2015-04-01 20:04 FC Barcelona Por: Administrador

El guión de Florentino Pérez: Palmas, palmitas



En el guión que reciben los palmeros de Pérez vía satétite o paloma mensajera, que de todo habrá, pone que si el Madrid perdió en el Camp Nou y se aleja de la Liga, lo importante es que en el clásico marcó Cristiano y no Messi. A estas alturas el sueño del sextete, como la mayoría de los sueños de los titiriteros de Florentino Pérez, se ha quedado en eso, en un sueño que sólo está al alcance de los más grandes. Y no es el caso de este Real Madrid que ha construiido el secretario técnico Florentino Pérez de acuerdo a sus caprichos particulares. Podrá ganar algún título aislado, pero no hará historia. Porque ganar una Champions League no supone el inicio de ningún ciclo. Y aunque los palmeros más babosos callen y otorguen ante todas las fechorías de su amado ser superior, lo cierto es que el Real Madrid, con Florentino Pérez, pierde más que gana. Lo miren como lo miren. Y más desde que Cristiano Ronaldo viste de blanco y se dedica a coleccionar títulos individuales. Ese equipo pierde mucho más que gana. Y los mariachis, tocando el clarinete y exigiendo la dimisión de Bartomeu, que de eso se trata cuando el Madrid hace aguas.

Pero el baboseo no puede tapar los pufos que salen del Bernabéu. Por ejemplo, el desprecio de Florentino Pérez al torneo que lleva el nombre del Rey de España. Es intolerable que alguien, en este caso el señor Pérez, se crea por encima de todo y de todos y se permita hacerle un feo al Rey de España negándose a participar en la fiesta de la competición que lleva su nombre. Los palmeros callan porque la fechoría la ha hecho Pérez. Eso mismo lo hace Bartomeu y ya tendría prohibida la entrada en la España de Pérez. Su conclusión, la conclusión de la claca vociferante de Pérez, es que Bartomeu ha fracasado. ¿Por qué? Porque la final de la Copa se jugará en el Camp Nou. Y lo bueno es que se lo creen.



No quieren que en el Bernabéu se silbe al Rey ni al himno. Allí reservan los silbidos a Casillas, Ramos, Bale o Ancelotti. A Pérez no porque el personal ya llega al Bernabéu suficientemente anestesiado por los trompetistas especializados en la fanfarria presidencial. No quieren oir silbidos ajenos en la catedral del silbido y del insulto. Y por mucho que se silbe al monarca y al himno, la falta de respeto nunca llegará a los extremos que ha protagonizado Pérez. No tiene el mismo valor el silbido anónimo de un vulgar aficionado unido a otras decenas de miles, que la acción reflexiva, premeditada y alevosa de quien atenta contra el prestigio de la Copa de Rey, enrabietado porque su equipo no juega la final, a sabiendas de que no le va a pasar nada porque tiene el gallinero controlado y no hay gallo ni gallina que escape de su control. Y ese es el verdadero problema. Que el Barcelona juega la final y el Real Madrid no. Y ante eso, el proclamado señorío del Real Madrid de Pérez no encuentra más respuesta que la rabieta, el llanto y la intoxicación.

Con la seguridad que le da el rebaño de corderitos mansos y sumisos, Pérez se atreve con todo. Y mientras campa a sus anchas, se aprovecha de Bankia para fichar a sus cracks con el dinero de los españoles, se sienta en la sala de juntas junto a directivos señalados por las tarjetas de la vergüenza y cobra por adelantado 1.300 millones a la salud de todos los españoles por sus movimientos sísmicos en Tarragona, Bartomeu lucha por evitar la cárcel por atreverse a quitarle un fichaje a Florentino Pérez. ¡Qué desfachatez! Y mientras Hacienda le devuelve dinero al pobre Pérez, Messi se convierte en el contribuyente número uno del Fisco español. Y el palco del Bernabéu sigue acogiendo a justos de la justicia alternados con peligrosos, siniestros individuos que urden y traman el mal ajeno.

Y ahora va de megafichajes para distraer a la masa adormecida. Y nos venden a Danilo, pagado a precio de fenómeno, como si fuera Messi. La historia de siempre con Pérez. Ya ocurrió con Coentrao, con Illarra o con Lucas Silva hace apenas unas semanas. Fenómenos antes de jugar. Inútiles después. Y ante eso ¿que hace la crítica de alllí? ¿Qué va a hacer? Arrodillarse ante el ser superior y que suene la fanfarria.



Un día Florentino Pérez salió en globo del Real Madrid y fue juzgado. Habrá que esperar a que se repita la operación -el momento se aproxima- para que se le vuelva a juzgar. Pero de verdad. Y en ese juicio no tendrán cabida sus gaiteros. Los de las palmas, los del baboseo, los pelotas en permanente estado de genuflexión. Sus amigos con atalayas para expandir sus mandamientos. La historia recuerda que cuando él se fue y con él la filosofía prepotente de los galácticos el Real Madrid, sin glamour, pero con cabeza, ganó la Octava y la Novena. No era tan difícil. Y es que una Champions League en tantos años es demasiado poco para alguien que vive instalado en la gloria celestial.


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