado intocable. La incompetente gestión de Núñez puede hacer que se pierda este signo de distinción del Club ". Núñez era tachado de incompetente por Laporta por algo que nunca hizo ni lo pretendió y que sólo estaba en la mente enfermiza de un Laporta hambriento de poder y necesitado de argumentos para alcanzarlo. Al final, qué cosas tiene la vida, fue Laporta quien manchó de publicidad la camiseta y a cambio de nada, porque su “competencia” no fue capaz de encontrar a alguien que pagara el verdadero valor de la zamarra blaugrana. Tuvo que conformarse finalmente con la “jugada” de UNICEF después de negarse a explicar a los socios qué pasó con el sponsor chino y con la casa de apuestas. Así pretendió tapar su propia incompetencia, ocultando una estéril gestión detrás de sus ansias solidarias…con dinero ajeno.

Soriano sí hace los deberes
Ferran Soriano ponía la nota cómica y jocosa en las elecciones a la presidencia del FC Barcelona de 2003 asegurando que "en el tema de la publicidad se nota quién ha trabajado y quién no. Unos dicen que la camiseta puede reportar 18 millones y otros que 5 (Bassat y Majó, respectivamente). Aquí se demuestra que no han hecho los deberes. Si hubieran realizado un esfuerzo verían que hablar de 18 millones es imposible y que 5 es demasiado poco. Nosotros hemos estudiado el mercado a fondo y consideramos que el Barcelona podría conseguir entre 11 y 13 millones de euros, incluyendo en el contrato a las secciones. Cosas así demuestran que todos van detrás nuestro". Soriano no había alcanzado todavía el poder y ya se pavoenaba dando lecciones a los demás y regalando muestras de esa prepotencia y suficiencia que caracterizaría después a la junta de Joan Laporta. En realidad la prepotencia no era más que ignorancia o ganas de engañar. Pero para conseguir el poder valía todo, incluso echar mano de la mentira para confundir al electorado con deberes que nunca llegaron a hacerse. Efectivamente, todos iban detrás de Soriano. Nadie se atrevía a engañar tanto como él. Quizá por eso ganaron los suyos y no los otros.

No engañan ni a los chinos
Ellos sí habían hecho los deberes, ellos sí habían estudiado el mercado, ellos sí conocían el precio justo. Eran tan buenos que incluso antes de mandar ya tenían ofertas para ponerle publicidad a la camiseta del Barça.Todos irían detrás suyo, pero poco debían haber trabajado ellos o escaso interés habían mostrado en hacer los deberes cuando después de tanto esfuerzo estudiando el mercado y encontrando la valoración exacta de la camiseta del Barça, agotaron su primer mandato sin haber conseguido engañar a los chinos ni a nadie para publicitarse en un equipo que según Soriano se cotizaba entre 11 y 13 millones cuando ni siquiera jugaba la Champions League. A la hora de la verdad, ni 11, ni 13 ni nada, ni siquiera con el Barça campeón de liga y de Europa. Al contrario, el club, que supuestamente necesitaba los ingresos de la publicidad para solventar una situación próxima a la quiebra técnica, acabó decidiendo pagar y no cobrar por un anuncio en su camiseta. Y lo decidió Soriano, el hombre que más ha mentido sobre el tema de la publicidad, el mismo que no cesaba de quejarse de la mochila heredada, de la ruina económica a la que tenían que enfrentarse y cuyo remedio pasaba inexorablemente por aumentar el precio de los abonos y ponerle publicidad a la camiseta. Por eso el vicepresidente económico preparaba estratégicamente la asamblea de 2003 en La Vanguardia: "De todas las oportunidades para incrementar los ingresos del club, la publicidad en la camiseta es la más relevante (…) Existe un buen numero de empresas interesadas y esperamos obtener entre 11 y 13 millones por este concepto". Esperaban… ¿No habían hecho los deberes? ¿No iban por delante de los demás? ¿A qué esperaban, entonces? ¡Qué fácil era engañar!

"Cada día llama alguien"
El 24 de junio de 2003 Ferran Soriano anunciaba también en La Vanguardia: "Tenemos entre cuatro y seis ofertas, pero es un tema que se mueve y cada día llama alguien interesado (…) No pondremos cualquier cosa. Ha de ser una marca que sintonice con nuestro proyecto, que tenga valores como el liderazgo". Soriano acababa de aterrizar, ya mandaba y seguía comportándose como si estuviera en campaña electoral, como si pudiera seguir mareando la perdiz y embaucando al socio igual que con el tema de Beckham. Parecía como si le hubieran cogido el gusto a intoxicar el ambiente con mentiras o medias verdades que luego nadie se iba a tomar la molestia de verificar. Soriano debió pensar que al socio se le podía engañar impunemente y no dudó en hacerlo desde el primer momento. "Cada día llama alguien interesado" y seis años después no había ni rastro del patrocinador prometido. Tanto tiempo asegurando que los demás no hacen los deberes y cuando se convierten en equipo de gobierno y deben dejar de destruir para empezar a construir fueron incapaces de convertir en realidad todas esas promesas que fueron quedando en puro papel mojado, en humo. La publicidad en la camiseta es un claro ejemplo.

“Lo explicaremos a los compromisarios”
El 4 de julio de 2003 Laporta explicaba en Barça TV que “la decisión está tomada. Tenemos ofertas y lo propondremos a la asamblea de compromisarios para explicar las opciones que tenemos. Allí daremos mucha información". Por supuesto, a la asamblea no le explicaron ninguna de las inexistentes opciones y la información que ofreció la directiva de la transparencia brilló por su ausencia. Allí no dieron ni mucha ni poca información. Nada. Sólo plantearon una situación catastrófica que precisaba de la publicidad en la camiseta. Ni hablaron de UNICEF, ni de obras de caridad, ni aportaron luz alguna sobre las gestiones realizadas hasta ese momento ni explicaron quién llamaba cada día ofreciendo publicidad. Transparencia cero.

MAÑANA PRÓXIMO CAPÍTULO

El cuento chino del sponsor (II)

Los de antes no sabían / Ronaldinho les regatea / Vamos a contar mentiras / “El contrato será por tres años" / Deberes mal hechos / La camiseta del Barça vale más que la del Madrid / Ingla y Calzada, a Japón / No hay sponsor / Ya no hace falta. Paga el socio / ¡Al fin una oferta! / No hay lugar para el romanticismo /

 

 

 

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