2012-09-04 12:09 Real Madrid Por: Administrador

El Madrid lucha contra el pensamiento único



¿Qué significa un cambio de ciclo? Lo primero que a uno se le viene a la cabeza es el paso de un Barça ganador de todo a un equipo que no gane nada y que juegue mal, en detrimento de un Real Madrid que haga justo lo contrario. No tiene por qué ser exactamente eso. Puede ser simplemente pasar de una época determinada a otra distinta, con sus cosas buenas y malas. Eso es exactamente lo que le ha pasado al Barcelona con Tito Vilanova, con quien muchas cosas son ya diferentes, por pura lógica. Lo que uno percibe cuando nota la oposición airada de la parroquia culé respecto a este tema responde más al incipiente temor que existe por que las cosas se derrumben que a la confirmación de que de verdad lo hagan, algo que comprobaremos en los próximos meses.

En cinco partidos, el Barça defiende peor y no tiene la fluidez ni la movilidad de años anteriores. Presiona peor, roba menos y pierde más balones. Casi cae en Pamplona, acabó con agobios en su propio estadio ante el Valencia y perdió la Supercopa ante el Madrid jugando la peor primera parte que se le recuerda en el Bernabéu en mucho tiempo y de la que pudo salir goleado.  Es verdad que el gol de Messi maquilló el marcador y que en el segundo tiempo la actitud del Madrid fue otra y pudo costarle caro, pero la sensación que dio es que si los blancos hubieran querido apretar, no habrían cedido terreno. El mando del partido en general fue del Madrid.



Y por cierto, hablando del gol de Messi, fue un tanto que viene, entre otras cosas, por una mala colocación de la barrera por parte de Casillas. Un error individual que propició un gol en contra, al igual que los de Valdés, Mascherano o Piqué. Digo esto porque es fácil escudarse en los fallos propios para justificar una derrota. En casi cualquier gol hay que atribuirle algún mérito, por pequeño que sea, al que lo marca. Si Messi no lanza bien, el balón no entra, al igual que si Di María no presiona, no roba o si Higuaín no deja de correr, no se beneficia del mal despeje de Mascherano.

Sin embargo, resulta muy sencillo quitarle méritos a tu rival para evitar reconocer su superioridad, algo que en Can Barça han sabido hacer siempre. También respecto a estilos, hegemonías y cambios de ciclo. Conforme fueron ganando títulos todos estos años, también fueron fomentando e instalando en la opinión pública un pensamiento que establecía que la mejor, la más bonita y la única forma admisible de jugar al fútbol era la suya. Entonces era muy fácil respaldar esa teoría, porque el juego iba acompañado de triunfos. Todavía ahora sigue siendo sencillo atacar al madridismo con ese argumento cada vez que se ven por debajo en algún momento, ya que todavía ha pasado poco tiempo desde la marcha de Guardiola y además se le sigue atribuyendo única y exclusivamente al Barça la razón de los éxitos de la Selección española, el otro gran caballo de batalla que todo el mundo quiere atribuirse para sí mismo. Selección, por cierto, que comenzó a jugar como juega bastante antes que este Barça. Concretamente allá por 2006, cuando en el club catalán todavía andaban a vueltas con Deco, Ronaldinho y compañía.

La conquista de la última Liga por parte del Madrid, sin embargo, ha sido un palo de cara a mantener ese pensamiento único en el ambiente futbolístico, porque los blancos han demostrado que pueden alcanzar registros similares o superiores a los del eterno rival a través de un estilo y una filosofía diferente e igualmente entretenida, y lo han hecho mientras en la ciudad Condal tenían que afrontar la despedida del artífice de los mayores éxitos de la historia del Barça.  Sin embargo, la consigna es negar a toda costa que se abre una nueva etapa en el fútbol español, sea cual sea. La hegemonía tiene que seguir siendo suya porque ya se ha decidido que si no se gana conforme a su manera de hacerlo, las victorias no reciben el mismo valor. Tampoco en la Supercopa, que parece ser que ganó el Madrid por los fallos del Barça, no por sus méritos.



La última indignación culé respecto a este tema llegó, precisamente, durante la Supercopa. Mourinho opinó sobre lo que es para él la hegemonía futbolística, que reside fundamentalmente en la Champions League, el auténtico objetivo de los equipos grandes. Seamos sinceros: Lo que verdaderamente vale es la Champions. Si el año pasado el Madrid hubiera ganado la Liga como la ganó, pero el Barça hubiera vencido en Europa, el título blanco habría quedado en nada. Sin embargo, eso no sucedió. El Madrid ganó la Liga, el Barça sólo la Copa y Tito Vilanova respondió diciendo que "a los grandes equipos se les recuerda por su juego, no por sus títulos". Nueva norma de ese pensamiento único que decide cuál es el objetivo de este juego que es el fútbol en cada momento: Ahora se trata de jugar de una determinada forma, no de ganar los partidos. Habría que recordar que el fin de este deporte es ganar, y para ello existen múltiples caminos. Y Vilanova tendrá que escribir el suyo, si es que lo escribe.


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