2012-11-07 13:11 Real Madrid Por: Administrador

El Madrid se estrella contra la ingeniería alemana (2-2)



Esta vez la épica no dio para provocar otro delirio colectivo como el vivido ante el Manchester City. Tampoco el juego. Bastante mal en la primera parte y mejor en la segunda, el Real Madrid nunca estuvo cómodo sobre el césped. De nuevo rancio en la distribución, falto de ideas y con muchas dificultades para trenzar jugadas con sentido, cayó por segunda vez en el sistema táctico de los alemanes, empujados por una grada atípica de un Bernabéu poblado por casi 10.000 de los suyos. Rocoso, muy bien colocado y nada exento de toque, el Borussia ha demostrado ser un rival de categoría en esta Champions y no amilanarse ante nada ni nadie. Quizá Mourinho no exageró cuando dijo que, de clasificarse, será un firme candidato al título. Más se ha visto con mucho menos.

El encuentro, además, deja un doble sabor amargo porque quedó la sensación de que el equipo blanco no daba para más que para lo que logró con sufrimiento, y gracias. Y sobre todo porque no dar más con el once titular que sacó Mourinho puede dar lugar a desilusiones y a análisis negativos prematuros, y en este punto entra Luka Modric. Muchos, incluyendo a quien escribe, esperaban con ansia ver al tridente conformado por el croata más Xabi y Özil sobre el pasto en citas de envergadura. 



El resultado fue desastroso. Con el equipo tremendamente separado entre líneas y sin movilidad, rapidez ni intensidad, tanto el balcánico como el vasco vivieron un infierno similar al de hace dos semanas a la hora de sacar el balón jugado. Tampoco ellos, especialmente Modric, fueron capaces de generar pases con peligro, todo hay que decirlo. Las sensaciones eran casi las mismas que en  Alemania: Desplazamientos horizontales. La solución volvieron a ser los balones en largo, que otra vez, no obstante, crearon algún peligro a la espalda de la defensa del Borussia. Higuaín falló en un control que le dejaba sólo ante Weidenfeller nada más empezar y pudo marcar aún más tarde. Aun así, daba mucha rabia ver al Madrid achicando espacios con tres "jugones" sobre el campo. No tardó en desperezarse el equipo alemán, que en los trece primeros minutos ya había disparado tres veces contra los puños de Casillas. La tónica habitual del primer periodo fue el tembleque constante cada vez que Reus, Götze o Lewandowski pisaban las inmediaciones de la portería de Iker. El primero de ellos conectó un  disparo potente en el 27' tras una dejada de cabeza del polaco ante el que el que nada pudo hacer el guardameta. 

El Madrid empató casi por inercia poco después. La lógica reacción tras el primer gol espoleó al equipo y lo echó unos metros más adelante. Fue entonces, con los "buenos" tocando donde deben tocar, cuando Pepe enganchó un buen centro desde la izquierda tras un rechace en un córner para empatar de cabeza. La igualada, sin embargo, no cambió las sensaciones ni el juego del Madrid, que siguió mostrando una apatía y una lentitud inexplicables. Justo antes del descanso, Götze volvió a poner por delante al Dortmund tras un error de Varane, que minutos antes había estado salvador. El 1-2 dejaba la esperanza en el ambiente de un segundo tiempo de comerse las uñas con final feliz, de otra noche como la del City.

Volviendo a los análisis prematuros y potencialmente negativos a largo plazo, conviene realizar afirmaciones y también decir obviedades: El equipo mejoró en la segunda parte sin Modric y con Essien. Quizá porque el tipo de partido y las virtudes del rival no permitían jugar sin un mediocentro defensivo que olvidase la sutileza para aportar recorrido y físico. También porque la actitud del equipo fue diametralmente opuesta. Y si es de cajón decir que, técnicamente hablando, el ghanés no es mejor que el croata, la pregunta es qué hubiera hecho un jugador como Modric (como hizo Xabi muy bien durante el segundo tiempo) con un equipo moviéndose por delante de él con velocidad y jugando veinte metros más adelante. La conclusión es que en estos partidos hace falta un mediocentro defensivo y que el balcánico estuvo mal en cuanto a presencia en el choque, no en cuanto a calidad en el pase o intención de distribuir, su función. 



La clave en el segundo periodo, como decimos, fue la intensidad. El Real Madrid jugó mejor porque quiso más que el Dortmund y también porque Mourinho quitó a un errático Higuaín para dar entrada a Callejón, que repartió una de cal y otra de arena: Vale para revolucionar los partidos con su entrega, pero necesita ser más decisivo y no marcar sólo los quintos goles de los encuentros. Aun así, se le anuló un gol legal tras la reanudación y después tuvo otras dos buenas ocasiones para empatar. 

Con el paso de los minutos la efusividad dio paso al típico escenario de equipo que ataca por necesidad desesperada y rival que se defiende sabiéndose poseedor del tiempo y del marcador. También, en cierto modo, de la situación, porque no se puede decir que el Madrid llegara a asfixiar al Borussia. Özil fue creciendo conforme más atrás se echaban sus compatriotas, y precisamente de sus botas salió el empate, justo al final, como merecido fruto del empuje, en una falta lateral en la que Weidenfeller esperó un misil de Cristiano y se encontró con un flechazo teledirigido a su poste izquierdo del germano. Golazo para apretar el puño y ver en el marcador un mal menor.

El Madrid viajará próximamente a Manchester a vivir otro episodio de tensión, porque el City se juega la vida. El primer puesto del grupo ya no es algo que pueda controlar, pero quizá estos dos choques contra el Dortmund le enseñen una lección valiosa de cara a las eliminatorias, donde ya no habrá opción de recuperarse.


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