2012-05-01 19:05 FC Barcelona Por: Administrador

Elefant Blau, expertos en crispación. Habla Pep Munné (III)



Actor de profesión y amigo de Joan Laporta, se hizo socio del club en enero de 1998, deprisa y corriendo, pocas semanas antes de la moción de censura presentada por el grupo opositor de Laporta. Revelador. Su papel en el reparto del Elefant Blau fue decisivo dentro de la estrategia evidente de desestabilización para forzar la salida del presidente democráticamente elegido. Con Laporta formó parte de un Consell Consultiu de Notables al que no se le consultó prácticamente nada.

 -“En el plano deportivo ponemos la moción de censura por la marcha de Ronaldo, un error futbolístico y económico”. Su trayectoria posterior en el Inter, Real Madrid, Milan y selección brasileña demuestran el acierto de Núñez no cediendo al chantaje económico de sus representantes. Pero el Elefant Blau de la época, marcado por Cruyff, exigía que el club se plegara a las reclamaciones económicas de sus cracks al precio que fuera, como ocurría cuando Montal actuaba con sumisión ante su astro favorito sin recibir a cambio una mínima respuesta deportiva durante tres de los cinco años que vistió de blaugrana.

-“Núñez lleva una gestión personalista y totalmente megalómana, nada democrática”. Para Munné debe ser más democrático invitar a marcharse a los directivos que no estaban de acuerdo con el presidente por disidentes y desleales (15) o ponerles detectives para descubrirles trapos sucios. Eso sí le gustaba al señor Munné. Al menos no se le oyó denunciarlo nunca.



-“Los estatutos actuales del año 92 son impresentables… Por ejemplo, la firma del contrato de Nike, los estatutos dicen que un contrato de más de cinco años de duración debe refrendarlo la asamblea y Núñez firmó con Nike a espaldas de todos y, encima, perjudicando económicamente al Barça. Es sólo un ejemplo de la falta de democracia en el Barça. Hemos de devolver el Barça a la sociedad”. Gracias a esos contratos tan “perjudiciales” pudo Laporta gestionar el crédito con La Caixa. Y sería bueno que Munné demostrara cómo devolvió Laporta el Barça a la sociedad cuando firmaba, a espaldas de los socios, contratos televisivos o de equipación deportiva o ampliaba fichas astronómicas de los futbolistas o de ejecutivos amigos por un periodo superior al de su mandato sin consultárselo a nadie. ¿Ya sin Núñez, se había convertido en democrático actuar así? Debía serlo, porque dejaron de oírse los lamentos del antes inquieto Munné, que no abrió la boca cuando Laporta renunció a la transparencia en temas como la recalificación del Miniestadi, la venta de patrimonio o el equipo de Miami. También sería bueno saber a qué sociedad se refería Munné. ¿A la civil, a la de los pijos y compromisos de Laporta o a la de los que se dejaron arrebatar el porrón durante 22 años?

-“No me sorprende que la directiva diga que la moción está fuera de plazo. Es la primera vez que esta directiva no pone los plazos de unas elecciones, y esto no lo esperaban”. Menos esperaba Laporta, abogado para más inri, que un juez tuviera que ayudarle –y obligarle- a interpretar los estatutos para fijar la fecha de las elecciones en 2006. Tan acostumbrado como estaba a imponer su voluntad, debió pensar que también en este caso podría salirse con la suya decidiendo los plazos que más convenían a sus intereses particulares. A eso se le llama perder el mundo de vista. Laporta y el Elefant Blau disfrutaron de un plazo muchísimo más amplio y generoso del que Laporta concedió luego a Oriol Giralt para recoger las firmas, con partidos en el Camp Nou incluidos. Giralt, aunque no llegó al 66%, ganó. Laporta y Munné perdieron por goleada frente a Núñez y quisieron engañar al personal haciéndose pasar por ganadores.

-“El Elefant no se presentó a las elecciones porque no se sabía que el Barça pretende comprar la mayoría de acciones de un banco o que se pretende que el club cotice en Bolsa a través de otra empresa”. Diez años después sigue sin saberse nada acerca de eso tan gravísimo que motivó una moción de censura pocos meses después de celebrarse unas elecciones democráticas con un resultado abrumadoramente convincente a favor de Núñez. ¿Es así cómo se entendía la democracia en el entorno de Laporta? Es fácil entender que fracasara una moción tan poco seria basada en supuestos malintencionados y jamás probados. Porque si todo eso fuera cierto, seguro que hubiera resultado muy sencillo descubrirlo debajo de las alfombras. Pero el amigo Laporta no encontró un solo papel que concediera una mínima dosis de veracidad a la película de ciencia ficción que se montó con Pep Munné y sus amigos del Elefant Blau.



-“Núñez convoca las elecciones y en su programa no se dice nada de esto. Posiblemente, si lo llega a explicar, ahora no sería presidente”. Difícilmente Laporta habría llegado a la presidencia si llega a explicar que lo de Beckham era mentira, si hubiese avisado de que iba a subir los abonos un 40%, si hubiese admitido que ese maravilloso equipo directivo tan unido iba a saltar por los aires en cuanto alguien se saliera de “su” unanimidad, si hubiera informado de que iba a colocar como directivo plenipotenciario a un patrono de la Fundación Francisco Franco que daba la casualidad de que era su cuñado o si hubiera confesado que tenía decidido vender patrimonio.

-“Los comicios fueron de república bananera, convocados de tal manera que no dio tiempo a organizar una alternativa. Sólo por cómo se convocaron las elecciones ya hay motivo para presentar una moción”. Suerte tuvo Laporta de que sus opositores no le presentaran una moción de censura, como sugería Munné, por la convocatoria de las elecciones de 2006 “sin tiempo a organizar una alternativa”. ¿La elección de la fecha, agosto, debe ser considerada de república bananera o ahora ya no? Ahora los bananeros son los que no tuvieron opción de presentarse y no quien eligió agosto como fecha ideal para programar unas elecciones. Para esta gente cualquier motivo era válido para montar una moción de censura. De mantenerse los mismos criterios de exigencia, Laporta se habría visto expuesto durante su mandato a una docena de mociones de censura.

-“Nuestro proyecto es hacer unos estatutos más democráticos que impidan que surja un nuevo Núñez. Nada más. Lo único que queremos es que los estatutos que ya estamos redactando sirvan para democratizar el club. La junta podrá trabajar, pero controlada. Queremos que el Barça sea como un Parlamento”. Para estarse ya redactando en 1998, tardaron mucho en entrar en vigor. Algo así como once años. Nunca más se supo del control al que debía someterse el trabajo de la junta y mucho menos del Parlamento prometido. Decisiones de alto calado para la vida del club en la época del “manitú” Laporta eran adoptadas por 300 socios sobre un total de 170.000, aunque, eso sí, todas las medidas económicas tuvieron el visto bueno del “amigo” Sala i Martín, el controlador de pandereta, el que viajó a la final de París con 16 entradas y era invitado a las giras de Asia y América con su hija. ¿Era ese el concepto de democracia y de control que defendía el Elefant Blau o cuando estuvieron los suyos en el poder Munné sufrió un ataque de amnesia? ¿Por qué no denunció entonces los excesos bananeros de Laporta? ¿Por vergüenza quizá?

-“No hay candidato detrás del Elefant, esta es nuestra fuerza”. Simplemente mentira. Quizá se expresó mal y lo que quería decir es que el candidato en realidad no estaba detrás del Elefant sino al frente de él.

-“Que expliquen cómo está la contabilidad, ya que no hay un duro en la tesorería, o qué pasa con la gestión, que está siendo nefasta. Queremos saber qué pasó con la negociación de Ronaldo…Núñez se ha cargado a todos los grandes jugadores del club”. Ahora seguimos esperando el resultado de los levantamientos de alfombras prometidos y una explicación sobre lo que pasó en las negociaciones con el sponsor chino, con la casa de apuestas, con el fichaje de Beckham o la renovación de Davids, con los contratos de larga duración que sólo tienen un año de validez o con la política de deterioro de las secciones y el fútbol base. A grandes jugadores como Ronaldinho, Deco, Eto´o, Jasikevicius o Bodiroga se los cargó Laporta de mala manera o dejó que se echaran a perder ejerciendo la autocomplacencia. Doce años después, y tras siete temporadas de gestión laportista, Sandro Rosell se encontró la caja fuerte repleta de telarañas y sin más solución que pedir un crédito para pagar las nóminas de junio después de que el paso de la gestión de Laporta dejó el club hecho un solar.

-“No se pueden pagar 2.000 millones por Anderson o 4.000 por Rivaldo, cuando con 2.500 se podía haber fichado. Siempre pagamos de más”. A día de hoy seguimos preguntándonos por qué se pagó de más por los fichajes de Maxi López o Gudjhonsen o Zambrotta o Cáceres o Keirrison o Henrique o Hleb…o Iker Romero, sin entrar en la sangría económica de un sinfín de fichajes inútiles y absurdos en la millonaria sección de baloncesto. Los 2.000 millones de Anderson se convertían en 3.000 con Keirrison, que no sirvió ni como sparring de los entrenamientos. Y los 4.000 de Rivaldo, un número uno mundial, se convirtieron en casi 8.000, más Eto´o, en el caso de Ibrahimovic. Y Munné, calladito. Seguramente por vergüenza también.

- “Núñez ganó las elecciones de forma aplastante, pero hubo un 70% de abstención y un 8% de votos en blanco. Eso no legitima a la junta para hacer con el club lo que le venga en gana”. 27.000 votos sobre 150.000 tampoco daban derecho a convertir el club en un cortijo privado en el que no era necesario ofrecer explicaciones sobre la gestión realizada. Y menos después de saber, tras la moción de censura, que un  60% de la masa social no estaba conforme con el estilo de gobierno imperante. El socio expresó muy claramente que no comulgaba con un presidente que hacía lo que le daba la gana. Pero Laporta seguía aferrado al cargo dando la sensación de aferrarse a un gran negocio que no quería perder.

-“Un gobierno que se apoya en una cuarta parte del censo electoral es un gobierno débil, por mucha mayoría que tenga sobre los demás”. Cierto, y aplicable al presidente Laporta. Se apoyó en una cuarta parte del total de la masa social, que se convirtió en un 40% tras la moción de censura. ¿Daban derecho estas cifras a gobernar el club de espaldas a sus dueños simplemente porque así lo decidieron un puñado de socios?

-“¿Se imagina a cualquier jugador del primer equipo apoyando la moción de censura?”. Me puedo imaginar a un técnico rajando contra un vicepresidente dimitido o a jugadores apoyando otras cuestiones que le iban bien al presidente a cambio de una generosa renovación, por ejemplo reclamando la continuidad de un directivo franquista. Y también me puedo imaginar a futbolistas tomando partido por un precandidato en unas elecciones, curiosamente el precandidato que les fichó y mejoró el contrato. No hay que imaginárselo porque eso ocurrió con Laporta.

-“Si tan seguros están de nuestro error (la moción), que no se inventen trabas legales donde no las hay en un nuevo ejercicio de despotismo y dejen que los socios hagan uso de sus derechos según está claramente previsto en los estatutos”. Efectivamente, hubiera sido más coherente dejar a los socios hacer uso de sus derechos según lo previsto en los estatutos sin necesidad de obligar a un juez a intervenir para fijar la fecha de unas elecciones democráticas. La invención de trabas legales donde no las hay y el uso del despotismo estuvo con Laporta más en uso que nunca.

- “Si ellos ignoran la moción será una falta disciplinaria grave”. No fue una falta disciplinaria grave porque Núñez no ignoró la moción. Lo que luego pareció que no era una falta grave fue intentar alargar un mandato un año más de la cuenta por la gracia de Dios y contraviniendo el redactado de la constitución del club firmada por Josep Lluís Vilaseca, un prohombre del barcelonismo de entonces y de antes que contaba  con el visto bueno del entorno laportista. Faltas disciplinarias graves cometió muchas Laporta durante su mandato, pero como si nada, porque la comisión de disciplina estaba formada por palmeros de su insigne figura.

-“Quien ha desestabilizado muchas veces al vestuario ha sido la directiva con la contratación de Van Gaal o las polémicas con Cruyff”. Munné nos descubría que contratar a un entrenador que gana dos ligas y una copa en dos años suponía una desestabilización del vestuario. En lo de las polémicas con Cruyff hay que darle la razón al señor Munné. Nadie ha desestabilizado tanto el vestuario del Barça como Cruyff con sus polémicas. Que se lo pregunten a Ronaldinho, Víctor Valdés, Puyol o Deco.

-Sobre las reuniones del presidente con las peñas: “Nos gustaría que diera las mismas explicaciones a los socios en general”. Las explicaciones con Laporta venían dadas por hechos consumados, como el caso del sponsor o las firmas de los contratos de TV o de equipación deportiva que iban más allá de un mandato o el pelotazo del Miniestadi. En cuestión de explicaciones, la junta de Laporta, la que ya ni se dignaba a informar sobre sus reuniones, no fue precisamente un modelo a seguir. A no ser que el modelo se basara en el oscurantismo. Y las peñas hubieran preferido otro mensaje diferente al casposo de “al loro, que no estamos tan mal” o el de “que no me gusta que les embauquen”.

-"No es verdad que sea socio hace 15 días. Hace dos meses que lo soy. Núñez es un manipulador". 45 días de error constituyen una manipulación venial comparada con la farsa de quien pretendía intoxicar dando lecciones de barcelonismo sin poseer el imprescindible certificado de fe blaugrana, el que dan los años de militancia activa…y de pago. La prueba del algodón blaugrana no engaña.

-"Lo único que le importa a Núñez es sacar el máximo provecho del dominio que tiene sobre la minoría que le apoya". La historia se repitió corregida y aumentada con Laporta, cuyo dominio se sustentó sobre una minoría mucho más minoritaria, como pudo apreciarse en la moción de censura y luego en las elecciones de 2010 en las que la candidatura bendecida por Laporta quedó la última.

-"La unidad que tanto reclama Núñez pasa porque ellos se vayan y los hemos de echar fuera. Queremos un presidente apoyado por la mayoría de los socios, no por una cuarta parte, como ahora. No creemos en las dinastías. O se van o el Barça se convertirá en un solar". Se hace difícil entender que la unidad sólo pueda llegar marchándose el presidente. Afortunadamente, frases como “los hemos de echar fuera” son sólo el recuerdo de un periodo triste y oscuro en el que no se respetaban las formas ni la legalidad. Con Laporta no había que creer en las dinastías del presidente, su cuñado, su prima, sus amigos del cole y sus compinches del lobby convergente. Lamentablemente, tampoco con Laporta el Barça tuvo un presidente apoyado por la mayoría y no por una cuarta parte.

-"Impugnaremos la asamblea porque fue impresentable". Bonita manera de respetar el organismo soberano del club. Con Laporta, por supuesto, las asambleas fueron presentables y no merecieron impugnación alguna. Ni siquiera cuando decisiones trascendentales que afectaban a 170.000 socios las decidían 280 o cuando el presidente mentía a los asambleístas sobre su cuñado o cuando ponía a votación su continuidad realizando el recuento a mano alzada…

-"Si conseguimos que participe un 60% en el referéndum, veremos lo que pasa”. Pasó que Laporta volvió a perder una vez más, como siempre, en un cuerpo a cuerpo con Núñez. Fue el sino de Laporta y los suyos en las urnas: perder siempre ante Núñez.

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Elefant Blau, expertos en crispación (IV)

Habla Albert Perrín

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