2011-09-13 23:09 FC Barcelona Por: Administrador

El Milan y el árbitro le dan un aviso al campeón



Hace tres años fue el Numancia. Hace dos, el Racing. La temporada pasada, el Mallorca y el Hércules. Este año, Real Sociedad y Milan. Parece como si el campeón viviera instalado en su mundo celestial, en el paraíso del halago, y necesitara que alguien llegue para darle dos cachetes, despertarle y devolverle al mundo real, ahí donde nadie perdona la relajación ni en el primero ni en el último minuto.

El de esta noche era un partido grande. Uno de esos que que se disfrutan con pasión. Once copas de Europa estaban representadas en el césped entre los dos equipos. El resultado puede ser frustrante, pero el partido no ha decepcionado. Superado el estado shock provocado por Pato en un despiste defensivo producido en la primera jugada del partido, el Barça, fiel a su estilo y sin renunciar a sus principios fundamentales,  ha buscado el camino más recto para neutralizar y superar la ventaja italiana. Y lo ha conseguido.



El Milan ponía orden. El Barça, el concierto. Disciplina contra talento. Músculo contra inspiración. Barça y Milan han sido el contraste de dos estilos de juego contrapuestos, pero efectivos. El fútbol de control y posesión le ha dado al Barça cuatro Champions League. Pero el juego de orden defensivo, disciplina táctica y agresividad le ha significado al Milan otras siete orejonas.

No estaban Ibrahimovic ni Robinho, pero el Milan de Allegri se basta con Zambrottas, Van Bommels y similares para hacerse fuerte en cualquier plaza. En el Camp Nou por ejemplo. Seedorf, en edad ya de jubiliación, ha sido el alma de los italianos, con un Thiago Silva inmenso en el centro de la defensa. Y poco más, salvo cuatro detalles de Pato.

En el Barça, a medida que iban pasando los minutos las revoluciones han ido en aumento hasta alcanzar el cénit en los primeros compases de la segunda mitad, cuando Villa convirtió en gol un golpe franco directo. Ese tanto se unía al del empate conseguido por Pedro en una genial jugada que se inventó Messi. Fue su aportación genial al partido. Leo estuvo muy activo, tenía ganas de dejar su huella en el encuentro, y buscó el gol con ahínco. Remató todo lo que cayó ante él, pero esta vez no le sonrió la fortuna. Ni siquiera cuando fue derribado dentro del área después de un slalom. El Camp Nou reclamó el penalty, pero el árbitro se hizo el sueco, o el inglés en este caso.



No tiene suerte el Barça con los árbitros. Y Messi tampoco. Después de lo de Anoeta, ha vuelto a ser protagonista de una jugada similar, aunque en este caso mucho más clara. Pero estaba escrito que éste no iba a ser el partido del Barça. El empate en tiempo de descuento de Silva emborrona un partido serio y, por momentos, brillante del equipo blaugrana, que perdió dos puntos y a Iniesta. La parte positiva es que Cesc cumplió sobradamente en su papel de sustituto del manchego y la reparición de un Puyol corto de ritmo que evidenció que necesita minutos para volver a ser el de siempre.

Vamos a dejarlo en que pareció un accidente

Guardiola tendrá trabajo. No se trata de enseñar a sus jugador a jugar a fútbol. Son los mejores y poco pueden aprender. Se trata simplemente de volver a inculcarles esa mentalidad ganadora, ese ansia de victoria que les ha caracterizado en los últimos años y que no han mostrado en los dos últimos partidos. Un equipo campeón, como es el Barça, no puede ir por la vida despistado regalando goles.

La Real Sociedad y el MIlan han enviado su aviso. Ahora hay que tomar nota. El empate carece de dramatismo porque tiene solución en la liguilla que no ha hecho más que empezar. Lo que hay que recuperar es la tensión ganadora de un Barça que nunca cede ante el rival. Vamos a dejarlo en que ha sido un accidente.


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