2012-04-05 13:04 FC Barcelona Por: Administrador

Elecciones 2006, por imperativo legal (VIII)



El Barça va bien
Decía Xavi Bosch el 2 de agosto de 2006 en Mundo Deportivo: “¿Se imaginan a Zapatero diciendo: como España va bien, no convocamos elecciones?”. En el Barça se ha instalado el sonsonete de que, con la liga y la Champions en el saco, no tendría que haber elecciones y, si las hay, que sean cuando a la junta le convenga (…) Esta es una argumentación alimentada por una prensa que parece haber dimitido de su papel de contar las cosas que pasan”.

El equipo de Laporta
Más de la mitad de los integrantes del equipo directivo de la candidatura de Laporta en 2006 superaba el 50.000 en su número de asociado, lo que decía muy poco de sus convicciones barcelonistas. Laporta era entonces el 21.734, Vicens el 41.867, Ingla el 67.742, Soriano el 33.020, Godall el 52.491, Ferrer el 83.206, Cambra el 21.033, Murtra el 2.571, Boix el 57.877, Castro el 62.631, Cubells el 53.400, Franquesa el 89.454, Perrín el 13.202, Rovira el 57.905, Vilaseca el 12.949, Vives Fierro el 87.329 y Yuste el 17.075. Pobre pedigrí con pocos barcelonistas de toda la vida y demasiados coyunturales y de conveniencia.

Un incomprendido
Salvador Cot y Jordi Cortada entrevistaban a Laporta en el diario Avui. El entonces candidato a presidente decía no entender que alguien se pudiera "molestar porque un grupo de gente normal y de la calle inicie y haga funcionar un proyecto en una de les máximas instituciones del país”. Seguía sin entender que lo que de verdad molestaba era que alguien que se creía más que los demás pensara que podía hacer lo que le diera la gana saltándose el dictado de la ley. Su estrategia consistía en no darse por enterado y seguir intoxicando haciéndose pasar por la víctima de una conspiración. Le salió mal porque el socio le pasaría factura dos años más tarde y luego otra vez al término de su mandato.  «En todo caso, no hemos sido nosotros los que lo hemos provocado». Ni siquiera la sentencia de un juez obligándole a rectificar para actuar dentro de la legalidad le convenció para cambiar su discurso. Él siempre tenía que ser el bueno. Los malos eran los demás. “Creíamos que lo más conveniente para la entidad era hacer elecciones en 2007, parece ser que hay socios que no lo creen, y han impulsado un proceso que ha acabado con una resolución que hacía convocar elecciones inmediatamente". No se trataba de decidir qué era lo más conveniente para la entidad sino de respetar la ley. Para un profesional de la abogacía como Laporta entender algo tan sencillo parecía complicadísimo.



Gente normal
Seguía en Avui: Nosotros somos gente normal y corriente. Gente que hemos forjado nuestras capacidades con nuestro esfuerzo, que tenemos muy clara la cultura del trabajo que caracteriza al país; venimos del pueblo, y la gente del pueblo nos lo reconoce". “Gente del pueblo, gente normal y corriente”. Gente que desde que tomó posesión del Barça se acostumbró a comer de manera habitual en el Drolma a 200, 300 o 500 euros el cubierto y  a costa de los socios. Gente con coche oficial, chófer y despliegue de seguridad a su alrededor a cuenta del club. Gente que ha hecho carrera, como Laporta, que llegó a la entidad como socio de un modesto bufete de abogados y que se fue presumiendo de ser un empresario ejemplar que viaja en jet privado y se relaciona con lo mejor y lo peor de la sociedad española e internacional. Buena gente, claro que sí. Y el que no lo entienda así, “que n´aprengui”, como aquel peñista que se quejaba de las fiestas que Rijkaard concedía a sus jugadores. Respuesta de Laporta: “pues hágase usted futbolista”. Todo un ejemplo de…¿arrogancia? Ni hablar. “No soy arrogante”. Palabra de Laporta.

Firmas japonesas
Lo explicaba Mundo Deportivo el 4 de agosto de 2006:”El domingo regresará de Japón el amigo de Soriano con las firmas recaudadas entre los 2.000 culés allí censados”. Los japoneses, que no sabían lo que pasaba en el club, podían acabar decidiendo las elecciones. De la misma manera que el niño japonés era más importante que los cientos de miles de niños catalanes y españoles que lloran las derrotas del Barça, también para esta junta parecía más relevante el apoyo de 2.000 asiáticos que permitir el debate para que los millones de barcelonistas de aquí supieran lo que realmente sucedía en el club. Santi Nolla se lo recordaba a Laporta en Mundo Deportivo: “Hay barcelonistas que entienden que las elecciones son un ejercicio democrático y no un inconveniente o un obstáculo”.

Firmas entusiastas
Laporta presentó 8.994 firmas advirtiendo que “sólo son válidas 8.637 porque las hay de jóvenes con menos de un año de antigüedad que no podían firmar, pero tal era su entusiasmo que las recogimos”. En el nuevo orden de Laporta, la legalidad venía dada por el entusiasmo. Si no podían firmar, ¿por qué firmaban? Quizás por eso, porque ya conocía la historia, Sala i Martín esperaba firmas invalidas entre las presentadas por Oriol Giralt en la posterior moción de censura. Laporta ganó sin necesidad de campaña electoral ni debate. Ni Medina ni Guixà obtuvieron las firmas necesarias para convertirse en candidatos.



Laporta asume su responsabilidad
En la asamblea del 23 de septiembre de 2006 Laporta, ya reelegido presidente, dijo: “Pusimos por delante los intereses del Barça en la elección de la fecha”. Empleando la primera persona del plural él se incluía en la decisión de la fecha que debía adoptar un órgano independiente como tenía que ser la junta gestora. Quedaba claro que poca independencia se podía esperar de cualquier cosa que llevara la firma de Sala i Martín. El cinismo les llevó a descargar sobre Sala i Martín la decisión de la fecha electoral, pero Laporta acabó traicionándose a sí mismo y delatándose ante los compromisarios. “Pusimos”… Él sólo era una precandidato y no podía poner ni decidir nada. Eso al menos es lo que debería ser, pero había tantas cosas que debían ser y no eran en el Barça de Laporta… De todas formas, a estas alturas poco podían engañar ya a un socio que empezaba a estar familiarizado con ese estilo.

Esencialmente honestos
En la segunda toma de posesión de Laporta Sala y Martín explicó en su discurso: "Este grupo de personas es esencialmente honesto, y hay que valorarlas en su justa medida. Merecen el gran apoyo obtenido”. Palabra de Sala i Martin, gran barcelonista de toda la vida y mejor amigo de Laporta. La honestidad de ese grupo no podía depender del criterio de Sala i Martín. De ser así, habría que empezar a dudar de ella. Poco después los espías y numerosos detalles de la Due Dilligence dieron pie a dudar, como mínimo dudar, de la honestidad de la que presumía Sala i Martín sólo de boquilla.

La trama anti-Laporta
Lluís Mascaró celebró con lógica euforia el triunfo de Joan Laporta sobre las fuerzas del mal. 8.636 firmas sobre una masa social de 150.000 servían para que “Jan” se felicitara por el apoyo “generalizado” del barcelonismo y ponían por las nubes la autoestima laportista del director adjunto de Sport. “La trama anti-Laporta ha acabado con el ridículo más grande de la historia por parte de la oposición. Una oposición que, con la excusa de las fechas, ha sido incapaz de estructurar una alternativa, lo que demuestra que su único objetivo a lo largo de todo este tiempo ha sido erosionar la imagen del presidente a cualquier precio.
A Laporta le han arrebatado un año de mandato, pero no la ilusión de seguir adelante con su proyecto. El y su junta directiva –con algunas caras nuevas y varias ausencias con respecto a la foto de junio del 2003– seguirán dedicando los mejores años de su vida al Barça. Y lo harán manteniendo el eficiente modelo de gestión que tan excelentes resultados deportivos, económicos e institucionales ha dado durante estas tres temporadas. Porque la cultura del esfuerzo y de la honestidad siempre acostumbra a tener su recompensa….(?)
Gracias al trabajo de Laporta, de sus compañeros de junta y de todos los profesionales y ejecutivos del club, los culés nos sentimos mucho más orgullosos de nuestro Barça. De un Barça que se ha consolidado como el mejor equipo de fútbol del mundo y que quiere convertirse también en una entidad de referencia a nivel mundial. No sólo por sus triunfos deportivos y por la atracción mediática de sus cracks, sino también por sus convicciones solidarias.
Con el regreso incuestionable de Laporta a la presidencia, ha ganado el Barça. Y hemos ganado todos los barcelonistas que amamos a un club que ha recuperado todas sus esencias. Asumiendo los errores corregibles y con el entusiasmo renovado, Laporta ya tiene crédito para culminar su proyecto triunfal. Espero que sin más tramas..."
La pena es que ese Barça que para Mascaró era el mejor equipo del mundo se transformó en apenas unos meses en el más cómico del mundo. Y es que no hubo en el segundo mandato de Laporta ni eficiente modelo de gestión, ni cultura del esfuerzo ni honestidad en todos los estamentos del club. Y lo que es seguro es que en el segundo mandato los barcelonistas no se sintieron orgullosos ni de la gestión de Laporta, ni de la de sus directivos ni de la de los ejecutivos del club, especialmente de quien utilizó el dinero de lops socios para realizar prácticas de espionaje contra sus propios jefes. El Barça se convirtió en referencia mundial de cómo no debe administrarse un club. Tal vez por ello no hubo recompensa y sí ridículos encadenados sin solución de continuidad. A tenor de lo visto en su segundo mandato, con la continuidad de Laporta perdió el Barça y los barcelonistas. La oposición no tuvo necesidad de erosionar la imagen del presidente. Él solito se bastó para conseguirlo, aunque, por supuesto, pese a todo siguió viviendo en el Barça los mejores años de su vida mientras ampliaba esas relaciones que debían garantizarle su futuro económico a partir del 2010, ya fuera del Barça. Sólo la afortunada de decisión de apostarlo todo a la carta Guardiola evitó que el caos en el que Laporta sumió a la entidad acabara en tragedia. Fue necesaria una moción de censura para que el presidente cambiara de rumbo y dejara en manos de Guardiola la posibilidad convertir a un equipo acomodado y perdedor en la admiración del mundo. Y es que nunca hubo menos intervencionismo del laportismo en la gestion del primer equipo como en la época en que Guardiola tomo las riendas del vestuario.

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