2012-01-07 08:01 FC Barcelona Por: Administrador

El Real Madrid ni sabe ganar ni sabe perder



El Barcelona es el equipo hegemónico, el abanderado en el fútbol del siglo XXI. También es el equipo que más títulos gana y el más reconocido por su juego por la opinión pública mundial. Ese Barcelona, el Barcelona de Guardiola, perdió un título en la prórroga de una final de forma inesperada, porque nadie apostaba un euro por su rival. Perdió y aceptó la derrota. Sus jugadores y el entrenador esperaron en el centro del campo a que el Real Madrid, el rival que ese día le venció, recibiera el trofeo que le acreditaba como campeón de Copa. Y los jugadores y los técnicos blaugranas, en el centro del campo, aplaudieron. Eso no fue falsa modestia ni otras sandeces con las que desde Madrid se califica el fair play que se practica en el Camp Nou desde la cuna de La Masía. Eso fueron hechos constatables.

Tan constatables como lo fue el barriobajero comportamiento de los jugadores del Real Madrid al término de la Supercopa el pasado mes de agosto. Lejos de felicitar a su rival, el Barcelona, por el triunfo obtenido, abandonaron el terreno de juego sin esperar a la entrega de a copa después de provocar incidentes, agresiones, tanganas, insultos y malos modos en general. Otra cosa no podía esperarse de un grupo humano que tiene como líder espiritual a un camorrista que aprovechó la derrota para proporcionarle a sus hombres una lección de grosería, vandalismo y salvajismo agrediendo a Tito Vilanova por la espalda y luego menospreciándole en la sala de prensa.



Ese es el señorío del que presume el Real Madrid, que ahora vuelve a afirmar su voluntad de permanecer en el bando de la antideportividad y en contra del fair play negándose a sumarse al tributo que el fútbol mundial rendirá el lunes en Zurich al Barcelona, a Leo Messi y a Pep Guardiola. Se lo han ganado y el mundo del fútbol se lo va a reconocer. El Real Madrid, por lo visto, no pertenece a ese mundo, sigue colgado en la galaxia de los galácticos millonarios y perdedores, esa galaxia en la que está prohibido reconocer el mérito de los demás y en el que no se permite ningún ejercicio de autocrítica.

El lunes el Barça recibirá los premios que le corresponden en la Gala del Balón de Oro que se celebrará en Zurich. El Madrid lo verá por la tele, porque al escenario sólo subirán los mejores. Por eso, sólo por la vergüenza que les supondría a los representantes del club que antaño fue famoso en los cinco continentes por su señorío, nadie del Real Madrid se dignará a hacer acto de presencia. Y no será porque en la Casa Blanca no se valoren los premios que allí se conceden. Hace mucho, mucho, tiempo, cuando le otorgaron el Balón de Oro a un futbolista del Manchester United llamado Cristiano Ronaldo, dijo el galardonado que ese fue el día más feliz de su vida. Cuando se lo concedieron al entrenador del Inter, entonces Mourinho, éste se tomó la libertad de autoproclamarse mejor entrenador del mundo, de la misma forma que bautizó al Inter de Milán como el mejor del planeta por ser el campeón de Europa y del mundo. Pues bien, todos esos títulos que un día fueron suyos cuando aún no pertenecían al Real Madrid, ahora sólo merecen el más absoluto de los desprecios. Es un ejemplo más de su mal perder, de la rabia que embarga a quien está condenado a convivir con el fracaso porque otros son mejores, de la impotencia de quien quiere pero ve que no puede porque no sabe, de quien no soporta derrochar más dinero que nadie para recoger luego las migajas de quienes se lo llevan todo gastando lo justo.

El Real Madrid no estará en la fiesta del fútbol porque esa fiesta no va con ellos. El mundo premiará a los mejores. El mundo castigará a los soberbios que quieren ser los mejores y no saben cómo hacerlo. El mundo descubrirá que el que fue considerado como mejor club del siglo XX milita en el siglo XXI en el pelotón de los torpes, de los que no saben practicar el fair play, de los que responden con rabietas a sus continuos fracasos. El Madrid no estará en Zurich y argumenta peregrinas excusas. Ellos se lo pierden. Perder es lo que mejor saben hacer, aunque sea con mal estilo.




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