2011-04-20 22:04 FC Barcelona Por: Administrador

El rey de copas cae ante el rey de bastos



El Real Madrid tiene a Cristiano, pero es un equipo protestante. Ese es su nuevo estilo: protestar, protestar y protestar. Desde el primer minuto hasta el último. Era la consigna de Mourinho. Si él lo protesta todo en las ruedas de prensa ¿por qué no enseñar a sus jugadores a protestar sobre el terreno de juego? Así es el Madrid de Mourinho, un equipo protestante. Cada decisión arbitral generaba la protestas de cuatro jugadores que se acercaban al árbitro a pedir explicaciones. Incluso cuando Arbeloa le propinaba un codazo a Villa y luego lo remataba con un pisotón, había que protestar.  Es la aportación de Mourinho al fútbol español. Fútbol, poco. Show, todo.

Y el Barça, acostumbrado a jugar a fútbol, no acabó de entrar en un partido en el que había más teatro que fútbol. El Madrid cambió su cara del Bernabéu. Esta vez, en lugar de mirar cómo los jugadores del Barcelona movían el balón, pasó a la acción. Jugó con más intensidad, siempre al límite del reglamento, por delante y por detrás. Pepe debió irse a la caseta en el minuto 25 por un patadón a Busquets en el área blaugrana, pero ya habia visto la tarjeta amarilla antes y Undiano se arrugó. También debieron irse a la caseta Sergio Ramos y Arbeloa, pero el árbitro no estaba esta noche dispuesto a enfurecer a Mourinho después de tantos y tantos y tantos lamentos.



La cuestión es que el Barça no se encontró a sí mismo a lo largo de la primera mitad. No pudo poner en marcha su máquina porque ni Xavi, ni Iniesta ni, sobre todo, Messi, se encontraron cómodos. La pelota no circuló y el Madrid logró su objetivo: sacar al Barcelona de sus casillas a base de faltas y encontronazos. Un remate al poste de Pepe (seguramente Mourinho protestó la colocación del poste) y un disparo de Cristiano que sacó Pinto rubricaron el dominio blanco ante un Barça que ni se acercaba a portería.

En la segunda mitad el Barça dio otra imagen. Era el Barça de siempre. Y el Madrid, el mismo equipo ramplón que vimos el sábado en el Bernabéu. Y con los malos modos de siempre. Xavi Alonso frenaba a Messi por lo civil o por lo criminal. Y cuando él no podía, ahí aparecía Pepe dispuesto a soltar la coz mientras el árbitro dejaba seguir el juego. Lo cierto es que el Madrid estaba hundido en esta segunda parte y jugaba a forzar la prórroga y probar suerte en los penalties. Si en su casa, en el Bernabéu, ya se festejan los empates ante el Barça, el 0-0 en la final de Copa sabía a gloria.

Mientras el Barça llegaba con facilidad y Casillas se multiplicaba, la defensa blanca iba haciendo de las suyas. Marcelo agredía sin balón a Busquets y el árbitro le enseñaba tarjeta a Messi. Así se escribe la historia. El Madrid no daba tres pases seguidos y el Barça carburaba y encadilaba a sus aficionados, que ya entonaban los olés en cada triangulación de su equipo.



Y llegó el minuto 68, cuando un jugadón de Messi acaba con el balón en los pies de Pedro, que fusila al fondo de la red. Undiano Mallenco, ese que iba a beneficiar al Barça, hiló muy fino y vio un fuera de juego que admite múltiples interpretaciones, pero que deja claro que este caballero, contrariamente a lo comentado por el entorno mediático blanco, no tenía ninguna intención de favorecer al Barcelona. La ocasión para hacerlo la pintaban calva, pero ante la duda optó por lo más fácil, anular el gol y contentar a Mourinho y toda la presión mediática que se ejerce desde la capital para que el Madrid sea favorecido por los árbitros. Mourinho, por supuesto, hizo una excepción a su modelo de conducta y no protestó la anulación de este gol.

En el minuto 73 Adebayor agredía sin balón a Mascherano. El árbitro lo vio y le enseñó la tarjeta amarilla. Si vio la agresión, el color de la tarjeta sólo podía ser rojo, pero ante tanta protesta no se atrevió. Eso sí, no tuvo reparo en repartir tarjetas a diestro y siniestro entre los jugadores del Barcelona.

Casillas sacó tres claros balones de Messi, Iniesta y Pedro que ya se colaban, el Barça se crecía y el Madrid se encogía, pero el gol no llegaba. De nada servía ese 80% de posesión de balón en la segunda parte. El partido estaba condenado a la prórroga. Mourinho empezó a sacar jugadores de refresco y Guardiola no reaccionaba. El Barça iba perdiendo fuelle y el Madrid parecía recuperar fuerzas de flaqueza.

Undiano Mallenco le perdona la segunda amarilla a Alonso por un agarrón claro a Messi y a Arbeloa, que entra en plancha contra sus partes a Adriano. Aquí no pasa nada, es la ley de la selva. Hasta es posible que con su "buen juego" el árbitro contagiara a los madridistas para darle la vuelta al partido en la prórroga. Y llegó el gol de Cristiano Ronaldo en un clamoroso fallo de Pinto. Era un balón perfectamente parable. Cristiano Ronaldo pasó factura a la arriesgada decisión de Guardiola de exponer la suerte de un título a la caprichosa decisión de jugar ante todo un Real Madrid sin su mejor portero. Y entonces, en el minuto 104 Guardiola decide que la solución es Afellay. Muy tarde ya y muy pobre solución. En el 107 Keita relevaría a Busquets. El refresco llegaba demasiado tarde. Y la solución final, Piqué de delantero centro, al estilo Alexanko, sonó a caduca y trasnochada. Ahí el tándem Guardiola-Vilanova quedó en evidencia.

Ni había tiempo para más ni el Barça, con un desfondado Messi, estaba para reacciones. Pero Mourinho tuvo el consuelo de quedarse con 10, para así poder seguir presumiendo. Di María había visto la tarjeta por coger el balón con las dos manos y en el último minuto vio otra amarilla por una dura entrada. Ganó el Madrid, y con 10, como le gusta al protestante Mourinho.

El rey de copas no sumó su copa número 26. Esta vez fue mejor el rey de bastos. Al menos supo jugar mejor sus cartas.

 


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