2012-04-20 20:04 FC Barcelona Por: Administrador

Elefant Blau, expertos en crispación. Johan Cruyff (II)



HABLA JOHAN CRUYFF

- “La directiva está vendiendo el club. Y cuando digo la directiva, hablo de que sólo manda uno y todos sabemos quién es”. Todo un retrato de lo que sucedió en el Barça de Laporta. Mandaba el presidente y al que no estaba dispuesto a aplaudir se le abría la puerta para que marchara.

-“Lo único que quiere la directiva es manejar el club a su antojo. Aquí no hay una oposición que ejerza un mecanismo para tener un control social”. Con el amigo de Cruyff en la presidencia ni hubo oposición ni hubo control. Laporta manejó el club a su antojo y al que se le ocurriera ejercer cualquier modesto control de su gestión se le tildaba de casposo, nostálgico del pasado o resentido. Es más, a los controladores –Sala i Martín y Magda Oranich- se les obsequiaba con un puesto en la directiva como premio a los servicios prestados en el ejercicio de su “control”. Y Cruyff, naturalmente, callado.



-“Núñez nos presenta una asamblea de compromisarios con números fabulosos y aprovecha el desconocimiento de la poca gente que acude”. La vida siguió igual o peor con Laporta, que prometió cambiar los mecanismos de la asamblea, pero los mantuvo intactos porque ya le iban bien tal y como estaban. Cuanto menor fuera la audiencia y mayor su desconocimiento, mejor.

-“Con los ingresos de televisión y un campo espectacular no necesitamos más”. Es tan listo Johan Cruyff que hasta se permitía dar lecciones de economía. Pero sí necesitaban más. Había que aumentar un 40% las cuotas de los abonados. Por lo visto no era suficiente con los ingresos de televisión.

-“Todos los socios que no tengan miedo y no teman a la directiva deben apoyar al Elefant Blau. La gente que tiene miedo no quiere ver la realidad. Hay que apoyarles porque queremos saber cómo está el club”. También con Laporta la gente que no tenía miedo quería saber cómo estaba el club, pero era imposible. Entre secretismos y cláusulas de confidencialidad no había manera de sacar el agua clara. Además, al que quería saber cómo estaba el club se le retiraba su condición de socio por quisquilloso. La verdad de su gestión no se conoció con exactitud hasta que, una vez fuera del club, perdió los resortes del poder que le permitían tapar la realidad.



-“Estoy de acuerdo con la moción de censura. Yo les doy mi apoyo moral e ideológico. Todo el mundo que sienta algo por el club debe apoyarles”. Con Laporta, el que no estaba de acuerdo con la gestión del presidente no era un buen barcelonista y, seguramente, no debía sentir nada por el club.

-“En vez de escuchar a los socios, el presidente les da dos castañas”. Laporta no daba dos castañas, hacía lo que le daba la gana, incluso mentir reiteradamente a los compromisarios en el órgano soberano de la asamblea sin el más mínimo rubor o reñir a un auditorio al que considera mentalmente débil porque lo embaucaban, y eso no le gustaba.

-“Tratan de imponer de un plumazo leyes que no existen y tratan de saltarse los estatutos”. Con Laporta el juez tuvo que intervenir para poner orden y velar por el cumplimiento de los estatutos cuando la directiva se negaba a aceptarlos, como por ejemplo en la fecha de las elecciones de 2006. Nadie como Laporta se atrevió a sortear la ley y burlar los estatutos como presidente del FC Barcelona.

-“Doy mi apoyo al Elefant porque en el grupo no hay nadie con el interés de ser presidente”. ¿Eso era una mentira o una verdad a medias, como le gustaba decir al presidente Laporta cuando le pillaban en un renuncio? En cualquier caso, el tiempo ha dejado una vez más a Cruyff en evidencia. ¿Quizá Laporta no estaba en el grupo? Igual les da por reescribir su historia y borrar de su biografía la etapa del Elefant Blau. Con no reconocerse, el amigo Jan siempre tuvo  suficiente para borrarse de cualquier situación.

-“Núñez les ve como enemigos, no como socios”. Con Laporta al que no aplaudía se le podía excomulgar y expulsar del barcelonismo por dejarse embaucar por la caverna mediática españolista que le tenía ganas. Él no veía a los socios como enemigos, sino como paganos de sus citas pantagruélicas en el Drolma o de sus fiestas nocturnas en Luz de Gas.

-“En la directiva nadie lleva la contraria a Núñez. Él canta y los demás ponen la música”. En la directiva de Laporta hasta había quien se sentía como un número, pero las decisiones se tomaban por unanimidad, por supuesto. Después de reunirse consigo mismo, lo que dijera el presidente iba a misa. Y los que se negaban a poner la música eran invitados a marcharse del Club de Fans de Laporta. O se les ponía a un detective para que les encontrara trapos sucios en su vida. En muchos casos ni así dimitían.

-“Núñez sigue pensando que vive en otra época y actúa como se hacía en este país en el pasado”. En la junta de Laporta cabían hasta los admiradores del Caudillo y se vetaba la posibilidad de retirarle al Generalísimo las medallas concedidas por el club en 1974 por imperativo legal. Aunque, eso sí, se actuaba en clave progresista y de futuro. Eso siempre.

-“Los del Elefant sólo quieren saber si lo que se les cuenta es verdad”. Los que deseaban con Laporta conocer la verdad recibían la callada por respuesta.

-“No me puedo creer los números que dan en el club”. El que no se cree los números actuales es porque no entiende de Economía.

-“Donde antes había uno de casa ahora hay un extranjero”. Buena parte de los de casa que juegan ahora los recibió Laporta metidos en la “pesada” mochila heredada. Y extranjeros como Zambrotta, Thuram, Hleb, Cáceres, Keirrison o Henrique, mejor que no vengan.

-“Ronaldo no se fue al Inter por dinero, sino por cómo se hacen las cosas”. Sus representantes, los que pretendían cobrar una comisión por permitir a Ronaldo seguir en el Barça, acabaron en la cárcel. ¿Quién hacía las cosas mal? ¿Había que ceder al chantaje, darle todo el dinero y asumir las comisiones que exigían sus agentes, como sucedió en su época, cuando Montal sucumbió a todas sus presiones, confesables e inconfesables? La trayectoria posterior de Ronaldo y su facilidad para traicionar a sus clubs deja de cualquier forma las cosas muy claras.

-Sobre la salida de Alexanco del club: “No es mi estilo y yo no le dejaría salir de esta manera. A una persona que le ha dado 15 años de su vida al Barça tienes que aprovecharla en tu casa”. ¿Y Migueli? ¿Y Rexach? ¿Y Rifé? ¿Y Rojo? ¿Y Zubizarreta? ¿Y Laudrup? ¿Y Amor? ¿Y Carrasco? ¿Los aprovechó aprovechó Laporta? El hecho de no congeniar con Cruyff justificaba el desinterés del club por ellos.

-"El presidente parece que tenga cosas que tapar. Hay mucho por mostrar". Las cláusulas de confidencialidad tuvieron poco que ver con lo mucho que tenía que mostrar la directiva de Laporta, que tampoco hizo ningún movimiento para levantar aquellas alfombras que, según El Maestro, tapaban tantas cosas. Cuando, ya en época de Rosell, se destaparon las cuentas de Laporta, el pufo auditado confirmó que, efectivamente, Laporta tenía mucho que tapar, esconder y callar. Entre otras cosas los negocios que hizo con el dinero de los socios y en nombre del Barça con la Fundación de Johan Cruyff.

-"Cuando yo llegué en el 88 no había ni un duro y el campo estaba vacío. Tengo miedo de que ahora pase lo mismo". Cuando llegó Cruyff no había ni un duro porque ese año Núñez realizó 14 fichajes aconsejados en su mayoría por Javier Clemente para crear un gran Barça, el origen del Dream Team, y el campo estaba igual de vacío y de lleno que en ese momento. Con más de 170.000 socios Laporta no fue capaz de alcanzar el promedio del 75% del aforo del Camp Nou en plena época del triplete.

-"Me gusta la gente que quiere abrir el club. La gente que se preocupa y tiene ganas de cambiar la situación tiene toda la razón". La gente que se preocupaba y tenía ganas de cambiar la situación con Laporta estaba equivocada y sólo tenía ganas de incordiar. No sólo no tenían razón. Eran personas muy malas.

-"El socio tiene derecho a saber lo que pasa dentro". Con Laporta seguíamos igual, ahora eran las cláusulas de confidencialidad las que impedían la transparencia. Con Laporta el socio ya no tenía derecho a saber nada, aunque en el club fuera una práctica “reglamentaria” el uso de detectives para espiar a su propio personal.

-"Los ocho años que estuve allí fueron una batalla continua, porque no estaba ni estoy de acuerdo con la forma como se llevan las cosas. Ya mostré mi disconformidad. En el Barça ha habido grandes futbolistas y entrenadores, pero los títulos sólo llegaron cuando estaba yo". Ocho años son muchos años para aguantar viviendo del momio estando en desacuerdo con el presidente. Por otra parte, el Barça, para lo bueno y para lo malo, ya existía cuando Cruyff llegó al club. Y los títulos llegaron antes y después de él. De hecho, puede hacerse otra lectura para su trayectoria: no existe en la historia del club un entrenador que haya perdido tantos títulos como él: cuatro Ligas, seis competiciones europeas y siete copas del rey. De lo que no hablaba es de que aquel equipazo necesitara de la ayuda de maletines para ser campeón de carambola en la última jornada. Y eso que no había un duro. Afortunadamente el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio y la soberbia de Cruyff ha podido comprobar que los títulos también podían llegar sin Laporta y… sin él.

-"Nadie controla el dinero del Barça. Un pequeño fallo y el club se puede ir a la miseria". Nada cambió con Laporta. Quien debía controlar la gestión económica era un amigo de Laporta nombrado a dedo que fue a París con 16 entradas y que acostumbraba a viajar con su hija junto al equipo en las giras de pretemporada por Asia y América. Javier Sala i Martín apenas tenía credibilidad para validar los movimientos de dinero que se producían en el club. Así se controlaba entonces  el gasto. Y si se producía un pequeño fallo, Dios proveerá. La situación económica con la que se encontró Rosell fue dramática. Los “fallos” no fueron precisamente pequeños y en la caja no había dinero ni para pagar las nóminas. Laporta dejó el club en la miseria y los socios decidieron en asamblea interponer contra él una acción de responsabilidad civil para que cubriera con su patrimonio el derroche descontrolado que se produjo durante su mandato.

-"Debe haber gente que controle lo que hace la directiva. Debe haber una comisión que controle la junta de Núñez o de otro presidente". La de Núñez sí. La de otro presidente, sobre todo si se llama Laporta, mejor que no la controle nadie. Con Laporta ya podíamos echar mano de la cuestión de fe y creernos todo lo que nos dijeran porque quienes tenían que controlar no estaban por la labor. A cambio de viajes, entradas y comidas de alto standing parecían dispuestos a firmar lo que hiciera falta. La imagen que ofrecían era más la de un club de fans que la de un  órgano controlador y fiscalizador del gasto de la directiva.

-"Las cosas están muy confusas. Hasta que no se abra la caja no sabremos cómo está la economía del club". Laporta se fue del club y seguíamos igual siete años después. Sin embargo, no debían estar tan confusas las cosas cuando la junta de Laporta, pese a sus mensajes catastrofistas, no encontró bajo las alfombras nada confuso digno de ser denunciado, tal y como sospechaba el gran Johan.

-"Núñez siempre insinúa cosas. No miente, pero dice verdades a medias". Con Laporta a las mentiras se les llamaba “no decir la verdad”; a la venta de patrimonio, “transformación de patrimonio”; a perder los nervios y quedarse en calzoncillos en un aeropuerto, “solucionar una situación de bloqueo”... Todo muy power point de acuerdo con los tiempos que corrían. Y cuando el presidente metía la pata hasta el fondo, bastaba con decir que “no me reconozco” y asunto concluido. También se podía recurrir al viejo truco de que “éste es un tema cerrado” o “este tema sale porque me tienen ganas” y ya no era necesario dar explicaciones. Le decía a los asambleístas sobre su cuñado: “Ni ha sido ni es ni será de la Fundación Francisco Franco”. Mentiroso compulsivo. De eso Cruyff ni se enteró.

-"Núñez no puede pensar que los demás son tontos y él el único listo". La gestión de Laporta hubiera mejorado considerablemente de haber hecho caso de estas palabras de El Maestro Johan. Pero lo que privaba era el “estás conmigo o estás contra mí”. Y “el que está contra mí”, por supuesto, debía ser el tonto. Porque aquí no había más listo que el ex presidente y su lobby de espabilados supporters. Y como daba por sentado que los demás eran tontos, trató de engañarles con su cuñado, con el esponsor chino, con sus viajes humanitarios, con el Barça de Miami, con sus contactos en Uzbekistán… Demasiadas mentiras para quien exigió sinceridad absoluta a los demás.

-"El control de la prensa no existe porque Núñez puede decir cualquier cosa y nadie le contesta". Nunca como con Laporta la prensa en general estuvo tan anestesiada. El grifo de las promociones era demasiado importante como para predisponerse contra quien las concedía por su gracia divina. Tampoco quedaban por ahí Laportas sueltos capaces de recorrer platós, emisoras y redacciones cuestionándolo todo. Los medios sabían que sólo podían acceder al presidente si antes habían podido demostrar una trayectoria de sumisión ejemplar hacia él.

-“Si no tiene nada que esconder, ¿por qué no acepta el debate?¿Qué tiene que esconder?". Con Laporta el único debate que se producía era el de la entrevista en medios amigos y en forma de masaje. ¿Habría algo que esconder? El tiempo ha demostrado que sí.

-"Núñez lo hace todo a su manera, no quiere dar explicaciones, es increíble". A Núñez no se le ocurrió nunca esconder su gestión detrás de fórmulas tercermundistas como la de la “cláusula de confidencialidad”. Hasta los jefes de estado dan explicaciones sobre los viajes que realizan a costa del erario público. Los constantes viajes de Laporta, privados o institucionales, estuvieron rodeados del más absoluto secretismo. Pero eso para Cruyff debía ser muy “creíble”, sobre todo cuando le afectaba a él y a la oficina de Turismo de Israel. Las explicaciones había que pedírselas a los demás, nunca a su amigo Laporta. Cuanto menos se supiera de las donaciones del club a su Fundación privada, mejor.

-"Tiene la mentalidad de un señor alemán muy famoso que todos conocemos y se cree que repitiendo las mentiras muchas veces éstas se acaban creyendo". No me imagino a ningún opositor de la época dispuesto comparar a Laporta con Hitler. Y eso que también existían argumentos en base a la repetición de mentiras de manera continuada. Pero una cosa era discrepar y otra ser maleducado. Y para comparar al presidente del FC Barcelona, sea quien sea, con Hitler, hay que ser muy maleducado.

-"Núñez está poniendo en peligro el Barça". Los contratos que Núñez suscribió con Nike y las televisiones y la compra de los terrenos de Can Rigalt permitieron a la directiva de Laporta reflotar la situación económica y refinanciar la deuda que dejó Gaspart. Los “peligros” de Núñez fueron luego agua bendita y salvadora para Laporta. Pero Johan Cruyff lo vendía de a manera que más le interesaba, generando confusión entre el personal.

-"Hay que abrir el club para saber qué hay dentro y cómo están las cosas". Cuando en la época de Laporta alguien quiso saber el resultado de la Due Dilligence, incluso con el visto bueno del juez, se le dio con la puerta en las narices. Así se levantan las alfombras. Los socios que, como Cruyff, querían abrir el club y saber lo que había dentro, eran para Laporta un molesto incordio al que no había que hacer caso. Con Laporta sólo fue posible saber cómo estaban las cosas en el club cuando se fue.

-"Estuve 8 años en el club y nunca hubo una pañolada. La primera fue porque me echaron y después han habido más". Mientras él estuvo dentro no existían otro Cruyff ni un Elefant Blau dispuestos a agitar el ambiente para predisponer al barcelonismo contra el presidente, que, casualmente, se jugó su prestigio salvándole la cabeza en una asamblea caliente en la que los compromisarios le pidieron mayoritariamente su cese como entrenador. Por cierto, su amigo/socio/aconsejado presidente también supo lo que es una pañolada. Y no una ni dos. Se las ganó a pulso.

-"Hay que echar a la gente con calidad y respeto". ¿Calidad y respeto es lo que recibieron Zubizarreta, Stoichkov, Romario, Laudrup, Rifé, Migueli, Dani, Bonano, Jasikevicius, Bodiroga, Dueñas, Maxenchs, Alsina, Colomer o Amor?

-"Queremos que abra el club y que no esconda nada. Si no lo quiere hacer así, que se vaya. Todo lo que hacemos es para cambiar el club y si él no quiere cambiar, lo echaremos". Nadie del entorno de disconformes con Laporta se atrevió a hablar de manera tan chabacana del presidente de todos los barcelonistas. Eso de “lo echaremos” porque no quiere hacer los cambios que “nosotros”, una minoría, queremos imponer no suena precisamente a tolerante, sobre todo si tenemos en cuenta que ese al que quería echar estaba ahí por decisión democrática de una abrumadora mayoría de los socios del club, sus verdaderos propietarios, que están muy por encima de los deseos de poder y los  caprichos de cualquier grupito de presión organizado como era el suyo. Esos tics de intolerancia sí que recordaban a “un señor alemán muy famoso”.

-"Queremos un presidente que sepa reconocer los fallos y actúe con humildad". El “usted no sabe con quién está hablando” del aeropuerto o el “que n´aprenguin” no fueron  precisamente un ejemplo de humildad. ¿Habíamos avanzado o retrocedido en el terreno de la humildad?

-"Aquí no hay ningún antibarcelonista, sólo un grupo de socios preocupados". Desgraciadamente, la débil tolerancia del Barça de Laporta convirtió en antibarcelonistas a los preocupados de la época, que llegaron a ser mayoría en las urnas.

"Anderson no costó 3.000 millones, sino 4.375 (…) El Barça tiene un déficit de 4.000 millones de pesetas". ¿Qué sabría de números un ex futbolista y ex entrenador de fútbol sin preparación sobre estas cosas? Es impensable encontrar a alguien en los tiempos de Laporta que se atreviera a cuestionar las cifras oficiales que daba el club con tanta ligereza y desconocimiento y se dedicara a esparcir la sombra de la duda sobre la honestidad de la junta. Y motivos para dudar sobraban. De hecho, la sombra de la duda quedó completamente justificada en cuanto los que vinieron atrás levantaron la porquería escondida en las alfombras. Jamás escuchamos a Cruyff esparcir la duda sobre el precio final de Ibrahimovic o los desembolsos desorbitados por Henrique o Keirrison. Entonces no tocaba ser malpensado, especialmente si el presidente le abría a su fundación las puertas del club.

-"Falta transparencia. Emplazo a Núñez a discutir muchos aspectos que no están nada claros". A Laporta ya le podían emplazar, que no le encontrarían nunca dispuesto a dar explicaciones, salvo en época de triunfos. Entonces podía hablar por los codos. Ni siquiera estuvo predispuesto a convocar elecciones cuando tocaba. Y cuando tenía que dar explicaciones sobre el balance de una temporada, lejos de explicarse ante los medios de comunicación prefería refugiarse en su tele amiga.

-"Núñez está preparando la sucesión dinástica". Otra falsedad fácil de probar. Y en Cruyff se han dado muchas a lo largo de la historia. Una mentira detrás de otra. Sin embargo, no faltaron cuñados, primas, novias y amiguetes en el equipo de gobierno del Barça de Laporta. Tampoco faltaron en su equipo controvertidos miembros de la dinastía Cruyff estratégicamente distribuidos.

-"Hay que establecer otro tipo de mecanismo para designar a los compromisarios para que todos los socios estén representados". Las cosas seguían igual siete  años después y el gran Johan ya no decía nada al respecto. No le interesaba sacar el tema. ¿Por qué no insistió con el asunto  desde sus tribunas periodísticas? El tema quedó como lo dejó Núñez y ya con siete años de mandato de su amigo Laporta. ¿A qué esperamos? ¿Ya no tocaba incordiar al poder? ¿Ahora valía todo porque estaban los míos?

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Elefant Blau, expertos en crispación (III)

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