2011-11-04 18:11 FC Barcelona Por: Administrador

El cuento chino del sponsor (II)



Los de antes no sabían
Aunque, eso sí, Ferran Soriano seguía alimentando la farsa y el 7 de julio apuntaba: "Tenemos la firme intención de poner publicidad en la camiseta porque pensamos que es un activo que no se está explotando y que tiene valor para el club". Quedaba claro que los anteriores gestores no sabían explotar los activos del club y que a partir de ese momento íbamos a enterarnos de cómo se rentabiliza una marca. "Queremos que en la camiseta del Barça haya valores que estén alineados con los del club, una marca moderna, innovadora, internacional...". Laporta concluyó su reinado de siete años sin encontrar esa marca de pago después de negociar con una casa de apuestas y con un gobierno de valores poco o nada alineados con lo que se pretendía vender.

Ronaldinho les regatea
Soriano se quedaba solo tratando de sacar pecho. El 20 de julio sostenía en La Vanguardia, ya fichado Ronaldinho, que "lo primero que nos preguntan cuando vamos a negociar la venta de la camiseta es a quién tenemos, y tenemos a Ronaldinho". Soriano calculaba en "tres millones de euros más lo que puede cobrar el Barça por la publicidad en la camiseta. Con el brasileño también aumenta el caché en los partidos amistosos". Pues ni así. Ronaldinho, al margen de hacer felices con su juego y sus triunfos a los barcelonistas, sirvió al departamento de marketing del Barça para presumir, pero no para obtener el rendimiento económico que su presencia en el Camp Nou exigía. De hecho, demostró ser más listo que los gestores del club renegociando constantemente su contrato, obteniendo mejoras de todo tipo y conservando el preciado tesoro de sus derechos de imagen, un negocio que alcanzó los 14 millones anuales sin que el club participara de él..



Vamos a contar mentiras
Los “entre 11 y 13 millones” que prometía en julio Soriano se convertían en agosto en “entre 12 y 15” para Laporta: "El club dispone de una oferta para poner publicidad en la camiseta las próximas cuatro temporadas que reportaría unos ingresos de entre 12 y 15 millones por campaña". El presidente condicionaba ese acuerdo al visto bueno de la asamblea del 22 de agosto. La asamblea, por supuesto, lo aprobó y siete años después seguíamos esperando a que la eficiencia del departamento de marketing de la directiva del power point diera con alguien interesado en pagar por publicitarse en el equipo más mediático del mundo. Otra mentira.

“El contrato será por tres años"
"La marca elegida tendrá que ser universal, moderna, con connotaciones positivas y atractivas para el consumidor catalán", explicaba Soriano pensando en “el consumidor catalán” cuando a lo que se aspiraba era a un Barça “universal”. Y ampliaba detalles informando de que el contrato sería por tres temporadas, para no hipotecar a futuras juntas. Ese detalle, esas buenas intenciones, no las tuvo la  directiva de Laporta renovando contratos que superaban ampliamente en el tiempo la duración de su mandato, por lo que suena a mentira piadosa tanto miramiento en el tema de la publicidad. Y en la asamblea del 22 de agosto de 2003 el “Vamos a contar mentiras” alcanzaba cotas grotescas cuando el presidente informaba de que “hay treinta empresas interesadas y se han entablado conversaciones ya muy avanzadas con 10 de ellas. Ofrecen entre 10 y 12 millones de euros por temporada”. Palabra de Laporta.  Ni una, ni dos ni tres… ¡Treinta! Y Que n´aprenguin!

Deberes mal hechos
La autorización para manchar la camiseta y obtener un ingreso imprescindible fue solicitada  confusa y precipitadamente y concedida en la asamblea con el voto favorable de 450 compromisarios. 9 votaron en blanco y 32 en contra. Y tan seguros estaban de su éxito que en el primer presupuesto del laportismo se contemplaba una partida de 10 millones de euros por este concepto. Ni 11 ni 13. Otra mentira. Los deberes de la campaña electoral debían estar mal hechos. La prueba es que con la perspectiva del tiempo queda la sensación de que esa junta suspendió la asignatura de la publicidad con un cero patatero. Siete años de patrocinador a 12 millones cada uno suman 84 millones. Esa es la cifra que no supieron gestionar, aunque sí fueron más hábiles para subirle a los abonados un 40% el recibo de sus cuotas. Fue la gran solución imaginativa de la junta del power point ante su fracaso negociando la contratación de un patrocinador. Siempre se puede echar mano del bolsillo del socio para tapar cualquier incapacidad.



La camiseta del Barça vale más que la del Madrid
Josep Prats, director de Sport, se apuntaba el 22 de agosto a la tarea de convencer al socio de la necesidad de aceptar un sponsor. Y es que la supervivencia del club parecía estar en juego: "En los tiempos que corren, no cabe un romántico argumento que va contra corriente. No tiene sentido resistirse a esta realidad (la publicidad)”. Había que dejarse de romanticismos. El entusiasmo se desataba y un eufórico Toni Frieros titulaba en Sport el 7 de septiembre de 2003: “La camiseta del Barça vale más que la del Madrid” ¡Qué felicidad! Y justificaba así su frenesí: “1.- El Barça estudia 10 propuestas de otras tantas multinacionales. 2.- Ingla y Calzada se van en breve a Seúl y Tokyo a negociar. 3. -El precio de salida será de 12 millones de euros por año”. Las fuentes de Frieros le filtraron que “el contrato sería por tres años porque el mercado es muy cambiante y lo que hoy vale 12 millones, a lo mejor vale 15 o más dentro de dos años". O menos. O nada. O cuesta dinero. Proseguía la información: "A día de hoy el club ha recibido 30 propuestas... (el dato coincidía con la información ofrecida por Laporta en la asamblea). De todas, el Barça ya ha hecho una selección y la lista se ha reducido a 10 socios potenciales... El club que preside Laporta no sólo quiere un patrocinador, desea un "partnership". La verdad es que dicho así sonaba muchísimo mejor.

Ingla y Calzada, a Japón
Unos días después, dosis de realismo para los socios. El País anunciaba que “la junta dice que puede tardar meses en encontrar publicidad para la camiseta". Por lo visto, los 30 aspirantes de los que hablaba Toni Frieros no daban la talla. Ingla y Calzada debían irse a Japón a negociar con nuevos contactos en horizontes inexplorados. Un viaje para nada, claro. Un desplazamiento  más sin resultados. El 26 de septiembre Laporta rebajaba en Catalunya Ràdio el listón y cifraba en 10 millones el precio de salida para negociar la publicidad en la camiseta. "No tenemos prisa. Será una marca que no desprestigie a la entidad". Una empresa de juegos de azar o un gobierno totalitario, por ejemplo. Para haber hecho los deberes, como decía Soriano, se les veía muy retrasados… o quizá los deberes estaban mal hechos.

No hay sponsor
El 28 de enero de 2004 ya sabíamos por Laporta que “poner publicidad en la camiseta del primer equipo no es en este momento algo prioritario (…) Cuando llegamos al club anunciamos lo contrario. Es cierto, pero ahora sabemos mejor dónde nos hallamos y creemos que podemos explotar otras áreas antes que vender a camiseta". Al fin admitían que antes de llegar al club, aunque iban lo suficientemente sobrados para dar lecciones a todo el mundo, no tenían ni idea de dónde se metían. Así se entienden tantas y tantas promesas y juramentos que quedaron en el baúl de los recuerdos. Juegos de palabras. Ejercicios indecorosos de embaucamiento. Por eso el 14 de febrero El Periódico anunciaba lacónicamente: "No hay sponsor (…) La junta renuncia esta temporada a lucir publicidad en la camiseta al no disponer de buenas ofertas (…) La directiva no ha encontrado un sponsor que ofrezca como mínimo 10 millones anuales. Pero ya no tiene las prisas del inicio de mandato después de recortar los gastos ordinarios del club en 6 millones de euros". Eso lo decía un medio de comunicación, no quien propagó a los cuatro vientos la segunda gran mentira del laportismo después de la de Beckham. Tampoco se veían por ningún lado las 30, ni las 10 ni las 6 ofertas que estaban en fase de estudio. No se volvió a saber de esas empresas que llamaban cada día al club y ya nadie nos recordaba que mientras el Real Madrid seguía ingresando religiosamente sus “escasos” 11 millones anuales por la publicidad, el Barça debía buscar recursos debajo de las piedras ante la ineficacia de sus ejecutivos, incapaces de convertir en realidad las arrogantes bravatas de unos cuantos directivos.

Ya no hace falta. Paga el socio
Desgraciadamente, la situación de emergencia sí que exigiría más tarde vender patrimonio en Can Rigalt o malvender a Riquelme de forma precipitada para cuadrar un balance. "El tema vale más de lo que nos ofrecen", acabó por reconocer Laporta, asumiendo así que después de presumir de ofertas y más ofertas, después de intoxicar a través de los medios afines más predispuestos, a la hora de la verdad ninguna propuesta mejoraba lo que cobraba el Real Madrid. Marc Ingla, el responsable directo del departamento de marketing, daba su versión en Mundo Deportivo el 21 de junio: "Dije que no teníamos más remedio que poner publicidad en la camiseta, es algo que caía por su propio peso. Esa fue nuestra reflexión y la de la mayoría de los candidatos en la campaña. La lectura que hicimos en la asamblea es que el socio estaba de acuerdo (450 compromisarios) en publicitar la camiseta, sin embargo también cogimos el sentimiento del sí, pero sólo si es estrictamente necesario. Por suerte, hemos tenido éxitos en otros frentes y no ha hecho falta". Qué bonita palabra, éxito, y qué poco costaba pronunciarla para tapar un fracaso. Ya no hacía falta el ingreso de la publicidad, pero sí el del aumento del 40% en los abonos. Y lo decía Ingla sin rubor porque sabía que encontraría el aplauso espontáneo en su corte cada vez más numerosa de palmeros, incluidos los que se dejaban de romanticismos.

¡Al fin una oferta!
Laporta le reconocía a El Periódico el 30 de octubre de 2004, a los 15 meses de su toma de posesión, que Betandwin era la única oferta que había llegado "en firme y por escrito". Y, por supuesto, se trataba de "una empresa moderna que está en la línea de nuestro proyecto". O sea, en la línea de UNICEF, por ejemplo. La línea del juego y la ludopatía entraba a formar parte del proyecto del cambio. Las cantidades finales, entre 14 y 17 millones, dependerían de los títulos. Y Ketty Calatayud adelantaba en La Vanguardia que "desde el club no se considera un problema que la elegida acabe siendo una empresa de apuestas deportivas, un sector en constante crecimiento". Claro que sí, los valores del Barça iban en esa dirección. Y Soriano no podía dejar de aparecer en un momento tan feliz: "Es cierto que la oferta es muy importante y la estamos considerando seriamente", añadiendo que la directiva tomaría una decisión definitiva en un plazo máximo de "tres o cuatro semanas". Otra mentira. “Hace un año nadie nos habría ofrecido esa suma", repetía Soriano a quien quería escucharle. Más mentiras. Y, qué curioso, el notición veía la luz el mismo día en que el Barça era eliminado de la Copa del Rey por la Gramenet. Casualidades de la vida. Lo cierto es que ambas noticias, la de la eliminación de la Copa y la del sponsor, parecían increíbles.

No hay lugar para el romanticismo
A Sport se le abrían las puertas del cielo: “El prestigio del Barça y su recuperada imagen de gran equipo han permitido que llegara esta superoferta de 15 millones anuales por tres temporadas (…) Estas astronómicas cifras, en caso de cerrarse el acuerdo, colocarían al FC Barcelona como el segundo club de fútbol de Europa que más dinero ingresaría por la publicidad en su camiseta, por detrás del Bayern Munich y por delante de otros clubs como Manchester United y Real Madrid, que hasta hace unos años sacaban una ventaja estratosférica al Barça en cuanto a esos ingresos que antes se llamaban ‘atípicos’. El tema de la publicidad en la camiseta dejó de ser un tabú histórico cuando en la primera asamblea que celebró Joan Laporta como presidente, en septiembre de 2003, los socios compromisarios dieron su aprobación al uso de esta fuente de ingresos a los que el Barça venía renunciando por ‘romanticismo’. Una fuente de ingresos que sí usaban sus más acérrimos competidores en el fútbol español y europeo y con los que el Barça, económicamente, no podía luchar de igual a igual”. En 2003 no había espacio para el romanticismo. En 2006, ya firmado el contrato con UNICEF, había que hacerlo todo por romanticismo. El aparato propagandístico era capaz de defender con la misma convicción el blanco que el negro. Los hechos demostraron luego que no sólo se puede luchar de igual a igual con los demás sin publicidad sino que incluso se puede ganar la Champions y cuadrar el presupuesto con superávit sin manchar la camiseta. Pero en ese momento se trataba de convencer a los socios de que estábamos ante el mejor “partnership” posible. Por Sport no quedó: “Tanto a Joan Laporta como a sus directivos la oferta de ‘betandwin.com’ les parece un gran paso adelante, incluso en la imagen global del FC Barcelona al asociarse con una empresa líder mundial en su sector. Una empresa joven, ambiciosa y moderna, virtudes a las que se le debe añadir la de la solvencia. El mundo de las apuestas y quinielas ha entrado de lleno en la era virtual gracias a Internet, un mercado aún en vías de expansión”. Y para corroborarlo, los datos: “30.000 apuestas diarias en más de 30 deportes”, una cifra de la que el Barça y sus socios debían sentirse orgullosos, claro está. Betandwin o UNICEF. Era igual, fuera el que fuera el elegido, los socios debían sentirse orgullosos.

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