Fede Peris

Gareth Bale forma parte de la alineación titular del Real Madrid por real decreto. Fue un capricho de los caros del presidente, y tiene que jugar. Carlo Ancelotti lo sabe y cumple con los deseos del presidente sin necesidad de que nadie le diga ni le imponga nada. Ya sabe él lo que tiene que hacer. La cuestión es que su rendimiento, cuando las lesiones le permiten jugar, ha decrecido considerablemente desde el día de su debut. Ya no es ese futbolista explosivo que decidía los partidos o que permitía con sus pases que Cristiano Ronaldo ampliara su cuenta de goles. Su juego pasa ahora más inadvertido y no justifica los 101 millones que el Real Madrid pagó por él hace año y medio. Ese es el montante declarado por el Tottenham Hotspurs en sus cuentas en la junta de accionistas, lo que le convierte en el futbolista más caro de la historia del fútbol mundial.



Ayer en Basilea se esperaba de Gareth Bale que colaborara con la causa de Cristiano Ronaldo y le buscara para darle balones de gol que le permitieran igualar su lucha por el pichichi histórico de la competición, pero el único que vio al portugués fue Benzema. Bale apenas aportó nada al juego ofensivo del equipo blanco. Bale ha marcado este año 6 goles en 16 partidos. Poco para lo que se espera de él.  Además, ninguno de ellos ha sido decisivo, como cuando en la temporada pasada marcaba en las finales y resolvía partidos que se encallaban.

Existe preocupación en el Real Madrid por el rendimiento del jugador galés, mientras se observa que Neymar mejora los números que ofreció el pasado año y Luis Suárez empieza a carburar en el Barcelona, en donde se ha mostrado como un excepcional asistente en los seis primeros partidos que ha disputado. Los resultados dictarán sentencia, pero Bale se juega de aquí a final de temporada su continuidad en el Real Madrid, especialmente desde que se han dado cuenta de que teniendo a Isco Bale es prescindible.