2013-03-28 21:03 FC Barcelona Por: Administrador

Organizan una manifestación contra Casillas y Ramos



Si la delegación del gobierno lo permite, cuatro, cuarenta o cuatrocientos abducidos por la fe de Mourinho se manifestarán por las calles de Madrid rindiendo culto a un tipo que lleva meses mendigando un destino por Europa, un tipo que reniega del Real Madrid y cuyo compromiso no alcanza más que tres meses aún teniendo contrato en vigor hasta 2016.

Lo más casposo y friki del madridismo venerará a Jose Mourinho y a la vez renegará de Iker Casillas y Sergio Ramos, los campeones del mundo y de Europa, con un palmarés más lucido que el del "Special One", cuyo único pecado ha sido no reirle las gracias a un sujeto malcarado y no aceptarle métodos de trabajo cuando éstos atentan contra la inteligencia humana, el fair play y la nobleza del fútbol. Mourinho no quiere seguir con ellos y ellos no quieren seguir con Mourinho. Y lo más florido del madridismo casposo ha tomado partido por el entrenador de nacionalidad portuguesa, tanto, que entre Del Bosque, un madridista de toda la vida, y este tipo se quedan con el más maleducado y el que peor palmarés tiene, con el Real Madrid y fuera del Real Madrid.



Mourinho ha conseguido dividir al madridismo, ha logrado que un amplio sector del madridismo eche pestes de Casillas y Ramos ante el alborozo del barcelonismo, que asiste atónito a la descomposición del Real Madrid. Mourinho dejó hecho un solar el Chelsea y también el Inter y va camino de convertir el Bernabéu en un terreno árido, para que no crezca la hierba cuando él no esté.  Si se queda, echará a Casillas y a Ramos para sustituirlos por algún portugués de la cuadra del socio y amigo Jorge Mendes. Si se va, ya se encargará de recordar al madridismo lo malo que es su sucesor y el error histórico de no haber echado a sus dos futbolistas más carismáticos. Mourinho ha roto al Madrid en mil pedazos. El daño es irreparable y tardará años en superarlo.

Cuando dijo aquello de "ayer, ahora y siempre con el Barça en el corazón", nadie podía imaginar que se estaba refiriendo a esto. Tampoco hacía falta tanto para demostrar un barcelonismo que se ha convertido en "barcelonitis". Una enfermedad, vamos.


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