2012-03-23 21:03 FC Barcelona Por: Administrador

El peso de la ley debe caer sobre el Real Madrid



En la Casa Blanca no entienden nada. Es normal. Villar y sus compinches del silbato habían consensuado un reglamento especial para el Real Madrid y otro para los demás. Al menos eso es lo que ha parecido en los 28 primeras jornadas. En ese reglamento especial creado para el Real Madrid se permite a su entrenador llamar sinvergüenza a un árbitro sin que éste se dé por aludido y lo haga constar en acta, se permite a Casillas enviar al árbitro a irse de fiesta con los rivales, se permite a Sergio Ramos acabar todos los partidos como si no hubiera merecido la roja, se permite a los jugadores blancos repartir a diestro y siniestro, se permiten las quejas, las protestas, tanto desde el banquillo como desde el césped, las tanganas... Es normal, están muy mal acostumbrados y demasiado consentidos. Por eso, cuando un árbitro aplica el reglamento, ese reglamento al que deben atenerse los demás, se ponen como motos.

Y se quejan. No se quejan de que Cristiano Ronaldo no viera la roja por acusar al árbitro de ladrón. No se quejan de que Arbeloa acabara el partido después de haber cometido dos penaltis de libro en los que se ganó la amarilla en cada uno de ellos. No se quejan de que Lass no fuera expulsado como correspondía antes de la primera media hora de juego, no se quejan de la barra libre que tienen Pepe y Sergio Ramos para zumbar a todo aquel que se acerca por sus dominios. Se quejan y no se sabe muy bien por qué. Se quejan, en resumidas cuentas, porque ven perdida la Liga, porque físicamente están al límite y aún les restan diez partidos, porque, aún disponiendo de una plantilla excepcional, su entrenador está más pendiente de armar jaranas que de sacarle el máximo rendimiento. Da la sensación de que Mourinho prefiere el papel de víctima, forzar las situaciones al límite para ser castigado y después tener argumentos para quejarse. Y a Mourinho no le ha fichado el Madrid para eso, para llorar, le han contratado para que sea campeón. Pero no sabe. Si no hay follón, se encuentra desubicado. Los argumentos tácticos del Madrid en Villarreal dieron pena. Y nada hizo el árbitro para ser el causante del desastre blanco. Ellos solitos se complicaron el partido. Y más complicado lo habrñian tenido aún si el árbitro no se hubiera acongojado y hubiera pitado los dos penaltis flagrantes cometidos por Arbeloa. Pero, ya se sabe, 0 penaltis en contra en 28 jornadas. No hace falta decir nada más. Lo cierto es que el Madrid sacó un punto de El Madrigal gracias al árbitro. En circunstancias normales hubiera perdido. Esa es la realidad. Todo lo demás es ruido, ruido para esconder las propias miserias.



Si a Gerard Piqué se le han revolucionado los árbitros por decirle a uno de ellos que su actuación fue premeditada, ¿qué habrá que hacer con quien llama ladrones e hijos de puta a los colegiados? ¿Se atreverá el Comité de Competición a entrar de oficio en el tema? ¿Tendrá Sánchez Arminio con el Madrid la valentía que mostró con el Barça para denunciar el comportamiento vandálico e incívico de los técnicos y los jugadores del Real Madrid. ¿O el Madrid tiene licencia para insultar, zurrar y hacer lo que le venga en gana? Estamos ante una ocasión de oro para confirmar que existe justicia en el fútbol español. El peso de la ley debe recaer de forma implacable sobre el Real Madrid. Si los órganos sancionadores vuelven a irse de puente y se lavan las manos, estaremos ante el escándalo más indigno de la historia del fútbol español.

Ya está bien de aguantar las insolencias de Mourinho y de sus chicos con la lección bien aprendida desde el vestuario. Alguien tiene que parar esta espiral de antideportividad. Si no saben perder, alguien tiene que recordarles el camino de la deportividad con disciplina. La misma que se aplica a los demás. No puede ser que porque sean más buenos, más guapos y más ricos que los demás dispongan de un reglamento a su medida. El fútbol español clama y reclama justicia. También para el Madrid. Ni saben perder ni saben ganar. Sólo saben quejarse. Esa es la imagen que ofrece al mundo este club que durante mucho tiempo fue ejemplo de señorío. Hasta que llegó Mourinho y su banda.


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