2015-04-05 15:04 FC Barcelona Por: Administrador

Están matando la identidad del Barça



El FC Barcelona tiene una señas de identidad a nivel simbólico: una bandera, un escudo, un estadio, unos colores... Sí, unos colores. El blau y el grana. Son símbolos históricos que han perdurado con el paso de los años. Pero también son resortes de una marca, la marca Barça, que se extiende por todo el mundo con una fuerza que desborda todas las previsiones. Hay barcelonistas en Singapur, en Tanzania, en Ecuador, en Alaska y en Nueva Zelanda gracias a una imagen ganadora, de valores y espectáculo que se ha sabido transmitir en los últimos años gracias a lo que sucedía en el terreno de juego.

Y eso genera dinero. El barcelonismo se va reproduciendo en los cinco continentes captando nuevos seguidores que refuerzan el valor de la marca Barça. Pero Josep Maria Bartomeu y su junta están poniendo en peligro de forma inconsciente el pilar sobre el que se asienta la marca Barça: los colores del club. El mundo entero sabe que el Barça viste de azul y de grana. Y el mundo entero siente una identificación profunda con esos colores. El problema se produce cuando el Barça sale a jugar vestido de carmesí, como ante el Celta o el Villarreal, dos equipos que lucen colores claros en su equipación y que de ningún modo colisionan con el azul y el grana. Pero a Nike le interesa vender la camiseta carmesí, o la amarilla, y el club se ve ovbligado a renunciar a su seña de identidad más significativa.



Una cosa es que el equipo utilice una equipación suplente cuando puede producirse coincidencia de colores con el rival y otra muy diferente jugar alegremente con el rosa, el amarillo o el fosforito de turno sin más justificación que la de que hay que vender camisetas. No es un tema menor. Están jugando con una de las señas de identidad del club. El Barça tiene unos colores, como explica el himno, y nadie debe jugar con ellos sustituyéndolos alegremente por el capricho de algún ejecutivo que ha decidido desde su despacho en Atlanta (Estados Unidos) que hay que mejorar las ventas de una camiseta con unos colores que no son los del Barça.

A lo largo de la historia el Barça se ha enfrentado al Atlético de Madrid y el Athletic de Bilbao luciendo su camiseta. Eso ahora es imposible. Antes no había coincidencia de colores. Parece que ahora sí. El azul y el grana no colisionan con el amarillo del Villarreal, pero el Barça vistió allí de rojo carmesí en la Copa a pesar de haber jugado de blaugrana en la Liga. Lo mismo en Vigo. El Celta viste de blanco y de celeste.¿Dónde está el problema?

En los 15 desplazamientos en esta Liga, diez veces ha cambiado el Barça sus colores y sólo en cinco partidos ha salido a jugar de blaugrana ( Villarreal, Rayo Vallecano, Real Madrid, Real Sociedad y Elche). Siete veces ha vestido de carmesí: Levante, Málaga, Valencia, Getafe, Deportivo, Eibar y Celta. Y tres veces ha lucido el amarillo fosforito: Almería, Athletic y Granada. Es decir, que cada vez cuesta más ver al Barça en sus desplazamientos luciendo los colores con los que fue fundado por Joan Gamper.



Alguien podrá pensar que Nike está en su derecho de decidir el color de la camiseta del Barça porque paga mucho para disfrutar de ese privilegio. Nada más lejos de la realidad. Nike puede obligar al Barça a renunciar a sus señas de identidad más elementales a cambio de una limosna. Sí, limosna. El FC Barcelona percibde de Nike 30 millones anuales, exactamente una tercera parte de lo que Adidas pagará al Manchester United por dejar de ser "equipo Nike": 94 millones anuales por un contrato de diez años.

Lo que cobra el Barça sigue siendo menos que los 56 millones que percibe el Chelsea de Adidas o los 40 que percibe el Real Madrid de la misma firma. Es decir, que por un puñado de monedas Bartomeu acepta que le manejen la barca, le eclipsen la camiseta y pongan en peligro la implantación de la marca Barça en el mundo eliminando el factor diferencial de unos colores reconocibles en cualquier punto del planeta. De no encontrar una solución al tema, los niños japoneses ya no sabrán reconocer al Barça entre un equipo verde, amarillo, carmesi o rosa.

Llegará un momento en que ya no sabremos de qué color viste el Barça en realidad y el siguiente paso -aún no se han atrevido- es el de salir a jugar el clásico, con una audiencia de 500 millones de telespectadores, con una camiseta de cualquier color que no sea el blaugrana. Aquello de "el equipo azulgrana" empieza a pasar a mejor vida. Y todo por un puñado de monedas que no pagan el daño que están haciendo a la marca Barça. Y por lo que pagan, no vale la pena renunciar a la seña de identidad más importante del club. A ellos, los norteamericanos, les dará igual de qué color viste el Barça con tal de vender camisetas. A nosotros no nos da igual.

 


Deja tu Comentario