2011-11-06 22:11 FC Barcelona Por: Administrador

El pichichi permite al Barça salir vivo de San Mamés (2-2)



Impresionante espectáculo en San Mamés. El Barça ha tenido que sobreponerse a la adversidad: el Athletic, el ambiente, los elementos y el árbitro.

El árbitro se comió muchas tarjetas



El Athletic, de cualquier forma, salvo lucha sin cuartel, poco más ha hecho. Apenas dos disparos a puerta. Uno gol, el otro detenido por Valdés. Hasta necesitó la colaboración del Barça, en este caso de Piqué, para obtener su segundo tanto. El ambiente, inmenso, propio de La Catedral, llevando en volandas a su equipo. Los elementos en forma de lluvia es evidente que han perjudicado al equipo que mejor la toca y que mejor fútbol practica: el Barça. Y el árbitro, cómo no, ha permitido que el Athletic llegara al minuto 89 con 11 jugadores cuando tres ellos debieron ver la segunda amarilla mucho antes. Muy tarde llegó la segunda amarilla de Amorebieta después de un festival de agarrones, pisotones y zancadillas de los jugadores del Athletic intentando dormir el partido. Pero así se escribe la historia de esta Liga. Unos cardan la lana y otros se llevan la fama, y el Barça ya está acostumbrado a luchar contra eso en el campo y luego en los medios madridistas. Nada nuevo.

Una tarjeta...¡y por una mano!

El estado del campo ha impedido ver un partido brillante de calidad técnica, pero a cambio nos ha permitido disfrutar de la otra cara del Barcelona, ese equipo que no se rinde cuando no puede poner en práctica su juego habitual y que debe ponerse el mono de faena para afrontar un partido de choque y lucha. El Barça no le ha perdido la cara al partido en ningún momento, ha dominado el juego y ha goleado al Athletic en ocasiones, pero fueron los vascos quienes se adelantaron en el minuto 19 al aprovechar Muniaín un resbalón de Mascherano. Antes, en los minutos 8 y 10 De Marcos le hizo dos entradas de roja directa a Iniesta, abucheado como siempre en San Mamés. El árbitro, como es habitual, prefirió mirar a otro lado.  Paradas Romero enseñó muchas tarjetas al Athletic, pero fue hábil en su administración, ya que hasta el minuto 89 no mostró a nadie la segunda amarilla. En este caso a Amorebieta. El Barça, en cambio, sólo vio una amarilla, a Piqué, por un balón que fue a parar a su mano después de un rechace propio. Este detalle destaca la deportividad habitual en el juego del Barça, actual campeón del juego limpio en la Liga BBVA.



Grande Valdés

El Barça llegaba y llegaba. Las oportunidades se sucedían y llegó el empate por obra de Cesc, que envió del ejos al fondo de la red de cabeza un centro medido de Abidal. Era de justicia. El partido era un toma y daca. Los dos equipos volcados y en busca de la victoria, aunque la evidente superioridad técnica del Barcelona impedía a los vascos llegar con claridad, mientras que los blaugrana dominaban la posesión y se plantaban ante Gorka con relativa facilidad triangulando a base de paredes en las que Messi siempre era protagonista.
Por contra, Valdés, después del gol sólo fue invitado a trabajar una vez por Muniain. El delantero vasco se quedó solo ante el meta blaugrana, pero se le empequeñeció la portería y se le agrandó la figura de Valdés enviando el balón al cuerpo del portero. Poco más hizo el Athletic salvo luchar, luchar y luchar. En la segunda parte el juego se endureció y el árbitro empezó a sacar las tarjetas, pero poniendo especial cuidado en no repetir protagonista. El campo, por su parte, estaba cada vez peor y se hacía difícil poner en práctica el juego combinativo que caracteriza al Barcelona.

El Barça buscó la suerte de los campeones

Y llegó el 2-1 en una jugada desgraciada de la defensa blaugrana que acabó con Piqué desviando el balón al fondo de la red. Apenas quedaban 11 minutos y todo parecía perdido. Pero nunca hay que perder la fe en este Barça, un equipo ganador que busca y consigue la suerte que siempre acompaña a los campeones. Aunque más que custión de suerte fue más un factor de fe. El Barcelona se lanzó en tromba sobre la portería de Gorka tras las incorporaciones de Villa, Alexis y Thiago, salidos para refrescar las fuerzas del bloque. Y las ocasiones se sucedieron ante el marco de Gorka sin solución de continuidad. En esos 11 minutos, el Athletic pudo haber encajado hasta cuatro goles. Pero sólo entró uno, en el minuto 90. Y tuvo que ser Messi, el pichichi, el mejor, el número uno del mundo, el jugador que siempre está cuando se le necesita y que nunca falla.

Y Messi resolvió lo que parecía que iba a ser la primera derrota de la temporada del FC Barcelona. No ha sido así y el Barça sigue como único imbatido de la liga española y de Europa, aunque, en esta faceta, comparte honores con el Benfica. De cualquier forma, como bien ha dicho Guardiola al final del partido, nada habría que objetar al equipo ni reprochar a los jugadores si hubieran vuelto a Barcelona derrotados. Su lección de honestidad y profesionalidad fue bárbara.

Felicidades, campeones. No es una frase hecha, el Barça, además de ser el campeón, juega como un campeón y hace honor a su condición.

 


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